Octubre 2026

La despedida de Die Toten Hosen de la Argentina: la banda de punk rock alemana jugó de local, y con emoción, en el Movistar Arena

Las despedidas tienen siempre algo en común. Ya sea un evento deportivo, como lo del inabarcable Leo Messi o un no menos sentido adiós musical como los de Sepultura o Die Toten Hosen, siempre se siente el inconmensurable paso del tiempo como disparador de emociones profundas y sinceras.

En un Movistar Arena repleto, Die Toten Hosen cerró esta particular semana de despedidas masivas del público argentino. Luego de girar por Rosario y Tandil la semana pasada -en ambas fechas ante espacios llenos-, los alemanes más argentinos del mundo tuvieron su merecida liturgia ante un público que en este caso pareciera ser algo más que “el mejor público del mundo”: esto es una verdadera happy family; es emocionante y sorprendente la simbiosis de la banda con sus seguidores locales.

Acá no hay barreras idiomáticas que compliquen la relación -en parte gracias a la voluntad del frontman Campino y del guitarrista “Breiti” Breitkopf de comunicarse en castellano-, de hecho, y respetando una tradición de años, unos 2000 fans alemanes se hicieron presentes en el recinto de Villa Crespo para festejar en comunidad junto a sus pares argentinos.

Esta historia de amor aditivada a cerveza lleva 34 años: los Die Toten Hosen llegaron a Buenos Aires en medio de lo que fue una suerte de primavera punk a comienzos de los ’90, con Ramones ya instalados como clásicos locales y en un gran momento de la escena vernácula. Desde aquella primera gira en la que tocaron en Halley compartiendo cartel con Pilsen, la banda del recordado Piltrafa, cantante de Violadores, la relación de los teutones con la Argentina fue sumando intensidad.

La banda alemana liderada por el carismático Campino se presentó la semana pasada en Tandil y Rosario, para hacer su cierre en el estadio de Villa Crespo.

La improbabilidad de esta relación idílica tiene un comienzo a la altura de los eventos. En la fila para retirar las acreditaciones del show, el Tucán, guitarrista de Pilsen y parte de la historia de los Hosen en el país, cuenta que Michael Reichel, contador y el primer manager de los Hosen en Argentina, llegó a nuestro país en los tempranos ’90 luego de que su empresa en Alemania lo destinara al exterior: eligió Buenos Aires sobre Nueva York porque como estaba cerca de Brasil “seguramente haya mucha playa y palmeras”.

De aquella presentación mítica junto a Pilsen en Halley a este Movistar Arena completamente vendido -y al Teatro Vorterix del pasado fin de semana, show sorpresa que se agotó en cuestión de minutos-, toda una carrera ejemplar en la que conviven más de treinta discos -entre referencias de estudio, discos en vivo y compilaciones-, fue tomando forma.

Andreas Frege

Más allá de referencias discográficas fueron los guiños del grupo con el fandom nacional -en forma de shows sorpresa, giras por todo el país, covers de bandas argentinas grabados en castellano, un álbum en vivo grabado acá que fue éxito masivo en Alemania o el uso de su seudónimo porteño “Los Tito de Once”– lo que los convirtió en unos favoritos de los punks locales.

Un adiós inolvidable

En la previa al horario indicado del show, la atmósfera en las inmediaciones del estadio de Villa Crespo destilaba esa mezcla de sensaciones particular que aparece en las últimas veces. El caos punk se ve hoy en día bastante organizado, es que los años, también para los punks, no vienen solos. Pero más allá de la edad promedio de los concurrentes, ahora todo es más ordenado y difícilmente se pueda comparar este ambiente casi familiar con aquellas jornadas de shows de unos Hosen salvajes y vestidos de colores estridentes en antros como La Rosa, Dr. Jekyll o Museum.

Las cervezas ya no se toman del pico, ahora se hace fila ordenadamente para comprarlas, pero estos detalles modernos no detienen la pasión que despierta el subgénero musical más visceral del rock.

Hubo un ida y vuelta incesante entre los músicos y el público: se diluyeron las fronteras, entre música y guiños.

Y hablando de edades, es llamativo el estado de Campino, quien ya entrado hace rato en sus sesentas sigue vigente y firmemente plantado en el escenario. Una suerte de tío borrachín anarquista pero con charmé de sobra que, aparte, funciona como un cebador masivo para un público que corea y poguea todo, tomando en cuenta que para esta ceremonia no habrá un mañana.

El Movistar Arena se convierte en una olla a presión. Vuelan cervezas en las primeras filas y el público da más y más. En un show de más de dos horas, la intensidad no baja nunca. Nadie quiere perderse un grito, un acorde, cualquier guiño es el último de los Tito en Buenos Aires.

La híper eficiencia alemana no quita espacio al sentir ni al pulso orgánico de unas canciones que son parte del ADN del punk argento. Suenan algunos de los himnos eternos por última vez: “onnie & Clyde, Altes Fieber, Liebeslied, Paradies ponen todo patas arriba al igual que el resto de la treintena de temas que suenan esta noche. Como si eso fuera poco, homenajean a Ramones y The Clash.

Campino se convierte en el canal de comunicación perfecto entre público y banda, nadie quiere que esta relación se termine, pero todos saben sacar el máximo a esta última ocasión que se convierte en una celebración binacional: pasan por el escenario Ciro y Luciano de Attaque 77 (¡juntos!) para Donde las águilas se atreven, el Mosca de 2 Minutos en Ya no sos igual y Sergio Gramática canta en Represión de Los Violadores, de quienes ya habían tocado el eterno 1, 2, ultraviolento.

Al margen de estas versiones locales, Die Toten Hosen es la única banda capaz de convertir canciones en alemán en canciones de “las que sabemos todos”.

Luego de un largo y dedicado saludo a cada rincón del recinto y de un discurso preciso de Breiti en el cual no se olvidó de mencionar a Ramones y a Piltrafa como artífices fundamentales de esta historia imposible, el amargo final se hizo presente. Las lágrimas de desarraigo de Campino lo dicen todo.

El periodista y productor Facundo Llano soltó una máxima difícil de contestar en aquella fila para las acreditaciones: “Ésta es la historia de amor más grossa de una banda de afuera con el público argentino, ni Ramones, ni Megadeth, ni King Crimson”. Tiene razón, aunque es probable que debamos pensar si los Hosen realmente cuentan como banda de afuera.

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