Febrero 2024
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Mi mamá me rima: madres y música

Por Carolina Santos y Silvia Arcidiacono

Rosario y Nina

Es sabido, y es infinito, lo que aportó Rosario Bléfari como artista a la cultura argentina. Música, escritora, actriz, su temprana partida de este mundo, a sus 54 años, el 6 de julio de 2020, dejó en el aire una sensación de tristeza inconmensurable. En vísperas del Día de la Madre, vale la pena volver a una imagen inolvidable: su presencia en el escenario del Festival Argentina en Vivo II, de 2001, cantando “Río Paraná”, en pleno embarazo de su hija Nina, con su enorme panza al aire.

Esta imagen tiene un gran carácter disruptivo. Como señalan los musicólogos españoles Eduardo y Laura Viñuela, “la codificación masculina del rock como oposición a lo femenino se hace evidente si consideramos el caso de la maternidad, que representa todas las características de lo doméstico: cuidados, amor carente de connotaciones sexuales, olvido del yo para dedicarse totalmente a los demás, etc., es decir, lo contrario al “sexo, drogas y rock and roll”.

Pero esa codificación masculina del rock que pone a la maternidad como antítesis, quedó suspendida, contradicha, refutada, aquella noche, mientras algo diferente sucedía gracias a Rosario Bléfari, su niña en la panza, y su “Río Paraná”.

Esa bebé en la panza de Rosario hoy es la cantante Nina Suárez, quien tiene dos singles publicados y va en camino de lanzar el primer disco de su banda, que no tiene nombre rimbombante ni artístico, simplemente “Nina Suárez”. Nada más ni nada menos. 

Lejos de encasillarse en algo, la joven que nació en 2001 ya haya hecho su paso por la actuación en cine y en teatro y también se dedica a la literatura y produce desde la autogestión como lo hizo Rosario. “Siempre vi a mi vieja trabajando mucho, haciendo todo (…) Espero haber absorbido algo de todo eso”, dice Nina en una entrevista radial. La música continúa.

Patricia y Marta

Cuando Patricia Sosa irrumpió en la escena del rock pesado a comienzos de los años 80 junto a su banda, La Torre, y ya podía vislumbrarse que su voz, su impronta, su talento, habían llegado para quedarse en la historia de la música popular argentina. La revista Pelo le realizó una extensa entrevista en donde, entre otras cosas, le preguntaba: “¿Y qué puede pasar si un día tenés hijos?”. Casi tres décadas después, la respuesta quedó a la vista.

Patricia Sosa se convirtió en el ícono femenino del rock pesado, luego continuó su camino solista con rumbo en la canción melódica.

¿Y qué pudo pasar cuando tuvo una hija? Pasó que le escribió la noche anterior a que empezara la escuela primaria en “Aprender a volar” , uno de los tantos éxitos de la cantautora. Y pasó también que su hija, Marta Mediavilla, pronto creció, y también eligió el camino de la música.

Luego de tres décadas de aquella pregunta que le hicieran a la cantante de La Torre, será la voz extraordinaria de su hija la que acompañe en los coros a su madre, en las presentaciones del 9 y 10 de junio de 2012 cuando La Torre volvió en ocasión del disco “Desde La Torre” que Patricia grabó en homenaje a su banda legendaria. Un show donde además brindó en versión rockera, aquella canción que le compuso a Marta.

Julia y sus niñas

Con la voz de Julia Zenko hubiera bastado para embellecer el universo, pero hay más: las de sus dos hijas, Laura Gonzales y Elis García.

Elis recuerda su infancia jugando en los pasillos y camarines de teatros en donde Julia hacía temporadas de obras musicales; nada la hacía más feliz que estar ahí, ver a su mamá cantar, desde el costado del escenario, y que la música la envuelva, la cobije.

Todavía hoy puede sentir el perfume que flotaba en el camarín de Julia, y con la dedicación que la cantante lo adornaba, en el teatro que fuera, porque lo convertía en un hogar. Hoy es Elis García quien también adorna su camarín del Teatro Astral, y luego sale a escena con su voz maravillosa como una de las protagonistas de la obra musical “Tita, llamarada pasional”, un homenaje a Tita Merello.

