Los Premios Pinti, que reconocen a lo mejor del teatro comercial, tuvieron su primera ceremonia, en el Teatro Colón.
El musical Charlie y la fábrica de chocolate fue la obra más galardonada, con tres premios, en una noche que contó con reconocimientos, homenajes y hasta un cierre con un premio del público, que quedó en manos de otro musical, Annie.
Desde las 21, el desfile de figuras que pasaban por la alfombra roja (trasmisión de El Trece), hablaban con dos conductoras tan jóvenes, Sofía Kotler y Florencia Ferrero, que convertían en bronce a Arturo Puig. Arturo, un sol de tipo, macanudo siempre, habló algo de su outfit y, como casi todos, se refirió a Enrique Pinti señalándolo como referente absoluto del teatro nacional.
Ahí llegan Dai Fernández y Nico Vázquez, que se muestran con la misma naturalidad que hace unos meses se mostraban Nico Vázquez y Gimena Accardi. “Este año ganamos muchos premios con Rocky, no usamos cábalas, lo que llegue ahora será una yapa”, dijo él, relajado y dando a entender que la obra estaría llegando a su último round.
Por su parte, Moria Casan dijo, arrancando su noche: “El teatro es ritualista, sanador, mágico…”, junto al Pato Galmarini, su pareja.
Así empezaban los Premios Pinti, la nueva distinción impulsada por la Asociación Argentina de Empresarios/as Teatrales y Musicales (AADET) para reconocer lo mejor del teatro comercial argentino. La noche contó con diecinueve categorías, con un jurado integrado por 25 personalidades del periodismo y la cultura.
Camila Peralta, por Suavecita, fue el primer premio de la noche. Lo ganó una obra que pasó del teatro independiente a la calle Corrientes. Después ganó Alejandra Radano, por su trabajo en Company.
Y luego llegó el momento de Rottemberg, que estrenó más de mil obras a lo largo de 50 años de trayectoria como productor y empresario teatral, habiendo comenzado a los 18 años, cuando se emancipó para hacerse cargo del Teatro Ateneo.
En las redes se preguntaban: ‘¿Qué onda chicos? ¿El premio es una teja de techo?’. Shhh que llega el número de Rada, Pablo Fábregas y Dalia Gutmann haciendo un popurrí tributo a Pinti donde no podrá faltar la de «Quedan los artistas», ese tema de cierre de Salsa Criolla con el mensaje de que los gobiernos, las crisis y las modas pasan, pero el arte y los artistas quedan.
Moria Casán subió al escenario como pancho por su casa, Obelisca total, un carbón incandescente, para llevarse su merecido premio a la Trayectoria, segundo de la noche.

