“Yo tengo una ilusión: que es que mi obra se escuche en el 2020 y en el 3000. A veces estoy seguro, porque la música que hago es diferente”. Corría el año 1989 Cuando Astor Piazzolla disparó esta definición en una entrevista, logrando por lo menos dos premoniciones.
La primera y más obvia (con una exactitud que asombra) es la que se vive nada menos que en el Teatro Colon desde el sábado 24 de enero (de martes a domingo hasta el 15 de febrero) con El musical Astor, Piazzolla Eterno, que se consolida como uno de los grandes acontecimientos culturales de 2026, superando las 40 mil entradas vendidas incluso antes de su estreno.
Y la segunda es ubicar en el 3000 todavía las injusticias y mediocridades del mundo. El siglo pasado, el tango Cambalache se cantaba “en el 2000 también”, porque así fue escrito, pero los juglares del nuevo milenio tuvieron que cantar “En el 3000…”, porque nada había cambiado tanto. Pareciera que Astor ya lo esperaba.
Volvamos a la magia de lo que ocurre en el Colón. El espíritu revolucionario y rupturista del creador de Adiós Nonino y Libertango inunda el aire del escenario argentino por excelencia con una propuesta artística de alto impacto que combina la potencia visual, musical y emocional de la obra del compositor a través de la puesta en escena y dirección de Emiliano Dionisi, dirección musical de Nicolás Guerschberg, y dirección artística de Tato Fernández.
En charla con Clarín, estos directores cuentan cómo es homenajear a uno de los hombres más amados de la cultura nacional que tomó la valiente decisión de cambiar el tango para siempre, por más “Maquiavelos y estafaos” que rebuznen.
Un viaje al inconsciente

-¿Cómo es hacer arte con la carrera y la vida de alguien que corrió para siempre la definición del tango? ¿Qué nos pueden contar del espectáculo Astor, Piazzola Eterno?
Dionisi: Es como si nos metiésemos en el inconsciente de una persona y así ver toda una lógica de la creatividad de los genios. En ese ese mundo donde todo se multiplica, se magnifica, se embellece, se enloquece, se pone áspero, se pone rudo y violento y se pone bello hermoso, sutil y cariñoso.
Bueno, todo eso pasa en la cabeza de una persona con el talento y la sensibilidad de Astor. Desde que se abre el telón, la idea un poco es un viaje al inconsciente de uno de los artistas que, portándose mal, marcó uno de los hitos más grandes en la historia nacional, creando una forma completamente distinta de hacer tango.
-Me gustó la definición de “portarse mal”. Porque no había forma de portarse peor en pleno siglo XX que tocar las estructuras del tango
Dionisi: Sin dudas. Él decía: «Los grandes problemas que yo tuve en la vida fue por haberme atrevido a cambiar el tango”. Imagínate, se metió con algo nodal de la idiosincrasia argentina. Y lo transformó y lo expandió y lo embelleció. Y lo cambió. Claro que lo cambió.
Guerschberg: Llegó a ver el principio de aceptación de esa lucha que le costó la vida. Sí, la vida entera. Llegó a ver ese cambio primero afuera y después acá, como pasa muchas veces. Llegó a ver la punta del iceberg de lo que fue después, por aproximadamente 10 años de éxito, de ser reconocido, de tener encargos de todo el mundo para componer, para viajar, etc.
Pero después de muerto, como pasa muchas veces con los grandes artistas, fue una explosión, y 35 años después, es uno de los grandes artistas celebrados del mundo.

Un artista sin límites
-¿Y cómo es celebrarlo en 2026?
Dionisi: Una de las mayores virtudes de Piazzolla con respecto a su legado fue subvertir todo el tiempo la expectativa. Ir en contra de lo que se esperaba, todo el tiempo, incluso de un trabajo al otro. Entonces, hacer un espectáculo sobre ese personaje ya era un desafío en sí mismo.
Sabíamos que teníamos que honrar su legado, sabíamos que teníamos que hacerlo brillar, pero también hacerlo vibrar en el presente. Me parece que el espectáculo lo busca en su dinámica, que es una dinámica también teatral, es una dinámica muy espectacular visualmente y que sonoramente, buscar precisamente expandir los límites de un simple concierto, mediante la tecnología que se está usando y con el tipo de trabajo que llevó.
-¿Cómo se encontraron cada uno de ustedes con Piazzolla?
Guerschberg: Yo, personalmente, hace muchos años, te diría que prácticamente se fue dando que gran parte de mi trabajo profesional se vio relacionado con el estudio, con la interpretación de esa música,
Más allá de haberlo escuchado de muy chico y admirado, después de joven tuve la posibilidad de tocar en el Quinteto Astor Piazzolla, de armar un grupo como Escaladrum, con Pipi Piazzolla, que es el nieto, digo, siempre muy relacionado en sentido artístico y desde la admiración también, ¿no?
Fernández: Fue de chico, cuando estaba en el cine viendo 12 monos. Y quedé pasmado ¿De dónde viene la música? ¿De dónde salió? ¡Yo quiero eso! Creo que ahí fue la primera vez que identifiqué a Piazzola. Como que me parece que era tipo, ¡ah, ok, listo, esto es otra cosa y me gusta!
Dionisi: En mi caso venia más por el mundo del circo. Yo estuve en la compañía circense hace muchos, muchos años y su música me pareció espectacular para el circo contemporáneo, porque es un viaje, porque tiene sonoridades muy distintas. Me parece que mi acercamiento fue por ahí. Y después es una cosa muy loca que te acompaña medio que toda la vida, es tan vasto su repertorio que todo el tiempo lo estás descubriendo.

