Martín Miranda, coreógrafo repositor de Giselle: “Los bailarines tienen que permitirse la emoción”
Entrevista de Luisa Heredia
Los días 25, 26, 27 y 28 de setiembre el Ballet Oficial de Córdoba, que dirige Patricia Baca Urquiza, subirá a escena con Giselle, un clásico del repertorio de la danza que llega para convocar a los balletómanos de Córdoba.
La reposición coreográfica está a cargo de Martín Miranda, ex maestro ensayista de Paloma Herrera, cuando la estrella del ABT estuvo al frente del Ballet del Teatro Colón. Miranda durante 25 años fue bailarín del coliseo mayor de la Argentina y también docente del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.
Tener a Martín Miranda para la reposición de Giselle es un lujo para el Ballet Oficial y para Córdoba. Es un maestro repositor que transmite la esencia del ballet, de qué se trata hasta el más pequeño de los movimientos. Será un goce para el alma cuando la compañía oficial suba a escena y ver el resultado del trabajo de orfebre que realiza Miranda con los bailarines.
Hace casi un mes que está instalado en Córdoba, pero antes vino montó, ensayó, volvía a Buenos Aires y regresaba semanas después y así durante casi tres meses o un poco más. Tanto Patricia Baca Urquiza como Martín Miranda están convencidos de que estos procesos de montajes de clásicos requieren tiempo y un proceso interno más allá de la técnica.
En diálogo con Entretenimientos Córdoba, Martín Miranda contó minuciosamente cómo es montar Giselle y la felicidad que siente de tener esta experiencia con el Ballet Oficial y todas las áreas técnicas del Teatro del Libertador.
Entretenimientos Córdoba: ¿Qué debe tener un proyecto para que te interese?
Martín Miranda: En este caso en particular fue el interés de trabajar en una compañía profesional en un teatro fábrica como este Teatro maravilloso que tienen. Este Teatro es uno de los tres teatros fábricas que hay en Argentina y uno de los pocos en el mundo, porque están desapareciendo.
Yo no conocía a la compañía ni conocía a Patricia Baca Urquiza personalmente, así que ella se arriesgó en base a conocer mi trayectoria y currículum. Acepté porque me pareció un desafío y me llevé una gratísima sorpresa en todos los aspectos: encontré un Teatro bellísimo, un personal increíblemente respetuoso y entregado a la propuesta artística en la que me acompañan, me consultan y me consideran constantemente. Con esto me refieron a las secciones técnicas: sastrería en particular, escenografía, utilería, peluquería, además del Ballet por supuesto. Todos se han puesto de una manera amorosa y respetuosa al servicio de esta gran producción, que es Giselle.
El día que llegué conocí a la compañía, elegí los roles principales y comencé a trabajar.
Entretenimientos Córdoba: ¿Cómo se eligen los roles principales?
Martín Miranda: Es una cuestión complicada porque ahí entra la subjetividad del arte. El arte es una elección y una postura subjetiva, no hay objetividad en el arte. No es matemática. Sí o sí uno cae en el gusto y criterio personales, pero en mi caso no me considero el dueño de la verdad ni mucho menos. Entonces mi pauta para elegir los roles, en particular en un ballet como Giselle que es un drama coreográfico y no un divertisement que sería un ballet para mostrar el despliegue técnico de los bailarines. Giselle es una historia profundamente espiritual, dramática y mística. Entonces eso hace que los protagónicos tengan una ciertas característica que es lo que primero traté de observar y que por supuesto, todos son bailarines profesionales con un nivel de técnica muy bueno por eso están a quí en el Teatro. Pero hay ciertas condiciones estéticas y energéticas para el personaje, que me llevaron a elegir a los personajes que elegí.
Estoy muy feliz porque hay tres parejas de Giselle y Albretch: Julieta Morchio-Daniel Altamirano, Andrea Valdez con Luciano Bravo y Brenda Vera. Asimismo con los otros roles como Hilarión que es un personaje muy entrañable, rústico, dramático, apasionado y con un tremendo sufrimiento también. También está la Reina de las Willis, que es un rol para una bailarina muy imponente porque es una reina del mundo de lo espiritual, con una fortaleza y una energía implícita en el rol que está desarrollando y que requiere una potencia física y técnica muy determinadas. Entonces también, puede haber una bailarina hermosa técnicamente pero tiene un físico más pequeño y el fisic du role en este tipo de obras, es fundamental.
