Durante mucho tiempo, el módem que entregan las empresas de internet fue suficiente para conectar una computadora y, con suerte, algún celular. Pero durante los últimos años, el escenario cambió por completo. Hoy hay televisores, cámaras, parlantes, consolas y electrodomésticos conectados de manera permanente a la red doméstica. Y eso hace que la demanda sea mucho más alta.
Ese crecimiento dejó en evidencia una limitación clave. Los equipos que instalan las compañías ISP (Internet Service Providers, proveedores de internet) suelen estar pensados para funcionar rápido y sin intervención del usuario, no para ofrecer buen alcance, opciones avanzadas ni un nivel alto de seguridad. Son prácticos, pero básicos.
El problema no es sólo la velocidad. En muchos hogares, el Wi Fi se vuelve inestable, pierde señal en habitaciones alejadas o se satura cuando se conectan muchos dispositivos al mismo tiempo. A eso se suma un punto menos visible pero más delicado: la protección de la red.
Usar un router propio no implica reemplazar el servicio de la empresa, sino complementarlo. Y hay que tener claro que el módem sigue siendo necesario para recibir la conexión, pero el router pasa a ser el cerebro de la red doméstica. Es una decisión cada vez más común y, bien configurada, mejora la experiencia diaria y reduce riesgos.
Qué diferencia a un router propio del equipo que entrega la empresa

El módem de la compañía cumple dos funciones al mismo tiempo. Recibe la conexión de internet y reparte Wi Fi dentro del hogar. En la práctica, esa doble tarea se resuelve con hardware limitado y configuraciones cerradas. Por eso, en realidad, muchas veces no hay que considerar al módem como la mejor opción para la conexión inalámbrica de la casa.
Un router dedicado está pensado exclusivamente para administrar la red interna. Tiene mejor potencia de señal, más antenas, mayor capacidad para manejar muchos equipos conectados y opciones de seguridad más avanzadas. También recibe actualizaciones con más frecuencia.
Otro punto clave es el control. Con un router propio se puede crear una red separada para invitados, priorizar ciertos dispositivos, bloquear accesos sospechosos o limitar horarios de conexión. En los equipos de las empresas, esas funciones suelen no existir o estar ocultas.
En términos de seguridad, la diferencia es importante. Muchos módems mantienen contraseñas genéricas, puertos abiertos o configuraciones antiguas. Un router moderno permite cerrar esos accesos y reducir la superficie de ataque de la red hogareña.
Equipos como el Router Tp-link Archer Ax55 Pro AX3000 Wifi 6 o el Tp-link Router Gigabit Wifi 6 Dual Band Ax3000 Archer Ax55 representan opciones con Wi Fi 6 para casas con varios dispositivos conectados.
Si se buscan alternativas más accesibles, el Tenda F3 300mbps y el Mercusys MW305R V2 blanco cubren necesidades básicas con buen desempeño en redes pequeñas o medianas, y el 2P Mercusys mr50g AC1900 Gigabit o el Ruijie Reyee Rg-ew1200 Router Ac1200 Mesh combinan cobertura más amplia y estabilidad en casas con muchos equipos.
En general, las marcas TP Link, Mercusys, Tenda y Ruijie suelen aparecer entre las más populares y con opciones para diferentes presupuestos y necesidades.
Paso a paso cómo usar un router propio sin perder la conexión

El primer paso es mantener el módem de la empresa, pero dejarlo solo como puente. Esto suele implicar activar el modo bridge desde la configuración del equipo o pedirle a la compañía que lo haga.
Luego hay que conectar el router propio al módem mediante un cable de red. A partir de ese momento, todo el Wi Fi del hogar debe salir exclusivamente desde el router nuevo, no desde el equipo del proveedor. En general, los routers comerciales traen aplicaciones que permiten administrar las redes desde el celular: desde ver quién está conectado, limitar el uso y expulsar a intrusos hasta crear redes exclusivas para invitados.
En la configuración inicial conviene cambiar el nombre de la red y la contraseña, usar cifrado WPA2 o WPA3 y desactivar funciones innecesarias como el acceso remoto. También es recomendable actualizar el firmware (el programa que viene de fábrica) del router apenas se instala.
Por último, se pueden sumar ajustes opcionales como crear una red para invitados, activar controles parentales o revisar qué dispositivos están conectados. Son pasos simples que mejoran la seguridad sin complicar el uso cotidiano.
Una mejora silenciosa que se nota todos los días

Usar un router propio no es un lujo ni una solución extrema. Es una forma práctica de adaptar la red del hogar a la realidad actual, con más dispositivos, más uso y más riesgos.
La combinación de módem de la empresa más router propio ofrece mejor señal, mayor estabilidad y más control. También reduce las chances de intrusiones y problemas difíciles de detectar.
No requiere conocimientos técnicos avanzados ni grandes inversiones. En muchos casos, es la diferencia entre convivir con cortes y lentitud o tener una conexión confiable y segura todos los días.