La música fue siempre la casa de Julia Zenko, y de sus hijas, y eso queda en evidencia cuando comparten escenario las tres juntas, tal fue el caso de cuando hicieron el espectáculo “Juntas somos más”.

Hilda y Mía

Mía Folino recuerda cómo su madre le cantaba cuando la bañaba. Basta oírla para saber que esas notas musicales que se deslizaban como el agua brotaban de la voz inconfundible de Hilda Lizarazu.

Lo que quizás no podría haber retenido su memoria, con apenas 9 meses de vida, por suerte lo registró una cámara: en ocasión del festejo por los 50 años de Charly García, la vemos a Mía entrar a un escenario, a upa de su mamá, porque todavía no podía pisarlo.

Volveremos a verlas juntas en escena, esta vez, ella también pisando fuerte, cantando las dos, como lo hicieron en el festival Patagonia Picnic en Bariloche o en la celebración de los 70 años de Charly García. “Me identifico con mi madre porque cualquier mujer que empieza con la música se identifica con las cantantes de su país”, dice Mia, ya dueña de una carrera propia.

Madre artista, madre artística: Victoria y Mavi Diaz, Daniela Herrero y Nicky Nicole

“Mi madre Victoria Cura, (Victoria Díaz, como era su nombre artístico) fue una cantante deslumbrante para mí, más allá el hecho de que fuera mi madre y de haberla escuchado cantar desde la cuna. Tenía una forma de cantar muy particular para la época de los primeros discos que grabó con mi papá, cuando se llamaba Hugo Díaz y sus Changos con la voz de Victoria Díaz”, explica Mavi en referencia a la agrupación que lideraba su padre, el gran armonicista santiagueño.

Y agrega: “rompió un poco los esquemas de lo que eran las cantantes tradicionales de folclore. Ella tenía un estilo muy crooner, muy refinado y, con los años, fue soltándose más el moño y fraseando de una manera muy particular; incluso, en los años setenta, cuando ella volvió a cantar después de un largo período de no hacerlo, todo el mundo la llamaba la Goyeneche del folclore, por su forma de frasear, también de acentuar y de interpretar. A través de los años, cuando fui sacando las distintas antologías de mi papá, revaloricé a la Victoria cantante de una manera muy, muy importante”.

Efectivamente, Mavi emprendió el armado de una antología cronológica sobre la obra de su padre que mantiene vivo su legado y obtuvo un premio Gardel en la categoría Mejor Colección de Catálogo 2013.

Cuenta Mavi que, cuando empezó a cantar folclore y estaba grabando su primer álbum “Baile del cielo” (2006) -un disco homenaje con canciones que su madre había grabado- le pasó una cosa muy curiosa: estaba en el estudio cantando y cuando salió de la cabina, vio que su tía Alcira estaba llorando. Alcira le explicó el motivo de esas lágrimas: “Te sale la voz de tu mamá”. “Y yo me doy cuenta -aún ahora, que ya tengo un estilo personal para interpretar el folclore- que, cuando canto las canciones de mi vieja, me sale su voz”, reflexiona.

En busca de trabajos discográficos para el armado de la ya mencionada antología, se topó con una joya: un disco inédito de su mamá de los años 70, que tenía su tío, el consagrado percusionista Domingo Cura. “Entre esas interpretaciones increíbles de mi vieja, estaba la canción ‘Mi Cholitay’. Nos gustó mucho con las Folkies, la empezamos a tocar en vivo y cuando llegó el momento de grabar el disco quise registrarla y hacer esta magia de cantar encima de su voz una armonía. Es curioso porque no hubo muchas tomas (creo que fueron una o dos) y volvió a suceder este milagro: que cuando canto con mi vieja, nuestras voces suenan muy, muy empáticas, muy parecidas . Me dio un gusto tremendo porque todas las inflexiones que ella iba haciendo yo las hacía armonizándolas pero, a la vez, eran correspondientes totalmente, se encontraban y ensamblaban muy bien nuestras voces. Fue un gusto que me quise dar, ya mi vieja no vivía, pero fue también una manera de homenajearla”.

