Pulmones, dicción, sonrisa. Matteo Bocelli es un prolijo estratega que sigue ese orden en escena. Administra el aire como le enseñó su maestro en casa y hace de la buena pronunciación su ancla. En un universo en los que los cantantes populares de veintitantos juegan a no modular, a deformar las palabras y a no gestionar el caudal de aire, él prioriza esos mandamientos y los corona con un humor lejano a la solemnidad de su padre.
Un equilibrista con mochila deslizándose suave por una cuerda finísima. Intenta mediar entre la lírica y el pop, pero sin copiar a esa catedral de la voz que es Andrea Bocelli. Lo homenajea, se vale del apellido y de la técnica, pero ofrece otra propuesta, un poco más desestructurada, sin perder la brújula de la academia y la elegancia.
El italiano de 28 años educado en el Conservatorio Luigi Boccherini de Toscana brilló en el teatro Coliseo este domingo 1 de marzo, en su primer show en Argentina. Llegó con su Falling in Love World Tour, después de su presentación en el Festival de Viña del Mar y regaló casi dos horas de un repertorio que incluye clásicos en italiano, inglés y español, y canciones propias.
El hit italiano noventoso Mi historia entre tus dedos (Gianluca Grignani), el bolero imbatible Bésame mucho (Consuelo Velázquez), ese caballito de batalla propio que canta con su padre Fall on Me…Fueron casi 20 temas bien intercalados que terminaron en ovación cuando fue el turno de su versión de Gracias a la vida (Violeta Parra). Para el final Bocelli dejó ese puñal de Lucio Dalla que Luciano Pavarotti y su padre Andrea supieron llevar a la gloria, Caruso.
A la hora en que se desarrollaba la apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso entre gritos e insultos, el muchacho que posó para Gucci ofreció un oasis de buenas formas, cortesía y refinamiento. Se atrevió a bajar del escenario para mezclarse con la platea, sacó a bailar a cientos de fans de su padre y terminó metiéndose en el bolsillo a las más de mil personas presentes.
Potencia operística y modernidad
Ese que no niega sus influencias de Ed Sheeran, Elton John y Freddie Mercury dialogó con el público en tres idiomas y contó cómo lo protegió su padre cuando a los 16 le ofrecieron grabar sin tener la preparación adecuada. A pesar de confesar que el español no era su fuerte y de que un enorme grupo de la colectividad italiana le pidiera hablar en italiano, adornó su espectáculo de inglés y de un adorable spanglish.

Puente entre tradición y pop, a muchos Matteo les recuerda a Michael Bublé, pero logra sello propio. Usa su potencia operística y se vuelve un puente entre la tradición y el pop.
Imposible presenciar un show de él sin pensar recurrentemente en el padre, sin compararlo con ese animal lírico que funciona como fantasma, pero Matteo logra un imán desde otro lugar. Un modo de plantarse desde la ternura y la minuciosidad musical.
Si su misión es consolidar una identidad dentro del linaje, Bocelli Junior ya lo está logrando. Hace alarde de su limpieza técnica, de ese protocolo familiar, pero agregándole una cuota de picardía. Bien aprendido, encontró su pulso y se permite romper con algún mandato sin traicionar la esencia.
El pichón de Bocelli demuestra que heredar no es imitar, sino llevar en alto lo recibido, aunque por otro camino.