Estrenos de cine en Córdoba
RESEÑA: ‘EL NOVIO DE MAMÁ’
El novio de mamá, dirigida por Nicolás Silbert y Leandro Mark, “aspira” a ser una comedia familiar, cálida y divertida, pero termina ahogándose en un mar de lugares comunes, humor forzado y una ejecución tan torpe que resulta difícil encontrar redención en sus 90 minutos de travesía patagónica. Con José María Listorti y Dani «La Chepi» como protagonistas, la película ofrece un ejercicio de resistencia para el espectador donde, incluso los momentos más inocuos, se sienten interminables.
La trama sigue a Leonardo (Listorti), un agente de viajes entusiasta que se enamora de Lucía (La Chepi), una madre viuda decidida a rehacer su vida. El obstáculo: ganarse el afecto de sus hijos, una adolescente rebelde (Pipa) y un niño obsesionado con emergencias (Coco), durante un caótico viaje a Bariloche. El guion, firmado por Lucas Bucci y Tomás Sposato, recurre a cada cliché imaginable: el perro que se escapa, el niño hiperactivo, la adolescente malhumorada y una seguidilla de gags que o bien no aterrizan o son abandonados sin gracia. La película no solo no es original (algo perdonable), sino en hacer lo que vimos ya mil veces.
Listorti, un actor con experiencia en comedias, se esfuerza por darle carisma a Leonardo, pero el personaje es tan plano como su arco narrativo: no evoluciona, solo sobrevive a situaciones absurdas. La Chepi, queda reducida a un rol decorativo, sin química real con su pareja en pantalla. Los niños, interpretados con energía y sin matices, terminan siendo caricaturas molestas más que personajes entrañables. Jorgelina Aruzzi, en su participación especial, brilla por su ausencia de material digno.
Técnicamente, la película es tan pobre como su narrativa. La fotografía de Bariloche (un escenario que podría haber sido explotado visualmente) se reduce a planos genéricos y una iluminación de telenovela barata. La edición no logra salvar los chistes fallidos, y la banda sonora, con ese piano empalagoso que insiste en dictar emociones, añade otra capa de tortura al conjunto.
Es «cine blanco» disfrazado de cine familiar. Cumple con la fórmula, careciendo de la chispa, y tratando al público como estúpidos.
CALIFICACION: 💩
RESEÑA: «PITUFOS»
¿Qué pasa con los Pitufos? Es difícil encontrar a alguien que sea un verdadero fan de estas criaturas de dibujos animados de piel azul que viven en hongos —son, posiblemente, lo peor que ha salido de Bélgica desde el rey Leopoldo II—, pero las películas y series de televisión basadas en los Pitufos siguen haciéndose, sin descanso.
Evidentemente este fenómeno es por el merchandising y desde los 80s cada generación vive su propia pitumoda. También funciona la fórmula de utilizar canciones comerciales de reconocidos artistas y nada mas.
El aspecto visual no es mucho más alentador. El director Chris Miller (sin parentesco con Lord & Miller) opta por un estilo de animación 2D/3D muy de moda, que resulta barato y discordante, sobre todo cuando los personajes entran en el mundo de acción real. Gran parte de la película resulta cansina y poco original, sobre todo una secuencia a través del multiverso que parece sacada directamente de Intensa-Mente.
Todo es desatinado. La trama, que deberia venir con alguna frase de disculpas, ofrece algunas tonterías sobre libros de magia que poseen algún tipo de poder impreciso, similar al de la Gema del Infinito, en este universo. La novedad más emocionante que puede conseguir es que Razamel, hermano del enemigo habitual Gargamel, es el villano principal. Bueno, creo que solo les encantará a los fans de los Pitufos; simplemente no está claro quiénes son exactamente. O si siquiera existen.
CALIFICACION: 🫣
RESEÑA: «SE LO QUE HICIERON EL VERANO PASADO»
“La nostalgia no sirve de nada”, se burla Julie James (Jennifer Love Hewitt) durante el clímax de esta película, la «recuela» de la película de terror de 1997 dirigida ahora por Jennifer Kaytin Robinson. Este sentimiento, por muy cierto que parezca en el panorama cinematográfico actual de remakes y reinicios infructuosos, se desmorona después de los aproximadamente 90 minutos previos de la película, donde los personajes resurgen para ayudar a derrotar a un asesino que se parece inquietantemente a uno que los atacó en su ciudad natal 28 años antes.
Casi todos los aspectos están hechos a medida para replicar o canalizar directamente la película original, desde la toma inicial de las aguas turbulentas en la (supuesta) costa de Carolina del Norte hasta las circunstancias que motivan a un grupo de amigos a guardar un oscuro secreto. Salvo una generosa dosis de diálogos sacados directamente de TikTok y el horror intrínseco de la arquitectura moderna sin alma, no hay mucho más nuevo que añadir a esta premisa. Aun así, hay momentos de auténtica diversión aterradora, impulsados en gran medida por un elenco de talentos emergentes que dejan huella a pesar de algunos mensajes confusos.
En esta nueva versión lo que mejora notablemente es en el departamento de efectos especiales, que eleva considerablemente el nivel de sangre. Mientras que el director de la original, Jim Gillespie, evitó intencionalmente la violencia gratuita, Robinson la disfruta. La sangre brota a borbotones, los arpones se hunden, hay nuevos artilugios que desgarran en la carne. Es un material retorcido, un toque necesario y visceral para una película que, de otro modo, carece de cohesión. Varios hilos cuelgan pero nunca se atan: una trama al estilo de Tiburón para abstenerse de sorprender a los turistas con noticias de asesinatos, un repunte de la «gentrifislaytion» en el otrora pintoresco pueblo pesquero, la insensibilidad que impregna gran parte del contenido de crímenes reales, el poder de la religión para ayudar y dañar en igual medida; pero al menos el registro violento de la película se mantiene consistente.
CALIFICACION: ↗️↗️↗️