Junio 2024

El emblemático bar Bon q Bon cumple 49 años de historia

En el año 1974, se abrió las puertas al público por primera vez, el famoso barcito Bon q Bon, ese que La Mona Jiménez popularizara y que sirvió de bunker para tantos artistas y empresarios vinculados con el cuarteto.

En una hermosa charla, dialogamos con uno de sus propietarios, Carlos Seia, que esto nos decía: “Nosotros estamos acá desde el año 89, el 31 de diciembre del 89 abrimos, pero este bar es del año 74, y acá venían todos los cuartetos, todos los martes era imposible entrar, porque acá se contrataban a las orquestas, tal cual la canción de Aldo Kustin, está el teléfono de aquella época, un espejo en el baño que es intocable, por mas que está todo roto, nadie lo quiere sacar, y lo demás de a poco se fue cambiando.”

Entre la nostalgia que genera el recuerdo mismo, y la simpatía por alguna anécdota de las que no siempre se pueden contar, nos dijo que el bar se hizo un punto de encuentro recurrente debido a que estaba a 20 metros de la vieja Lv2, y cuando salían de la emisora, todos iban a parar al bar a tomar un café y a negociar contratos para tocar en la ciudad, o incluso en el interior, tal como reza la canción que escribiera Aldo Kustin.

“Después que salieron los celulares, empezó a mermar todo, ya no venían como antes y se comunicaban igual, pero antes, los martes, acá no podías estar, de las 11 hasta las 4 de la tarde era el teléfono, que esto lo otro, era terrible viste.”

Carlos nos cuenta que siempre le llamó la atención el lugar, su pegadizo nombre, y que siempre tomaba un licuado a la salida de su trabajo, y las vueltas de la vida, lo llevan hoy a ser el dueño del lugar, algo que lo llena de emoción.

Le preguntamos por la anécdota que mas recuerda con cariño y esto nos dijo: “Cuando murió Aldo, vino el hijo “pajarito”, y nos dejó las cenizas acá, en una planta y en un árbol, están las cenizas de Aldo” y subrayó “…era un muy buen tipo, igual que Rolán, extraordinarios eran.”

La relación de Aldo Kustin fue tan fuerte, que no sólo le escribió una canción, sino que fue prácticamente como su casa todos los días de su vida.

La nota continúa, y es cada vez más difícil poder aguantar las lágrimas, pero le alcanza para destacar al Pato Lugones, a Emeterio Farías, como personas que siempre fueron al bar, y al que les guarda mucho cariño, destacar que fueron todos, desde La Mona hasta Rodrigo, y que hoy en día todavía es el punto de encuentro de orquestas como Tru la la, y La Fiesta, para salir de viaje.

Sus paredes, plagadas de fotografías de distintas épocas y con distintos personajes de la música popular, son testigos del prestigio del lugar, un lugar que quedará para siempre en el corazón de todos los cordobeses.

La Municipalidad prepara un agasajo para el martes 18 de Julio, en donde le van a entregar una placa recordatoria, seguramente, acompañado de toda la comunidad cuartetera de Córdoba. 

 

 

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