En 1976, Hollywood estaba «en su salsa» con la popularidad de historias donde los protagonistas eran antihéroes. El «nuevo Hollywood» era dominado por directores como Martin Scorsese y Francis Ford Coppola, quienes crecieron viendo la belleza oscura del cine noir. Sin embargo, para el ’76, una modesta película sobre un boxeador de poca monta de Filadelfia se alzó para redefinir el «sueño americano» y conmover a millones en todo el mundo.
«Rocky», además de ganar el Óscar a la Mejor Película, catapultó a un desconocido Sylvester Stallone al estrellato mundial y se convirtió en un faro de esperanza para muchos. Sin embargo, detrás de la luz siempre hay oscuridad. Una muy oscura, la cual fue representada por un guion depresivo y cínico, propio de una época consumida por el escepticismo.
Rocky (1976) Dir. John G. Avildsen pic.twitter.com/IprT9f9XAE
— Amazon MGM Studios (@AmazonMGMStudio) November 21, 2025
La creación de Rocky es una leyenda en sí misma: Stallone, un actor en quiebra que dormía en las paradas de autobús y luchaba por vender guiones, escribió la historia en un frenesí de tres días tras presenciar la memorable pelea de Chuck Wepner vs Muhammad Ali. La película se convirtió en su billete de oro, pero no sin antes un conflicto creativo con un alto costo personal y narrativo. El Rocky Balboa inicial era un personaje inherentemente más áspero, y su destino, lejos de la gloria inspiradora que conocemos, era la resignación, una cruda elección que reflejaba el tono pesimista que dominaba la cinematografía de los ’70.
El final original de Rocky: perder intencionalmente y abrir una tienda de mascotas
La diferencia más grande entre el guion original de Stallone y la versión que llegó a las salas reside en el clímax de la pelea contra Apollo Creed. En el borrador inicial, Rocky no buscaba la victoria moral. Su motivación era pragmática en consonancia con la época: la idea era ganar suficiente dinero para retirarse del negocio y abrir una tienda de mascotas con Adrian.
Lo impactante es que, en esta versión, Rocky decidía perder intencionalmente la pelea. En la visión de Stallone, esta decisión no era una farsa por apuestas, sino un acto de rechazo categórico al mundo del boxeo profesional, que él percibía como lleno de «odio y corrupción». Su objetivo ya no era demostrar su valía, sino escapar de un sistema que lo consumía, optando por una vida sencilla y honesta fuera de los focos.
La toma del final original de «Rocky», donde Balboa y Adrian salen del estadio agarrados de la mano, terminó como uno de los posters oficiales de la película.Al final, el Balboa original no estaba de pie, gritando por Adrian. En su lugar, el guion terminaba con él y Adrian caminando de la mano por el túnel del estadio hacia el estacionamiento, alejándose del rugido de la multitud que coreaba el nombre de Apollo. La imagen, que incluso llegó a filmarse y se usó en algunos posters promocionales, era la de una derrota elegida y la resignación silenciosa, sellando el destino de la pareja con la promesa de ser dueños de una tienda de mascotas.
Personajes grises y depresivos: el entrenador que pudo ser un villano
La oscuridad no se limitaba al protagonista. Otros personajes fundamentales en la mitología de Rocky también recibieron un tratamiento mucho más sombrío.
De izquierda a derecha: Sylvester Stallone y Burgess Meredith (Mickey Goldmill) en una de las escenas de la película de «Rocky». Foto: United ArtistsMickey Goldmill, el malhumorado pero querido entrenador (interpretado por Burgess Meredith), fue inicialmente concebido por Stallone como “un hombre muy enojado y racista”. La intención original era mostrar un personaje aún más marginal y desagradable, acorde con el contexto urbano crudo en el que se movía Rocky.
Stallone mismo lo reconoció en entrevistas: “El personaje era muy oscuro. De hecho, abandona la pelea al final. Y el propio Mickey resulta ser un hombre muy iracundo y racista. Y la razón por la que Rocky abandona la pelea es porque no quiere involucrarse en este mundo”.
Un final reescrito: el giro impuesto por el amor y los productores
El cambio de rumbo narrativo no fue un capricho. La primera persona que leyó el guion y expresó su desagrado fue la entonces esposa de Stallone, Sasha Czack, quien encontró al personaje «desagradable» y la historia «demasiado deprimente».
Finalmente, tanto los productores como las audiencias de prueba coincidieron: el final cínico socavaba el verdadero núcleo emocional de la historia. Rocky, en esencia, era una historia sobre la autovaloración y el triunfo moral, no una diatriba sobre la corrupción del deporte.
La icónica toma de Sylvester Stallone en las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia. Foto: United ArtistsEl final que todos conocemos -donde Rocky «llega hasta el final» sin bajar los brazos y sella su amor con Adrian- fue reescrito y vuelto a filmar. Esta versión inspiradora, además de convertir a la película en un éxito de taquilla y crítica, cimentó su legado como un clásico atemporal y de culto.
Al final, la victoria moral en la pantalla grande fue mucho más poderosa que la deportiva. Gracias a esa decisión de abandonar la oscuridad del cine noir de los ’70, Stallone pasó de ser un actor en la quiebra, al borde de la calle, a una de las superestrellas más grandes de Hollywood. El final inspirador de Rocky no solo le dio un Óscar, también le otorgó un nuevo destino. Sin ese cambio crucial, el guion sombrío -posiblemente- se habría hundido en la taquilla, y la historia de Sylvester Stallone quizá nunca habría salido de las calles marginales de Filadelfia.