Una reina es alguien imponente, una joven aldeana es alguien más pequeñito con una gracia, hay una pareja que se llama pas paysant que es una parejita de aldeanos que están en el día de la vendimia, en la fiesta, y ellos van a bailar para todos y son como los más bonitos, los mejores y no son tan principescos. Ese tipo de cosas son consideradas a la hora de elegir. Entonces cuando hay varios que tienen muy buen nivel técnico y están preparados y todo, uno opta por lo que más se acerque al ideal de ese rol que uno tiene.
Entretenimientos Córdoba: ¿Cómo te convertiste en maestro repositor?
Martín Miranda: Un poco por necesidad. Enseñaba en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón mientras todavía bailaba (2004).Me ofrecieron la oportunidad de crear una gala de ballet en el Teatro Avenida, para una convención de filósofos.Comencé a programar y armar ese espectáculo y allí intervinieron algunas de mis alumnas del ISATC, una de ellas era Julieta Morchio. Qué increíble, de esto hace 21 años atrás. Ella era alumnita de la escuela y la invité porque siempre tuvo muy buena técnica, preparación y disciplina. Casualmente la reencuentro aquí, hermoso.
Tuve la suerte de que en los 25 años que bailé en el Teatro Colón tuvimos muchísimos maestros y coreógrafos europeos y rusos particularmente, que venían a enseñar los roles y los ballets al Teatro Colón. En mi caso podía observar el conocimiento profundo de esos maestros, cómo daba un resultado de otro nivel. Entonces me planté ser como esos maestros que saben, que están en los detalles, que conocen profundamente el estilo, el contexto, el trasfondo dramático y empecé a interesarme mientras bailaba en aprender los montajes aunque fueran roles que no me tocara a mí hacer, o roles de mujer, o roles de actuación. Me gustaba mucho ver cómo enseñaban esos maestros. Por ejemplo Zarko Prebil, Irina Kolpakova, Majar Baziev, Pierre Lacotte, o los maestros repositores de Balanchine.
Entretenimientos Córdoba: Qué época de lujo
Martín Miranda: Sí, una época de lujo. Así bailamos el Romeo y Julieta de Mac Millan, La Bayadera de Makarova, Onegin de John Cranko, La Fierecilla Domada, todo lo de Balanchine. Era increíble porque terminábamos hoy de bailar un programa y al día siguiente estaba otro repositor europeo o ruso enseñando otra cosa. Tuvimos El Corsario del Marinsky. Yo bailé el protagónico de El Corsario, preparado por los maestros del Marinsky. Fue una época dorada. Todo eso a mí me nutrió, pero la gran clave fue conocer a la maestra Tatiana Fesenko.
Tatiana Fesenko es una maestra rusa que vive en la Argentina y que fue estrella rusa. Es Artista Emérita de Rusia, que es un título casi nobiliario que da ese país a sus grandes artistas. Y ella además de haber sido bailarina, se especializó en la docencia. En Rusia existe la Universidad de las Artes: una está en San Petersburgo y otra en Moscú. Allí se estudia: para maestro de ballet con el método Vaganova y se estudia para ser coreógrafo y para ser director de ballet. En Rusia ser director de ballet es una carrera universitaria de seis años. Y nuestra maestra Tatiana Fesenko, digo nuestra porque todos la amamos, estudió allí y luego se convirtió en profesora allí también.
Entretenimientos Córdoba: ¿Cómo llegás a tomar clases con Tatiana Fesenko?
Martín Miranda: Un día se enfermó un maestro del ISATC y la directora me pide por favor que lo reemplace. Para mí fue un shock porque nunca había enseñado a niñas, a jovencitas; entonces una amiga que conocía a Tatiana me recomendó ir a Rosario a conocerla. Iba los fines de semana a tomar clases de metodología para enseñar a mujeres. Yo sabía la técnica y todo, pero para enseñar a varones, no sabía los detalles femeninos y el trabajo de puntas, porque es todo otro trabajo, muy distinto al del varón. Si bien los pasos son iguales, pero se trabaja distinto. En ese momento la conocí a Tatiana y fue amor a primera vista. Después la empecé a llevar a Buenos Aires, ella miraba mis clases, me hacía correciones y con ese curso que yo tenía del ISATC preparé un espectáculo para fin de año, por privado, no en el Colón. Preparamos todo un repertorio clásico y además de las alumnas, participaron también bailarines del Colón. Tatiana me enseñó todo el repertorio. Montamos fragmentos de La Bella Durmiento, La Bayadera, La Silfide, Lago de los Cisnes y Tatiana me explicaba el estilo particular de cada una de esas obras y la historia. Entonces fue como un curso de repertorio sin haberme ido a Rusia.Esa situación se prolongó por diez años. Ella se convirtió en mi mentora, en mi maestra. Así la conocieron en el Colón y la invitaron a ser maestra de la compañía y después ella montó ballets clásicos y yo fui su asistente de coreografía. El aprendizaje es constante. Si hoy me encuentro con Tatiana sigo aprendiendo porque ella ofrece y explica. El año pasado hicimos La Silfide en Rosario, ella montó y me pidió que la asista. Tatiana es una fuente de conocimiento que es un tesoro.
