La imagen se repitió en las canchas principales del Melbourne Park y terminó convirtiéndose en una de las polémicas más comentadas del Abierto de Australia.
Antes de empezar a jugar, jueces de silla les pidieron a figuras como Carlos Alcaraz, Aryna Sabalenka y Jannik Sinner que se sacaran una pulsera negra que llevaban debajo de la muñequera. No era un accesorio cualquiera: se trataba de Whoop, un dispositivo tecnológico diseñado para monitorear el rendimiento físico de atletas de elite.
El episodio que más repercusión tuvo fue el de Alcaraz, obligado a sacarse la pulsera en pleno precalentamiento. El video se viralizó y reavivó un debate que cruza deporte, reglamentos y tecnología: si el dispositivo está certificado por los organismos que regulan el tenis, ¿por qué no puede usarse en un Grand Slam?
“Son reglas del torneo. No se puede jugar con ella. Son cosas que te ayudan a cuidarte más, a controlar mejor el descanso, los entrenamientos, la carga… pero bueno, no he podido jugar con ella, no pasa nada. Se quita y a seguir”, explicó el español, que le bajó el tono a la controversia.

Whoop no es un reloj inteligente ni una smartband tradicional. No tiene pantalla, botones ni notificaciones. Su objetivo es único y concreto: recolectar datos biométricos de manera continua para analizar el estado físico del usuario.
La pulsera registra variables como frecuencia cardíaca, esfuerzo físico, recuperación, oxigenación de la sangre, temperatura de la piel, frecuencia respiratoria, presión arterial y calidad del sueño. Toda esa información se sincroniza por Bluetooth con una aplicación, donde se procesa a través de algoritmos propios y se presenta en informes detallados.
El sistema está orientado principalmente a deportistas de alto rendimiento. En el circuito profesional de tenis es habitual: Sabalenka es embajadora de la marca y contó que la usa para “chequear sus niveles de estrés entre partidos” y detectar cuándo entra en “zona roja” para planificar mejor los descansos. También la utilizan atletas de otras disciplinas, como Cristiano Ronaldo y LeBron James.
Jannik Sinner explicó qué busca con ese seguimiento. “Hay ciertos datos que nos gustaría monitorear en la cancha. No son para usarlos en vivo. Es más para ver después del partido. Y usarlos también en los entrenamientos, porque a partir de ahí se puede practicar con la frecuencia cardíaca, las calorías quemadas y todo tipo de cosas”, señaló.
Más allá del alto rendimiento, Whoop también puede ser utilizado por personas que no son atletas profesionales, aunque su enfoque sigue estando puesto en el seguimiento detallado del cuerpo. En ese caso, la pulsera permite observar cómo impactan el trabajo, el estrés, el descanso y la actividad física cotidiana en variables como el sueño, la recuperación y el esfuerzo diario.
La información no apunta a contar pasos ni a mostrar notificaciones, sino a detectar patrones: cuánto se descansa realmente, cómo responde el organismo a jornadas exigentes o qué hábitos influyen en el nivel de recuperación.
Por ese perfil y por su costo, no está pensada como una pulsera de fitness masiva, sino para usuarios interesados en analizar su salud y su rendimiento diario con mayor profundidad.
Por qué Whoop está prohibida en los Grand Slam

La controversia no gira en torno a la recolección de datos, sino a la posibilidad de recibir información en tiempo real. La WTA aprobó el uso de wearables en 2021, cuando firmó un contrato plurianual con Whoop. La ATP siguió el mismo camino en 2024.
La Federación Internacional de Tenis (ITF) también certificó el dispositivo, pero con una condición clave: que la función de retroalimentación háptica (vibración) esté desactivada de forma demostrable.
Según explicó la ITF, esa función podría permitir que entrenadores influyan en las decisiones del jugador durante el partido o que el propio deportista reciba alertas sobre su carga física, lo que implicaría una ventaja competitiva. En los Grand Slam, donde no siempre es sencillo verificar que esa opción esté apagada al inicio del encuentro, la decisión fue directamente prohibir su uso.
“El dispositivo posee capacidades de retroalimentación háptica (vibración), que deben ser desactivadas de manera demostrable por el jugador para su uso”, aclaró la federación. El Abierto de Australia confirmó que ese es el motivo de la restricción, aunque señaló que el tema está siendo evaluado.
Desde la empresa reaccionaron con dureza. “Whoop fue creado para atletas. Sin pantalla. Siempre activo. Mejora el rendimiento. De eso se trata. Quitarles esa información a los atletas es como pedirles que jueguen a ciegas”, sostuvo la compañía en un comunicado.
Su fundador y CEO, Will Ahmed, fue más tajante: “Ridículo. Whoop está aprobado por la Federación Internacional de Tenis y no presenta riesgos de seguridad. Dejen que los atletas monitoricen sus cuerpos. ¡Los datos no son esteroides!”.
Whoop: precio y disponibilidad en Argentina

Whoop no se compra como un gadget tradicional. La empresa comercializa una suscripción anual que incluye el dispositivo y el acceso completo a la plataforma de análisis de datos.
Actualmente existen tres tipos de membresías, con precios que van desde 149 hasta 359 dólares anuales, según el nivel del sensor y las funciones incluidas. Además, la compañía ofrece una prueba gratuita de un mes, que permite usar la pulsera y acceder al sistema antes de decidir si se continúa con el servicio.
Si el usuario deja de pagar la suscripción, la pulsera pierde gran parte de sus funcionalidades, ya que el valor central del producto está en el software y el procesamiento de la información.
En Argentina, Whoop no tiene venta oficial ni representación local, por lo que solo puede conseguirse a través de compras en el exterior o intermediarios, con los costos adicionales que eso implica.
SL