Enero 2026

Matilde Leblebidjian presenta “Todo lo que muere nace en el cielo de lo invisible”, instalación site-specifc (Centro Cultural Córdoba)

La artista Matilde Leblebidjian presenta en el Pabellón del Bicentenario del Centro Cultural Córdoba un proyecto de instalación site-specific que surge de una investigación en torno a la memoria material, la acumulación y la permanencia de los objetos en el tiempo.

El origen de esta exploración se encuentra en una antigua casa de ramos generales familiar, cerrada hace más de cuarenta años, donde permanecen mercancías sin uso, intactas pero envejecidas por el paso del tiempo. Objetos que nunca llegaron a circular y que, sin embargo, se conservaron en grandes cantidades, conformando un archivo involuntario. Esa acumulación silenciosa, persistente, se transforma en materia de trabajo y en registro de memorias, donde lo cotidiano adquiere una dimensión histórica y cultural.

La propuesta se desarrolla a partir del desplazamiento y reorganización de esos materiales, trasladando al espacio expositivo una abundancia que oscila entre lo íntimo y lo colectivo. Leblebidjian se aproxima al proceso de modo casi arqueológico, aunque elaborando un método propio: observa, clasifica y dispone los objetos como fragmentos de un relato en suspenso, que al reorganizarse en el presente habilitan nuevas lecturas. Este gesto se enlaza con lo que la artista denomina una “arqueología subjetiva”, en la que la exploración del pasado se convierte en un ejercicio de memoria activa.

La instalación se concibe como una obra abierta, dependiente de su montaje y de su diálogo con el espacio arquitectónico. El gesto de desplegar y multiplicar los objetos busca ensayar un nuevo orden en el que la acumulación deja de ser mero resto para adquirir un carácter poético y reflexivo.

En el trasfondo de este trabajo aparece una reflexión sobre la herencia y el resguardo, vinculada a la historia migrante de la familia armenia de la artista, marcada por el exilio forzado durante el genocidio. La persistencia de los objetos, aun desprovistos de función, remite a una lógica transmitida generacionalmente: conservar frente a la pérdida, sostener lo que queda como forma de resistencia al olvido. Como ha señalado la teoría del archivo, todo acto de conservación implica también una lucha contra la desaparición. En esta clave, la acumulación puede entenderse no como exceso, sino como respuesta ante la fragilidad, como intento de preservar aquello que amenaza con desvanecerse.

La obra articula así una tensión entre lo material y lo inmaterial: entre la densidad de lo que permanece en el plano de lo terrenal y la levedad de lo que parece elevarse hacia otra dimensión. En esa dialéctica se inscribe una pregunta sobre lo frágil y lo perecedero, pero también sobre la fuerza de lo que insiste en perdurar.

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