Entretenimientos Córdoba: ¿Cómo se monta un ballet?
Martín Miranda: Por lo general toda la experiencia que tengo es que se hace como un rompecabezas: se ensayan partes separadas y luego se empiezan a unir. Por ejemplo el cuerpo de baile ensaya sus partes, los solistas ensayan sus partes y los primeros bailarines ensayan sus partes y luego se empiezan a amalgamar. En el caso de Giselle, hay momentos del ballet que son danza pura y los momentos que yo les llamo nexos, son situaciones teatrales que conectan una escena con la otra y que paradójicamente es lo que más tiempo lleva. Las partes danzadas salen facilísimo y rápido, pero las partes teatrales son muy complejas porque muchas veces hay escenas donde hay cinco personajes, que en la misma medida musical, hacen gestos y expresiones diferentes. Coordinar todo eso y que cada uno aprenda su parte y salga todo junto y armonioso es complejo y lleva tiempo. Y luego que está todo ensayado y montado se empieza a unir y se empieza a pasar escena por escena todo junto y luego es el acto completo.
Entretenimientos Córdoba: ¿La coreografía se anota o la tenés toda en tu cabeza?
Martín Miranda: En mi caso la tengo en mi cabeza, no anoto. Muy rara vez tengo que diagramar algún cruce de bailarinas. Yo bailé mucho, entonces lo tengo en el cuerpo y sé cómo se hacen los movimientos, los gestos y conozco el estilo por haberlo vivenciado.
Entretenimientos Córdoba: ¿Cuántas coreografías tenés almacenadas en tu cabeza?
Martín Miranda: De repertorio clásico, casi la mayoría. Después tengo otras cosas que he bailado, por ejemplo Balanchine, Pierre Lacotte o Nureyev, pero como tienen derechos protegidos y solo los maestros autorizados por sus fundaciones pueden reponerlo, es como que no me preocupo de retenerlas. Pero me las acuerdo. En cambio el repertorio clásico que es patrimonio universal, Petipa sobre todo, pero también Bournonville, Fokin y como también las bailé, las tengo muy grabadas. Yo monté la versión Marinsky de El Corsario en Mendoza con el Ballet de la Universidad.
Entretenimientos Córdoba: ¿Todos los ballets hacen la misma coreografía (los clásicos)?
Martín Miranda: No, depende quién haga la puesta. En el repertorio clásico Petipa coreografió todo en Rusia. Y en Rusia está el fiel original de Petipa. En el caso de Giselle llegó a Europa una anotación de Giselle que Petipa reconstruyó y se montó en Inglaterra, luego los maestros que querían hacer ese ballet al año siguiente le comenzaron a hacer cambios y ahí surgen las famosas versiones. Por eso ahora muchos coreógrafos dicen yo voy a hacer Lago de los Cisnes y lo cambian y le aportan sus ideas e innovaciones o puntos de vista, pero siempre parten de una matriz que es Petipa. Salvo en Rusia que es donde se respeta a rajatabla lo que Petipa dejó, pero siempre con una flexibilidad. La mirada que tiene San Petersburgo es la original que tuvo Petipa.
Entretenimientos Córdoba: ¿Cómo llegás a la danza?
Martín Miranda: Cuando estaba en el colegio, vino a bailar a la Argentina, Maya Plisestkaya con un grupo de bailarines rusos y lo dieron por televisión y algo me deslumbró. Me acuerdo que bailó Carmen, La Rose Malade de Roland Petit y Raymonda.
