Enero 2026

Por qué no debemos inmolarnos por los hijos

Por Micaela Gisbert, licenciada en Educación y Comunicación Social

Hoy te voy a decir algo incómodo: inmolarnos por los hijos no nos convierte en mejores padres… nos convierte en padres ausentes de nosotros mismos.

Porque todos, en algún momento, caemos en la idea de que ser un buen padre, una buena madre o un buen adulto referente consiste en darlo todo. Absolutamente todo. Tiempo, energía, paciencia, sueño, salud, espacio personal. Todo. Pero la verdad es que la inmolación emocional no es amor. Es desgaste. Y ese desgaste termina impactando justamente en quienes más queremos proteger.

Nos vendieron la idea de que un buen adulto está siempre disponible, siempre presente, siempre fuerte, siempre entero. Pero eso es imposible. Nadie puede sostener sin pausa. Nadie puede cuidar sin cuidarse. Nadie puede contener si está vacío por dentro. Un adulto que se inmola no se vuelve más amoroso. Se vuelve más frágil, más irritable, más explosivo.

Cuando dejamos de lado nuestro descanso, nuestra salud emocional, nuestros espacios; cuando todo se subordina a las necesidades de los hijos, nos quedamos sin energía, sin paciencia, sin límites internos, sin alegría. Y desde ese lugar es imposible acompañar bien. Un adulto agotado no educa: reacciona. Un adulto vacío no contiene: explota. La inmolación emocional genera exactamente lo que queríamos evitar.

Y hay algo todavía más importante: el mensaje invisible que reciben los hijos. Cuando ven que siempre estamos, sin límites, sin pausa, sin espacio propio, no aprenden “soy amado”. Aprenden que el otro está para sacrificarse por mí. Aprenden que mi necesidad va primero, siempre. Aprenden que el adulto no tiene límites. Aprenden que el mundo gira alrededor de lo que sienten ahora. Y nada de eso los prepara para la vida real, que necesita frustración, espera, límites y reconocer al otro como un otro.

Los hijos no necesitan adultos perfectos. Necesitan adultos reales y disponibles emocionalmente. Disponibles no siempre significa presentes físicamente. Significa enteros. Significa con recursos. Significa sin explotar por dentro. Cuando un adulto se cuida, educa mejor. Cuando un adulto descansa, regula mejor. Cuando un adulto pone límites a su desgaste, enseña límites de vida.

Pensalo con esta imagen: un barco tratando de rescatar a otro en medio de una tormenta. Para salvarlo, necesita motor y necesita estructura. Si el barco está destrozado, no rescata a nadie. Se hunde con el otro. Eso mismo ocurre con nosotros. Un adulto que se sostiene puede sostener. Un adulto que se inmola, se hunde.

Cuidarte no es egoísmo. Cuidarte es amor. Cuidarte es responsabilidad emocional. No venimos a desaparecer por los hijos. Venimos a acompañarlos desde la presencia real. Porque los chicos no necesitan sacrificios: necesitan adultos sanos. Esa es la verdadera forma de amar.

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