Mayo 2024
Previous slide
Next slide
Previous slide
Next slide

El historiador Nicolás Moretti explica el origen de la Manifestación de Fe que este año cumple 96 años

La Manifestación de Fe del Jueves Santo es uno de los hitos más relevantes de la Semana Santa en la ciudad de Córdoba.
Este año  la cita es la procesión partirá a las 21 horas desde la Parroquia de María Auxiliadora, ubicada en la intersección de avenida Colón y Rodríguez Peña.

El recorrido incluirá una parada en Colón y La Cañada, donde se elevará una plegaria a Nuestra Señora del Carmen. Luego, la marcha continuará por avenida Colón hasta General Paz, para finalmente llegar a la Iglesia Catedral por la calle 27 de abril.

En el atrio de la Catedral, el Arzobispo de Córdoba, Ángel Rossi, compartirá el mensaje de Semana Santa con la ciudad y sus alrededores. Durante este encuentro, estarán presentes autoridades gubernamentales, provinciales, municipales y representantes del Poder Legislativo. 

Esta es una iniciativa salesiana que nació en 1927 y desde esa fecha hasta la actualidad nunca se dejó de realizar, salvo en 2020 año de la curentena obligatoria impuesta por el Gobierno nacional.


El historiador Nicolás Moretti, es autor del libro Buenos Cristianos y Honrados Ciudadanos. La obra salesiana y la cuestión social, 1905-1930 (editado por el Centro de Estudios Históricos Profesor Carlos Segreti, 2014, 174 páginas) y allí explica el origen de esta procesión y el contexto histórico en el que nace y se desarrolla.
A continuación, extracto de la obra de Moretti sobre la Manifestación de Fe.

“En 1927 tendría lugar la primera Manifestación de Fe, una procesión realizada en conmemoración del Jueves Santo y destinada exclusivamente a los adultos varones, en su mayoría exalumnos y adeptos a la obra salesiana. El paseo por las calles de la ciudad de las columnas de hombres en procesión junto al “Santísimo” pretendía expresar al conjunto social la presencia activa de los sectores católicos. Estas marchas en honor a la Eucaristía alcanzó importantes dimensiones en 1930, ocasión en la que participaron “cuatro mil hombres en correcta formación”. Las  iglesias, dada la aglomeración de gente, no alcanzaron a dar cabida a “esos valientes que sin respeto humano alguno cantando y rezando por las calles van a visitarlo a Jesús en el sepulcro.”24 La gran “manifestación de hombres católicos” -como se la conoció en los años siguientes- contó con la adhesión de numerosas instituciones que trascendían el ámbito estrictamente salesiano, como el Círculo Católico de Obreros. Era preciso contar con la activa participación de la mayor cantidad de fieles, ya que como expresaba uno de los volantes repartidos: “En esta época de cobardías se destacan más que nunca los actos de valor en confesar las propias convicciones. Nadie que se precie de católico debe estar ausente en la visita a los sagrarios el Jueves Santo”. Así rememoraba aquel día un salesiano, en una correspondencia con su superior en Buenos Aires: “Las visitas se  hicieron desde la calle. La Catedral, sin bancos, estaba atestada. El Obispo y todos los canónigos […] estaban emocionados. Monseñor Lafitte, a quien fuimos a saludar con el Padre Inspector las Felices Pascuas, se mostró complacido y agradecido especialmente al saber que en trayecto de 20 cuadras no se dejó de rezar y de cantar un solo momento y recordaba la impresión que le produjo el oír cantar el Tantum Ergo, en la Catedral, por cuatro mil voces viriles”. También ese mismo año los ex-alumnos iniciaron las peregrinaciones a la Virgen de Lourdes en la ciudad de Alta Gracia. Estas prácticas religiosas de travesía hacia un determinado santuario conformaban verdaderos  escenarios religiosos donde se ponían en juego distintas rememoraciones, sentimientos y pertenencias identitarias, a la vez que traslucen aquellos mecanismos que desde la dirigencia se instrumentaban para atraer y contener a los fieles (Ceva, 2013: 52). En el caso de los salesianos, la existencia de una devoción particular de la Virgen dentro de la Congregación bajo la advocación de María Auxiliadora -cuya fiesta comenzó a tornarse pública en Córdoba hacia 1913, con la realización de la primera procesión por la calles de la ciudad- llama la atención sobre la decisión de la dirección del Centro de movilizar a los ex-alumnos hacia otro santuario no vinculado directamente a la orden salesiana. En todo caso, la visita a un reconocido lugar de peregrinación para fieles que pidiendo alguna gracia se dirigían a pié los 11 de febrero, es un reflejo de la necesidad por parte de los exalumnos de sumar visibilidad a su organización a través de una presencia y participación pública en eventos de mayor envergadura. En un contexto en donde la utilización de la calle se mostraba como un recurso cada vez más utilizado por el catolicismo, la movilización generaba nuevos modos de participación religiosa (Mauro, 2009).

Esta vocación de ganar el espacio público pudo verse en uno de los mayores espectáculos realizados por los salesianos hasta ese momento. En 1929, con motivo de la beatificación de Don Bosco los festejos congregaron a una multitud de 30 mil personas entre alumnos, ex-alumnos y adherentes

a la obra salesiana, que marcharon por las calles de la ciudad celebrando al fundador de la congregación. Estas salidas a la calle, lejos de favorecer una conducta endogámica de los simpatizantes a la obra, eran instancias que permitían la articulación con los sectores populares. Al decir del padre Lorenzo Massa, los actos de ese año no habían sido una simple procesión,

sino “una manifestación eminentemente popular, en la que los gobernantes, los jueces y los militares se hallaban confundidos con los obreros y con los hijos del pueblo para aclamar juntos al apóstol de la juventud” (Massa, 1930: 45). La realización de actos y celebraciones religiosas de grandes proporciones sería una constante en el catolicismo en la siguiente década, coronada por la

realización del Congreso Eucarístico Internacional del año ´34 en Buenos Aires, al cual los salesianos y sus ex-alumnos adherirían a través de unas jornadas conmemorativas reflejando el clima de época triunfalista experimentado por los sectores católicos”.

Comparte la noticia

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Telegram
Previous slide
Next slide
Previous slide
Next slide
Previous slide
Next slide
Previous slide
Next slide
Previous slide
Next slide