Depués vi en el diario que había un cine que se llamaba Cosmo 70 que daba un ciclo de películas rusas, entre ellas una de Maya Plisestkaya. Entonces salía del colegio y fui a verla. Tenía 13, 14 años, la vi y me quedé enamorado. Así fue creciendo el interés y dije: esto es lo que yo quiero hacer. Después salió la película Momento de Decisión que me terminó de dar el empujoncito. En mi casa por suerte me apoyaron y acompañaron. No dejé los estudios. Terminé el secundario, comencé la Escuela Nacional de Bellas Artes, el profesorado y a la noche estudiaba el profesorado para la enseñanza de primaria. Porque yo hice un Normal de Varones y seguí con el profesorado para ser maestro de escuela y a su vez hacía la carrera de Bellas Artes y a la tarde hacía ballet.
Un día le pedí permiso a un profesor de la Escuela de Bellas Artes para retirarme antes para ir a una clase de ballet. El profesor me preguntó si tenía condiciones y le digo: los maestros me dicen que sí. El profesor me contó que estaba casado con una bailarina y me dijo: el permiso lo tenés, pero tenés que quedarte todo el descanso dibujando y te vas media hora antes. Pero tenés que decidirte porque tenés muchas condiciones para la plástica y podés hacerlo a los 50 años, pero el ballet es ahora. Tenés que elegir. Y él me ayudó mucho a decidir.
Entretenimientos Córdoba: ¿Con qué maestros te formaste?
Martín Miranda: Justamente con una maestra cordobesa: Nenufar Fleitas. Ella vivió en Rosario pero su familia era de Córdoba. Luego entré al Instituto del Colón.
Entretenimientos Córdoba: Cuál es el recuerdo más hermoso que tenés de tu vida de bailarín
Martín Miranda: A mí la danza me salvó la vida, porque yo empecé profesionalmente en plena dictadura militar.Entré al San Martín que dirigía Mauricio Wainrot, yo era muy jovencito. Era la época de la Guerra de Malvinas y eran momentos horribles. Pero adentro del Teatro uno se sentía en otro mundo, allí uno era libre, no había persecuciones, no había terror.Adentro de las puertas del Teatro San Martín (NDR: Teatro San Martín de Buenos Aires) éramos libres. Y ahora viendo en perspectiva, digo: eso nos salvó la vida. Porque afuera era tremendo lo que había, pero adentro del teatro y dedicándonos a lo que amábamos fue una salvación de vida.
Entretenimientos Córdoba: ¿Cuál es el ballet que más difrutaste bailar y cuál reponer?
Martín Miranda: Todos me gustan. Giselle es uno de los que más me gusta y de los que más me gustó bailar. Es un ballet que compromete muchas partes de uno, hermosas, difíciles. Es un desafío grande, uno tiene que permitirse un viaje. Siempre digo que Giselle es un viaje de un día. Empieza a la mañana temprano y termina al amanecer del día siguiente. Toda esa tragedia transcurre en menos de 24 horas. Cuando Albretch llega y está con la ilusión de verla a ella, de estar con ella, porque era un amor prohibido por la sociedad en las que están. El sabe que nunca podrá concretar el amor con una campesina porque él es un noble y además ya tiene arreglado un casamiento. Sin embargo su juventud, su amor y su deseo hacen que cierre los ojos y viva esa mentira. Esas cosas que hacemos los jóvenes, cuando somos jóvenes. Cierro los ojos y no miro y me mando a lo que quiero y después sale muy mal todo. El segundo viaje de él es camino al cementerio donde ella se le aparece y lo perdona porque ve el amor genuino que él tenía. Es muy hermoso porque es toda una travesía emocional. El tampoco pudo decir frente a su prometida verdadera que estaba enamorado de Giselle. El se miente a sí mismo y está prisionero de un destino. Sabemos que el Romanticismo fue revolucionario, desestructuró todo lo que antes estaba establecido y lo puso patas para arriba, por eso Giselle te cuenta una historia en la que una persona pobre, termina siendo superior a los ricos y a los nobles. Superior en valores espirituales, en el alma, en el amor que era capaz de sentir, en el perdón. Es tan superior que lo que está diciendo esta historia romántica es que no todo lo que brilla es oro. Es decir que alguien pobre, humilde y sin instrucción puede tener una grandeza infinitamente superior a la de quienes tienen acceso a la riqueza, a la cultura, a la educación y al poder. Giselle es superior a todos ellos como alma. No en lo externo, sino en lo interno. Se está poniendo en valor el mundo interior de las personas, que es lo que el arte tiene que compartir. Estamos demasiado para afuera, demasiado en las cosas materiales ¿y el mundo espiritual cuándo? Y eso es lo que viene a decir Giselle.
