El colombiano Diego Bernal habló sobre la transformación del Cementerio San Pedro de Medellín
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Durante décadas, hablar del Cementerio San Pedro de Medellín era hablar de uno de los símbolos más oscuros de Colombia. En los años del narcotráfico y la violencia, el lugar quedó asociado a la muerte cotidiana y al miedo. Sin embargo, detrás de ese estigma se escondía un patrimonio histórico y cultural de enorme valor que, con el tiempo, logró resignificarse hasta convertirse en uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.
Así lo explicó Diego Bernal, referente en la gestión patrimonial del Cementerio Museo San Pedro, en diálogo con Ivana Ferrucci.
«La historia comienza en 1842, cuando las familias más representativas de Medellín decidieron crear un cementerio digno para ellos», relató Bernal. En sus orígenes fue un espacio reservado para la élite antioqueña, aunque el crecimiento urbano hizo que, con el paso de las décadas, se transformara en el cementerio de todos los habitantes.
Hoy es el cementerio más importante de Medellín y un verdadero reflejo de la evolución de la ciudad. Sus mausoleos, esculturas, jardines y monumentos permiten recorrer casi dos siglos de historia colombiana.
Pero hubo una etapa en la que ese legado quedó opacado por la violencia.
«En los años ochenta y noventa nos acercamos a las líneas del abismo con el narcotráfico. El cementerio también concentró muchas historias de guerra y terminó estigmatizado. La gente lo conocía como el cementerio de los sicarios», recordó.
El propio Bernal vivió esa percepción cuando comenzó a trabajar allí en 1998.
«Mi mamá me decía: ‘Ese es el cementerio donde matan, violan y secuestran’. Era la imagen que tenía gran parte de la sociedad.»
Sin embargo, por aquellos años comenzaba un proyecto que cambiaría para siempre la relación entre Medellín y su principal necrópolis.
La iniciativa se llamó «La Otra Mirada» y buscó que la comunidad descubriera que San Pedro no era únicamente el escenario de la violencia reciente, sino también un lugar donde descansan buena parte de los protagonistas de la historia de Medellín y donde puede leerse la transformación cultural, económica y social de la ciudad.
«Queríamos que la gente entendiera que allí también estaba la historia y el sentido de Medellín», explicó Bernal.
El proceso de recuperación fue largo, pero logró modificar la percepción pública.
Actualmente el Cementerio Museo San Pedro es mucho más que un espacio de sepultura. Es un centro cultural donde se realizan conciertos, obras de teatro, exposiciones y recorridos guiados para adultos y niños, en los que la historia, el arte y la arquitectura dialogan con la memoria.
Eso no significa ocultar el pasado.
«La violencia sigue estando presente porque también hablamos de esa violencia. No la escondemos; la incorporamos como parte de la historia del lugar», señaló.
Una de las claves de esa transformación fue la formación de un equipo especializado de guías que diseñó nuevas rutas temáticas y diferentes formas de acercar el patrimonio a la comunidad y a los visitantes.
El impacto trascendió incluso las fronteras colombianas.
Gracias a la experiencia de San Pedro nació en el año 2000 la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, integrada actualmente por representantes de 18 países. El cementerio de Medellín fue el anfitrión de aquel primer encuentro que impulsó una nueva manera de entender estos espacios.
«Es una idea que se convirtió en una semilla y terminó trascendiendo», resumió Bernal.
Hoy, lejos de aquella imagen asociada exclusivamente a la violencia, el Cementerio Museo San Pedro se consolidó como uno de los sitios patrimoniales más visitados de Medellín. Un lugar donde la historia de una ciudad puede recorrerse entre esculturas centenarias, mausoleos monumentales y relatos que demuestran que incluso los espacios marcados por el dolor pueden convertirse en escenarios de memoria, cultura y encuentro.