Con su música, Magalí Gómez mantiene vivo el sonido del monte
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Hay músicas que se heredan y otras que, además, se convierten en una misión. Magalí Gómez lleva consigo ambas cosas. Es hija del recordado acordeonista y compositor chaqueño Coco Gómez, pero fue también su compañera musical. Desde la muerte de su padre, en 2021, asumió el desafío de mantener vivo un legado que pertenece a su familia y, al mismo tiempo, a la identidad cultural del Chaco.
Hablar de Magalí es inevitablemente hablar de Coco Gómez, uno de los grandes responsables de rescatar, interpretar y llevar a los escenarios los sonidos de la chacarera del monte chaqueño.
Pero Magalí no se limita a custodiar una obra. La interpreta, la cuenta y la vuelve presente. En su voz y en su música sobreviven las historias que alguna vez escuchó de su padre y que ahora ella se encarga de transmitir a las nuevas generaciones.
“La música del monte tiene una historia desde el 1900”, recuerda Magalí a partir de aquellos relatos que Coco compartía con ella.
Un acordeón que pasó de generación en generación
La historia musical de los Gómez comenzó mucho antes de que Coco se convirtiera en un referente.
Tenía apenas tres años cuando comenzó a tocar el acordeón, un instrumento que había heredado de su madre, Elizabeth, también destacada intérprete.
Aquel acordeón fue mucho más que un instrumento. Se convirtió en un puente entre generaciones y en la herramienta con la que Coco empezó a descubrir unas melodías diferentes, nacidas lejos de los grandes centros urbanos y conservadas durante décadas entre las familias y comunidades del monte chaqueño.
Eran sonidos que estaban allí, esperando ser escuchados.
Coco tuvo la sensibilidad para reconocerlos y, fundamentalmente, el coraje de mostrarlos.
“Él fue el único que se animó a sacar a la luz esos sonidos del monte”, cuenta Magalí.
Y detrás de esas melodías aparentemente sencillas había algo mucho más grande: historias profundas, personajes, costumbres, paisajes y maneras de vivir.
Cuando el monte comenzó a contar sus historias
Entre aquellas composiciones aparece “La Mocha Ahorcada”, señalada por Magalí como la primera chacarera del monte interpretada por Coco Gómez.
El propio título guarda una palabra profundamente ligada a la vida rural: la mocha es la vaca que no tiene cuernos. Como ocurre con tantas expresiones de esta música, detrás de una palabra sencilla aparece todo un universo cultural.
También está “La Rana Ahogada”, otro de esos títulos que forman parte de un repertorio en el que la naturaleza, los animales, las anécdotas y la vida cotidiana se transforman en música.
Coco comprendió que aquellos sonidos que circulaban por el monte constituían un patrimonio que merecía salir de allí sin perder su esencia.
Los rescató, los llevó a su acordeón y consiguió que fueran escuchados mucho más allá de su lugar de origen.
Magalí, mucho más que “la hija de”
Hoy esa historia continúa en Magalí.
Durante años fue la compañera musical de su padre, compartiendo no solamente escenarios y canciones, sino también ese conocimiento que muchas veces no se aprende en los libros: se transmite escuchando, mirando y viviendo al lado de quien lo lleva dentro.
Por eso, tras la partida de Coco Gómez en 2021, quedó en sus manos algo inmensamente valioso.
No solamente sus canciones.
También su memoria, sus relatos, su manera de interpretar el monte y una tradición musical que encontró en Coco a uno de sus grandes difusores.
Magalí Gómez decidió continuar.
Y en esa decisión hay algo profundamente emotivo. Cada vez que interpreta aquellas chacareras, el legado de su padre vuelve a caminar. El acordeón vuelve a sonar. Regresan las historias y los personajes del monte. Y una música nacida hace más de un siglo encuentra una nueva voz para seguir viajando.
Porque quizás esa sea la forma más hermosa de una herencia: no conservarla inmóvil, sino hacerla vivir.
Magalí Gómez lleva el apellido, lleva la música y lleva una historia que merece ser conocida.
Y mientras ella siga cantando y contando de dónde vienen esas melodías, el sonido que Coco Gómez rescató del monte chaqueño seguirá encontrando nuevos oídos, nuevos escenarios y nuevas generaciones dispuestas a escucharlo.