Entretenimientos Córdoba: ¿Esto lo hablaste con bailarines del Ballet Oficial?
Martín Miranda: Sí, para que los movimientos del ballet tengan sentido y para que una persona que nunca en su vida vio ballet, mire Giselle, entienda y se emocione. Y reflexione, y se pregunte a sí mismo ¿vale la pena seguir las directivas sociales preestablecidas? ¿Vale la pena estar tan detrás de los bienes materiales cuando la vida se acaba así (chasquido de dedos)? Porque Giselle era una joven llena de vida y su corazón no soportó todo lo que pasó: el engaño, la mentira y el mundo que se le derrumba. Porque no olvidemos que en aquellos años las jóvenes sólo podían tener un novio. Entonces el destino para el cual ella había nacido que era formar un hogar, tener hijos, tener nietos, no iba a existir. A los 15 años ella ve troncado su futuro. Entonces es todo un replanteo sobre porqué se acaba el mundo, porque él la engañó. Por qué Batilde siendo tan rica, también es una persona que ha sido engañada, porque él las engañó a las dos, no sólo a Giselle. Entonces es un todo un replanteo de valores.
Lo que le explico a los bailarines es que lo internalicen y el cuerpo lo va a expresar y el público virgen que por primera vez ve ballet, va a entender porque la emoción es clara. Son códigos claros. Si ellos lo están sintiendo la gente lo va a entender. Lo que pasa muchas veces es que las cosas se hacen externamente.
Entretenimientos Córdoba: ¿El espectador necesita una charla previa a la función para conocer más el ballet que va a ver?
Martín Miranda: Todo suma. Igualmente el arte no hay que explicarlo, el arte es una experiencia que hay que alentar a las personas a que la tengan. Sea la pintura, la escultura, la música, la ópera o el ballet. Uno puede entrar sin saber nada, sin entender nada y ver qué le pasa con la experiencia. Tenemos que arriesgarnos a que el arte no se decodifica intelectualmente. Hay que prestarse al juego y ver qué nos pasa en el alma.
Ver que nos pasa con esa muchacha tan preciosa, tan luminosa como es Giselle y que de golpe muere. Algo nos tiene que pasar ¿o nos da igual que se muera? Esas son las preguntas que nos tiene que molestar del arte.
Entretenimientos Córdoba: ¿Tenés tus propias coreografías?
Martín Miranda: No soy coreógrafo creador. Me gusta enseñar y me gusta reponer para transmitir el estilo y el contenido de las obra, pero no soy creador.
Entretenimientos Córdoba: ¿Cuántas Giselle viste en tu vida?
Martín Miranda: Imposible sacar la cuenta. Muchas Giselle me han impactado. Algunas me gustaron por unas cosas, otras por otras. De las bailarinas argentinas que vi, Silvia Bazilis me gustó mucho. Creo que cada una le prestó a Giselle sus propias emociones y sus propios sentimientos. Giselle es un tipo de ballet que con un poquito de elementos, ya se arma como solo, porque es tan encantador y uno entra en empatía con lo que está pasando en escena.
Entretenimientos Córdoba: Al principio de la conversación dijiste que el conocimiento es una antorcha que se transmite, ¿A quién te gustaría darle esta antorcha de tus conocimientos de los ballets?
Martín Miranda: A todos los que pueda, porque sé que estas chicas tan hermosas que van a bailar: Andrea, Julieta y Brenda algún día van a enseñar y si ellas tienen el conocimiento como un tesoro dentro suyo van a querer compartirlo y eso es lo que va a hacer que se mantenga vigente, vivo y despierto y que no se vuelva automático. El gran peligro de estas cosas es hacerlo automáticamente, porque ya vimos tantas Giselle ¿Cómo hacer para que sea único y por primera vez? Bueno, yo siempre les digo: hacer cada gesto como si lo hiciera por primera vez y eso es mucho más difícil que hacer los 32 fouettés, es muy difícil ser auténtico, fresco y que todo ocurra por única vez. Por eso el bailarín debe buscar dentro de sí mismo y también les dejo un margen para que ellos puedan ser auténticos. Los bailarines tienen que permitirse la emoción.
Entretenimientos Córdoba: Giselle es un ballet que toca el tema de la muerte ¿Cómo se trabaja con esa emoción?
