Enero 2026

«Astor, Piazzolla eterno» recrea la vida del genial bandoneonista con música y baile sobre el escenario del Colón

Un nombre a esta altura indiscutido: Astor Piazzolla. El mejor lugar de la Argentina para escuchar música: el Teatro Colón. Y un género que, a priori y desde el más puro prejuicio, podía llegar a funcionar para una trampa para esos dos nombres propios gigantescos: el musical estilo Broadway, con orquesta, cantantes y bailarines. Entonces, ¿cómo funciona ese menú de 85 minutos, en donde se cuenta la vida y la obra del marplatense más famoso? Con una solvencia y una seguridad dignas de un espectáculo de nivel internacional, que tras ese estreno porteño bien puede salir de gira por América Latina y España, y salir más que airosos de la experiencia. Y, lo mejor, sin hacerle caso a uno de los ítems con los que Piazzolla supo instruir a sus músicos en su famoso Decálogo: “Considerando que el conjunto debe ser únicamente escuchado por el público, no se actuará en bailes”.

Astor, Piazzolla eterno narra de manera cronológica y de menor a mayor, el paso del bandoneonista por el Planeta Tierra con dos focos muy claros. El primero es la supuesta imposibilidad, en la Era de Oro del género, de cambiar musicalmente al tango. Y la segunda es su tozudez para, peleando contra viento y marea, lograr ese objetivo trazado. Para aquellos avezados en la biografía de Piazzolla, el espectáculo puede tener algo de Piazzolla para principiantes, y algo de eso hay.

Pero la manera en que ciertos hechos están narrados (el encuentro de Astor y Gardel en Nueva York o el modo en que se entera de la muerte de su padre, hecho que le sirve de inspiración para componer Adiós Nonino, por ejemplo) hace que ese pensamiento salga de inmediato para caer en un disfrute genuino. Hay un antes y un después metafórico en el que siempre se hace hincapié al señalar que, antes de la aparición de Piazzolla, el nombre Astor no existía.

Hay una decisión de dirección (de Emiliano Dionisi) que vale la pena destacar. Si bien durante el desarrollo de la obra todo el reparto rota por diferentes personajes, al mismo tiempo tanto las actrices como los actores son, en algún momento, Astor Piazzolla. Esto hace que la dinámica del musical siempre cuente con un recurso inesperado, para sorpresa del espectador. El momento en el que Piazzolla se entera de que es ganador de una beca para estudiar con Nadia Boulanger (otro quiebra aguas dentro de su vida) sirve como un buen reflejo al respecto.

En algún momento de la puesta, todos los actores son Astor Piazzolla por un ratito. Foto: Prensa / Juanjo Bruzza

Dentro de lo netamente musical, la orquesta dirigida por el pianista Nicolás Guerschberg es impecable. La interpretación de Adiós Nonino fue la prueba de fuego superada con creces, con el violín haciéndose cargo de la segunda parte de la melodía principal de una manera conmovedora. Algo similar ocurrió con la voz de Belén Pasqualini en Balada para un loco, un tema que desmiente, como la Selección de fútbol holandesa de 1974, el dicho de que nadie se acuerda de los segundos puestos, ya sea en los mundiales o en los concursos de canciones.

Hacia el final, tras la operita María de Buenos Aires, el relato se acelera, la salud de Astor se deteriora, y hay un recorte de su historia un tanto caprichoso que privilegia ciertos hitos (sus recitales en el Colón y en la Avenida 9 de Julio) por sobre otros (su mítico show en el Central Park neoyorquino, su acercamiento al rock con su Octeto Electrónico). El hit Libertango merece un comentario aparte: se dice que se baila en las discotecas y que es “el peor Piazzolla”, pero se ignora mencionar a la gran Grace Jones, que fue quien llevó la tonada a las pistas (y de quién Piazzolla, quizás muy de acuerdo con las numerosas regalías de la canción, jamás hizo mención alguna).

La obra incluye baile y desafía uno de los puntos del Decálogo de Astor para sus músicos: “Considerando que el conjunto debe ser únicamente escuchado por el público, no se actuará en bailes”. Foto: Juanjo Bruzza

Quizás ése hubiese sido un final mejor, pero eso entra dentro de la categoría de los caprichos personales de cada uno. Astor, Piazzolla eterno es un show al que el Teatro Colón, a veces tan poco cuidado con propuestas que no están a su inmenso nivel, le queda muy bien. Nada más, y nada menos.

Ficha

Calificación: Muy bueno

Autor, puesta en escena y dirección: Emiliano Dionisi Arreglos y dirección musical: Nicolás Guerschberg Dirección artística: Tato Fernández Reparto: Natalia Cocuiffo, Nacho Pérez Cortés, Federico Llambí, Belén Pasqualini, Rodrigo Pedreira, Alejandra Perlusky, Francisco González Gil (actores), Ale Andrian y Victoria Galotto (bailarines) Producción: Teatro Colón y RGB Entertainment Funciones: de martes a domingos, hasta el 8 de febrero, en el Teatro Colón.

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