Mavi, además de tener una madre artista, es a su vez madre de uno: Danilo Amerise Díaz, Dano, rapero, diseñador, realizador audiovisual, productor y arreglista vocal, con varios discos editados y trabajos audiovisuales como La Zandunguera de Nathy Peluso, La Esquina de Cazzu y Goteo de Duki; Dano, integrante del colectivo artístico multidisciplinario madrileño Ziontifik, es reconocido por sus aportes a la escena del hip hop tanto en Argentina como en España, funcionando como un nexo entre ambos.

Pero, también los hay “hijos artísticos” como ella denomina a quienes ha guiado y acompañado desde muy jóvenes en sus inicios, tanto en el entrenamiento de sus voces como en otros aspectos de sus carreras.

Ese fue el caso de Daniela Herrero que comenzó de su mano con quince años cuando vino de España y de quien fue un poco su mamá cuando se quedó aquí viviendo con su hermana, según suele afirmar la propia Daniela y confirmar con cariño y orgullo Mavi. Y, casualmente, fue en su voz que Mavi puso los versos de la canción que compuso para su hijo Dano “A tu lado”.

Y así otro tanto con Nicki Nicole, “que recién llegaba de Rosario, tenía sus tres primeras canciones, pero ya se vislumbraba que iba a tener un carrerón, estábamos por empezar a grabar su primer disco y también surgió con ella esta relación”. Recuerda que se generó un vínculo fuerte: “porque eran sus primeros pasos profesionales, yo la acompañé en sus primeros shows, hice sus primeras giras con ella y la cuidaba. La cuidaba en el estudio, la cuidaba en los conciertos, la cuidaba antes de los conciertos. Yo la llamo ‘mi niña’”. Y Nicki Nicole siempre la nombró como su segunda mamá.

Canciones para hijos, canciones como hijos

A principio de los años 80, María Rosa Yorio lanzaba su segundo disco solista “Mandando todo a Singapur” (1982), en donde se abría paso una canción para su pequeño hijo, Migue García.

Hoy, María Rosa reflexiona: “‘Hijo, nunca solo crecerás’ es una de las canciones más fuertes de mi repertorio. Poderosa, como un grito punk de madre a hijo, le canto con desesperación: ‘el momento es tan difícil’, le suplico que lo viva y ame su tiempo; le prometo que nunca estará solo completamente, le enseño, le explico que su mamá deberá ser todo…papi mami, tía, tío, ¡¡el hombre nuclear!! O sea, ¡¿yo le estaba prometiendo que iba a ser todo eso?! ¡Ja! ¡ES UNA CANCION! – me digo; traquilizate, sólo una canción…del siglo pasado. Ahora tenemos una marea verde que nos muestra que muchas cosas de los vínculos hay que revisarlas. De los vínculos y del poder, en definitiva (las madres también fuimos víctimas de los abusos de poder enmascarados de amor). Pero volvamos a la canción. Me gusta cómo la interpreto: como sacada, pero, en esa voz, la mía, hay fe también y, de pronto, me quedo ensoñada recordando la carita de mi hijo Migue, hermoso, inteligente piola… ¡ah! el amor, “si descubres el amor”, ¡hijo!

Bonus track

Antes de que terminaran los años 80, Marilina Ross dejaba también para la posteridad su canción maternal. Y allí, con el título “Mis hijos naturales”, la escuchábamos cantar: “Los hijos que de mi cuerpo faltaron, me han ido apareciendo por ahí, no siguen mi ADN; ni heredaron mi nariz, pero sé que tendrán algo de mí”.

Para luego expresar un sentimiento que, seguramente, muchas mujeres músicas comparten: “Dentro de mí hay canciones por parir / que de grandes volarán / y vivirán también su propia vida.

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