Martín Miranda: La sociedad evita hablar de la muerte y acá no se puede evitar, porque está ahí. Cuando Giselle cae muerte, la desesperación y la culpa se apoderan de Hilarión y Albretch y se culpan mutuamente, pero es culpa, dolor, rabia, frustración. Todo esto lo hablé mucho con Tatiana porque montamos Giselle juntos millones de veces y Tatiana me decía que cuando ella bailaba Giselle, y ella llegó a bailar con Vladimir Vasiliev, con su partenaire se quedaban horas elaborando y pensando. A todo el contenido que los maestros en Rusia les han transmitido, ellos le agregaron sus propias vivencias de grandes artistas, porque ellos fueron grandes artistas.
Entretenimientos Córdoba: ¿Los bailarines se dan el tiempo para elaborar sus personajes?
Martín Miranda: Eso depende de quién lo preparó, porque todos los bailarines, seguro, tienen sensibilidad y un mundo emocional profundo y hay que saber extraerlo. Hay que crear el ámbito de confianza para que ellos puedan mostrar el alma. El artista en el escenario desnuda el alma y en la sociedad estamos llenos de corazas, de miedos. Entonces hay que hacer un trabajo para que el alma aflore y no tengan miedo de mostrar su alma.
Entretenimientos Córdoba: ¿El cuerpo de baile también necesita toda esa preparación interna para abordar sus partes?
Martín Miranda: Totalmente. De hecho les hablo constantemente. En el primer acto todos sos personajes actuantes, todo el tiempo hay una reacción a lo que esté pasando. Hay interacción entre ellos, nunca están vacíos de contenido, eso no puede ocurrir. En la escena todo está pautado y hay motivación y un margen dentro del cual ellos tienen libertad para moverse. Hay escenas que son muy difíciles y dependen mucho de la creatividad personal. A veces hay temores, o pudores, timidez y tenemos que ir aflojando eso para que tenga vitalidad, porque el ballet tiene que estar vivo. Y todos tienen que interactuar con todo.
Entretenimientos Córdoba: ¿Cómo es el vestuario de Giselle?
Martín Miranda: Tuve la enorme suerte que en el Teatro trabaja una genia que se llama Jimena. Jimena es una genia y una persona increíble. Ella hizo todos los diseños nuevos, uno más hermoso que el otro. Yo no puedo creer la empatía que tenemos porque que es como si ella me hubiera leído el pensamiento porque cuando me muestra para ver qué me parece le digo: esto es una belleza. Todo el vestuario es nuevo. La confección que están haciendo es impecable. Todo el taller de sastrería es impresionante.
Entretenimientos Córdoba: ¿Y la escenografía?
Martín Miranda: Es toda nueva. El escenógrafo, Toto, me preguntó qué visión quería y de iluminación me preguntaron si era una versión tradicional clásica o algo innovador y le dije: tradicional clásica. Toto me consultó, le di el ok y está todo increíble.Toda las secciones técnicas hacen un trabajo increíble y el amor y la predisposición con lo que hacen esto es increíble.
Ficha Técnica
El célebre ballet romántico en dos actos estará en escena jueves 25, viernes 26, sábado 27 y domingo 28, con la Orquesta Sinfónica de Córdoba y dirección del maestro 𝑯𝒂𝒅𝒓𝒊𝒂𝒏 𝑨𝒗𝒊𝒍𝒂 𝑨𝒓𝒛𝒖𝒛𝒂.
El coreógrafo repositor es un artista de sólida formación y dilatada trayectoria como intérprete, en roles protagónicos de obras del repertorio clásico, neoclásico y contemporáneo.
La compañía que dirige Patricia Baca Urquiza lleva adelante otra puesta de gran relieve, luego de El Mesías.
El diseño de escenografía es de Ana Laura Morán Morales, vestuario de Jimena Rivas, el diseño de iluminación es de Sebastián Sánchez Espejo y Emilia Bravo.
La música es de Adolphe Adam, la coreografía original es de Jules Perrot y Jean Coralli, y libreto de Théophile Gautier y Jules-Henri Vernoy, basado en el poema de Heine.
Las localidades se podrán conseguir a través de Autoentrada y en boletería (Vélez Sarsfield 365, 414-3412). Precios: Platea, 40.000; cazuela, 30.000; tertulia, 25.000; y paraíso, 15.000 pesos.