Gabriel Raies, después de 110 días internado: “A Rosana le debo todo, me hubiera gustado encontrarla antes”
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Acostumbrado a enfrentar desafíos a toda velocidad, Gabriel Raies tuvo que disputar esta vez una carrera completamente diferente: la de recuperar su salud. Fueron 110 días de internación, una operación, dos meses en terapia intensiva y un largo proceso de recuperación que todavía continúa.
En diálogo con Ivana Ferrucci, el histórico referente del automovilismo argentino relató cómo atravesó una experiencia que puso a prueba su fortaleza física y emocional.
“Tuve una bacteria en las vértebras y tuve que operarme. Encontré unos médicos excepcionales. Mi mujer hizo un trabajo excepcional”, contó Raies.
La internación se extendió durante 110 días en el Hospital Cardiológico, donde estuvo bajo la atención del doctor Gatti y de un equipo de profesionales al que recuerda con enorme gratitud.
“Los primeros 60 días estuve en terapia intensiva, con respirador. Después, lo que me acuerdo es lo que me van contando”, reconoció.
A pesar de la gravedad del cuadro, el expiloto destacó especialmente la atención que recibió durante su estadía en el centro de salud.
“Estuve en el Cardiológico, que fue algo genial por la excelente atención de todos: médicos, enfermeras y todo el personal”, expresó.
Una recuperación que todavía tiene cuatro meses por delante
Actualmente, Raies realiza su rehabilitación en Conciencius, donde trabaja para recuperar su estado físico después de una internación tan prolongada.
Según explicó, todavía le quedan aproximadamente cuatro meses para completar su puesta a punto.
“Me siento a un 60 por ciento”, señaló, dando cuenta de los avances conseguidos, pero también del camino que todavía debe recorrer.
El proceso tuvo un impacto importante sobre su cuerpo. Antes de atravesar este problema de salud había logrado bajar 50 kilos y, durante la internación, perdió otros 18.
Sin embargo, conserva una convicción que parece acompañarlo desde sus años de competencia.
“Nunca tuve dudas de que iba a salir adelante”, aseguró.
Para Raies, la recuperación también tiene mucho de aquello que aprendió durante su trayectoria deportiva: nadie gana una carrera solo.
“Es un trabajo en equipo, como las carreras de autos”, comparó, al referirse al esfuerzo conjunto de los médicos, los profesionales de rehabilitación y las personas que lo acompañaron.
“A mi mujer se lo debo todo”
Pero el momento más emotivo de la entrevista llegó cuando la conversación dejó de girar alrededor de los tratamientos médicos y se concentró en Rosana, su compañera de vida desde hace 17 años.
Raies habló con profunda gratitud del acompañamiento de su familia y de sus amigos, a quienes definió como incondicionales. Sin embargo, reservó sus palabras más sentidas para su esposa.
“Estoy agradecido a mi familia y a mis amigos, que han sido incondicionales. Y mi mujer es todo. Se lo debo todo a ella”, expresó.
Fue entonces cuando Ivana Ferrucci le preguntó si lo emocionaba hablar de Rosana.
La respuesta dejó al descubierto una historia de amor que atravesó junto a él los momentos más difíciles de su enfermedad.
“Ella sufrió a la par mía, ella hizo todos los días conmigo”, respondió Raies, al recordar el acompañamiento permanente de su esposa.
Y agregó una declaración que resume lo que siente por la mujer que estuvo a su lado durante todo este proceso:
“A Rosana, mi mujer, le digo que la amo desde el día que la conocí y no dudaba que iba a hacer todo esto. Llevamos 17 años juntos. Me hubiera gustado encontrarla antes”.
Finalmente, dejó una frase que expresa la dimensión que tiene Rosana en su vida:
“Estoy convencido de que Rosana es la persona que más amo en mi vida”.
La carrera más importante
Gabriel Raies todavía tiene por delante varios meses de rehabilitación. La recuperación física continúa y el objetivo es seguir ganando autonomía, fuerza y bienestar.
Pero esta experiencia también parece haberle permitido poner en palabras algo que va mucho más allá del automovilismo.
El hombre que durante tantos años estuvo acostumbrado a competir contra el reloj hoy mide sus avances de otra manera: en pequeños logros cotidianos, en la posibilidad de recuperar su vida y en el acompañamiento de quienes nunca lo dejaron solo.