-El público que elige ver una obra sobre Piazzolla en el Colón, seguramente no sólo espera sorprenderse, sino que hasta demandará esa sorpresa. Es alguien que sabe bien de qué estamos hablando. ¿Cómo manejan una vara tan exigente?
Dionisi: Sí, tenés razón, es una vara alta, pero también es un trampolín alto el material. Ya la propuesta de hacer algo sobre Piazzolla, era como ok, tenés la vara muy alta y mucha expectativa, pero al mismo tiempo el material base: su vida y su historia, lo que él opina sobre el mundo, y sus composiciones, disparan para tantos lados, que bueno… es un material muy noble para trabajar también y que entusiasma mucho.
-En tiempos de scroleos desatentos y pensamientos cortos de twitter, no sólo hacer a Piazzolla, sino ir a ver la obra de Piazzolla es una declaración de principios.
Guerschberg: No es un espectáculo conformista, no es un espectáculo fácil. Es muy disfrutable, muy emocionante, eso sí, creo que la gente se va a ir con algo muy fuerte, llenos de un montón de emociones multisensoriales, en donde la palabra, la música, la escenografía, la puesta, todo los va a envolver y esperemos que los emocione, porque también hacemos esto para que la gente sienta este esta pasión que nosotros sentimos al al entregar todo para hacer este espectáculo.

-¿Hay lugar para el disfrute de la obra entre tantos desafíos?
Fernández: Imposible no hacerlo. El lugar, Astor, los compañeros… Es un kit Lego imperdible. ¿Cómo no vas a disfrutar esta oportunidad?
Dionisi: Sí, yo sí, yo lo disfruté un montón. Ahora estas semanas que todo apareció y todo tenía que avanzar al mismo tiempo, me puse más nervioso. Pero me tranquilizaron entre todos, que se iba que se iba a acomodar y dicho y hecho.
Guerschberg: Creo que sería desagradecido si no disfrutara. Porque tener esta posibilidad tan hermosa y tan única. ¡Estamos en el Colón haciendo a Piazzolla!
-Me imagino que hubo un desafío muy grande en transformar esa música, tan compleja y tan llenas de matices, de búsquedas, de cambios de atmósferas y de sorpresas en imágenes, en una obra teatral.
Dionisi: Fue un trabajo mancomunado. En principio, yo intenté que desde el libreto ya la forma de narrar esté inspirada en su forma de componer. Con muchísima humildad, ¿eh? Simplemente, teniendo en cuenta el tipo de búsqueda que no sea un relato lineal y naturalista y en ese sentido, Nico fue sumando un montón de piezas que sentía que tenían que estar más allá de los hits.
Y después Tato trajo un montón de sketches. Lo lindo de Tato también es que hace unos trabajos espectaculares digitales. Y la verdad es que todo el equipo, la coreografía, la iluminación, , la coreografía, el vestuario de, me parece que todos fueron sumando una parte a este universo que todos entendíamos que era muy particular.
Fernández: Era el desafío crear un espacio que es pero a la vez no es nada especifico.. Estos Piazzollas que están ahí habitando y van narrando toda la vida. Creo que el encanto era ese, que sea un poco loco. Por eso también usar una pantalla en el Colón significa como medio como romper un poco las estructuras
Dionisi: ¡Y qué pantalla!
Fernández: Y tenemos una pantalla que es multiforme, que no tiene ni principio ni fin y lo que la tratamos a hacer es usarla como si fuesen maniobras de teatro. Todo se mueve como si estuviese ahí. No son visuales, no es que son unos calidoscopios locos que se mueven al ritmo de la música de hoy. La idea es siempre estar acompañando el momento y respetar el espíritu del teatro.

-No había forma de homenajear a Piazzola sin correr riesgos.
Fernández: Fue lo primero que dijimos, aun sabiendo que nos iban a matar. Es una pantalla que tiene como una curva especial que simula ser un bandoneón, que está como que si lo estuviesen apretando, como doblando por la música también. Y bueno, es loco, pero tiene que ser loco, tiene que ser disruptivo.
Dionisi: Hay una frase de Piazzolla que cito todo el tiempo: “Mi deber es hacer cosas y tener coraje”. Me la escribí en mi pizarra mientras estuve desarrollando este espectáculo todo el tiempo. Hacer cosas y tener el coraje. Correr los límites, correr los límites incluso del género musical, ¿qué es? ¿Es un recital? ¿ es una obra de teatro? ¿Qué es? Y bueno, es esto.
-Es Piazzolla.
Dionisi: Es Piazzolla, ojalá sea Piazzolla y mucho más.