Enero 2026

Jorge Pegoraro: “Si aprendemos a reconocerlo, podemos comenzar a ver todas las trampas del ego”

 Jorge Pegoraro, licenciado en Psicología. Trabaja en cuidados paliativos y meditación

Cuando hablamos del ego, hablamos de una parte de nuestra mente que se ocupa de nuestra supervivencias, para ello está permanentemente atento a los posibles peligros, riesgos y amenazas que la realidad nos puede traer. Esto nos lleva a tener pensamientos de inseguridad, de necesidad de control, de preocupación, de ansiedad por qué va a pasar mañana, de los miedos, de lo que puede llegar a ocurrir negativamente en el futuro. Son todas preparaciones que hace el ego para enfrentar lo que imaginameriamente podría llegar a venir. El punto es que cuando está muy exacerbado de forma automática, porque todo el día está dando vuelta en nuestra cabeza nos llena de un nivel de carga y de estrés que hace que nuestra calidad de vida se vea seriamente amenazada y disminuida.

En diálogo con Ivana Ferrucci agregó: «Cada pensamiento tiene una carga, puede ser positiva, neutra o negativa y el ego se ocupa sobre todo de responder muy rápidamente a lo negativo porque  el cerebro responde más fácilmente a un estímulo negativo que a uno positivo, por eso, con tanta facilidad caemos en este tipo de pensamientos. De allí que cuando nos ubicamos en el ego desde este lugar de que nuestra realidad es una posible amenaza entonces nos sentimos aislados, entonces muchas veces podemos sentir angustia frente a esta vasta y enorme realidad que cambia todo el tiempo  y por supuesto tenemos la incertidumbre de que no sabemos qué va a pasar mañana. De allí que todas las emociones comienzan a estar muy presentes en nuestra mente, generando una emocionalidad acorde y por supuesto una conducta que también se verá alimentada y estimulada por este tipo de pensamiento negativo.»


Lo importante es reconocer que  todos estos pensamientos son imaginarios, sólo existen en mi cabeza, mi cabeza es la principal fuente de sufrimiento, porque más allá de lo que está pasando ahora, mi mente es una máquina incesante de crear posibilidades a futuro de cosas que me asustan, me meten miedo, me pueden llegar a complicar la vida, con cambios que no quiero, con situaciones que me gustaría evitar. Entonces toda esa imaginación, al no darme cuenta conscientemente de ella, lo tomo como realidad y lo vivo así.
Nosotros no sufrimos por las cosas que pasan, sufrimos por la interpretación que acemos de las cosas que hacemos de las cosas. Y si yo siento que es posible que mi vida se vaya al tacho porque hay un cambio de gobierno, porque me peleo con mi pareja, porque no llego a fin de mes, o por lo que sea, la sensación del cuerpo a nivel físico y emocional es del fin del mundo. Entonces me voy a estresar, voy a empezar a tener síntomas, no voy a poder dormir  y todas las cosas que vienen con el estrés que parten no de una realidad, parten de lo que yo imagino que puede llegar a ocurrir en la realidad, de eso se ocupa el ego.
Si aprendemos a reconocerlo podemos comenzar a ver todas las trampas del ego en función de cómo nos invita a caer en este tipo de pensamientos recurrentes  para simplemente dejar de creerle. Mi ego me miente todo el tiempo, pintándome realidades que todavía no ocurrieron y que probablemente no ocurran. Mi ego me dice que me va a tocar bailar con la más fea  y en la realidad muy pocas veces eso sucede, pero yo lo vivo y lo sufro como si eso va a ser así. Al darme cuenta, puedo evitar ponerle tanta credibilidad a ese pensamiento y guiarme más por lo que está pasando hoy, por conectarme con lo que tengo hoy para disfrutar, para vivir y achicar así la cantidad de estrés que tengo, cambiándolo por mi capacidad de agradecer y disfrutar de lo que hay.

Comparte la noticia

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Telegram