«Me enteré que hace 40 años que estoy sin parar en la calle Corrientes”, dijo antes de agradecer. “Agradezco sobre todo a mi salud hermosa para poder llegar a este momento. Nunca falté al teatro porque nunca me enfermé, soy una mostra. Este premio se lo dedico a (Carlos) Rottemberg, que fue una de las personas que me llamaron para hacer algo por fuera de la Revista. Eso fue Brujas y eso fue el comienzo de una nueva etapa en mi vida. Me honra el premio. Y me honra Enrique Pinti».
El nombre de Lorena Vega retomó una explosión en la sala. La actriz que se puso de moda cuando el teatro independiente ya la había coronado reina, ganó como mejor actriz dramática por Imprenteros y La vida extraordinaria.
“Este premio también es de Valeria Lois -compañera en La vida…- aprendí mucho de ella”, dijo y dio el único mensaje de tono político de toda la noche: «Hay un proyecto para derogar dos leyes que defienden al libro y la lectura». Pidió estar atenta.
Adrián Suar presentó a Guillermo Francella con una admiración que, por un momento, pudo diferenciarse de la amistad que deben tener. «Tan rápido pasó el tiempo. Y sí…», razonó el distinguido hablando del reconocimiento a su propia trayectoria.
«El verdadero reconocimiento está en el cariño de la gente. Alguien que te dice ‘gracias’. Esa palabra, para un artista, tiene un enorme valor que perdura en el tiempo. El actor –redondeó- existe porque alguien lo ve, lo escucha. Y ese vínculo no se compra, no se ensaya, solamente se siente».
Rada se metió entre las butacas como si fuera un café concert y en vez de decir “vos” decía “a ver Pablo Codevilla…” y hacía un numerito de close up matemático. Todo esto porque llegaba el momento de la obra elegida por el público, es decir, la más convocante de la temporada. La voz en off presentó a Griselda Siciliani y ella, a su vez, presentó Rocky, la puesta con más de 200 mil espectadores. “Hace más de dos años que trabajamos en este obra con más de 80 personas, entre los que están delante y detrás de escena”, subrayó Nico Vázquez.
Daba una alegría melancólica ver a todos esos actores juntos y entender que el teatro, un espectáculo medieval, todavía sigue siendo algo tan duradero y resistente.
Lars Von Trier estuvo –es un decir- presente en el Colón. El genial director del Dogma 95, un movimiento de cine austero y puro, ganó como comedia del año más convocante por la obra El jefe del jefe, una adaptación teatral de su película The Boss of It. “No podíamos creer que un humor tan retorcido pudiera convocar tanta gente”, se sinceró Diego Peretti que protagoniza junto a Federico D’Elía.

Luis Brandoni mereció un premio aparte. Imágenes de películas emblemáticas, besos al cielo, tres empanadas y un aplauso realmente interminable.
Verónica Llinás fue reconocida como Mejor Actriz de Comedia, por Una navidad de mierda, obra que acumuló más de un premio.
“La pasamos genial nos queremos, vemos a la gente mearse de risa y eso nos da una felicidad enorme. Quiero dedicarle este premio -señaló- a los actores porque muchos trabajan gratis”. Y, rescatando al teatro, dijo que este país tiene muy pocas cosas de las cuáles enorgullecerse.
Largo como La Odisea, el Pinti tuvo una primera ceremonia que, entre la alfombra roja los premios, duró tres horas y media. El mapa de calor reconoció a la palabra «gracias» como la más escuchada.
Rubro por rubro, todos los ganadores de la primera edición de los Premios Pinti:
Mejor comedia
Una navidad de mierda.
Mejor drama o comedia dramática

Mejor musical
Charlie y la fábrica de chocolate.
Mejor unipersonal, espectáculo de humor, standup o formato alternativo
Suavecita (protagonizada por Camila Peralta).

Mejor obra de autoría nacional
Lo que el río hace, de María Marull y Paula Marull.
Mejor actriz de comedia

Mejor actor de comedia
Juan Pablo Geretto (Berlín Berlín).

Mejor actriz de drama o comedia dramática
Lorena Vega (Imprenteros y La vida extraordinaria).
Mejor actor de drama o comedia dramática
Roberto Peloni (El brote).

Mejor actriz en musical
Alejandra Radano (Company).
Mejor actor en musical
Agustín “Rada” Aristarán (Charlie y la fábrica de chocolate).

Mejor actriz de reparto
Lucía Adúriz Bravo (Berlín Berlín).
Mejor actor de reparto
Mariano Saborido (Lo que el río hace).
Mejor Dirección
Ariel del Mastro y Marcelo Caballero (Charlie y la Fábrica de Chocolate).
Mejor coreografía
Vanesa García Millán (Hairspray).
Mejor diseño de escenografía y/o audiovisual
Gonzalo Córdoba Estévez y Julieta Kompel (Desde el jardín).
Mejor diseño de vestuario, caracterización y/o maquillaje
Gustavo Alderete para La Polilla (Vestuario) – Hairspray.
Mejor diseño de iluminación, sonido y/o música original
Mariano Demaría y Santiago Cámara (Iluminación) – Rocky.

Mejor producción
Preludio y RGB Entertainment (Rocky).