Octubre 2026

Christophe Rousset llega al Teatro Colón con Theodora y advierte: “El ser humano parece incapaz de encontrar la paz”

En 1750, cuando Georg Friedrich Händel estrenó Theodora en Londres, la recepción estuvo lejos de hacer justicia a la obra. El oratorio tuvo apenas tres funciones y no despertó el entusiasmo que el compositor esperaba. Sin embargo, con el paso del tiempo, se convirtió en una de las creaciones más admiradas de su producción.

Händel habría llegado a considerar que el coro “He saw the lovely youth” superaba incluso al célebre “Aleluya” de El Mesías. Más de dos siglos y medio después, la intensidad dramática, la profundidad emocional y la complejidad de sus personajes siguen interpelando al público.

Esa vigencia estará en el centro de la presentación de Theodora en el Teatro Colón, concierto con el que cerrará su temporada el Mozarteum Argentino. Al frente estarán Christophe Rousset, el Monteverdi Choir y los English Baroque Soloists.

Clavecinista y director, fundador de Les Talens Lyriques, Rousset es una de las figuras destacadas de la interpretación históricamente informada, con una trayectoria dedicada especialmente al repertorio barroco y clásico.

Para el músico francés, la visita tiene además un significado personal: será su primera presentación como director en el Colón, aunque conoce la sala desde hace más de cuatro décadas. Había tocado allí el órgano durante una gira de Philippe Herreweghe, alrededor de 1984. Ahora regresa con una obra que desdibuja las fronteras entre el oratorio y la ópera. Theodora cuenta una historia de persecución religiosa, intolerancia y martirio, pero su música no se limita a representar el sufrimiento: alterna la contemplación, la alegría, la fe y la desesperación.

En diálogo con este diario, Rousset reflexiona sobre la actualidad de Händel, la riqueza expresiva del Barroco y la capacidad de esta partitura para conmover a los oyentes de hoy.

—Usted conoce el Teatro Colón, aunque esta será su primera presentación allí como director. ¿Qué significa volver a esa sala?

Es muy emocionante, porque conozco el lugar. Estuve tocando el órgano cuando formé parte de una gira de Philippe Herreweghe. Creo que fue en 1984. Desde entonces, nunca había vuelto al Teatro Colón. Es un verdadero honor regresar, y especialmente con una obra tan hermosa. Theodora es un oratorio, pero también está muy cerca de la ópera: tiene un carácter intensamente dramático y una historia sumamente conmovedora. Por eso creo que tiene un lugar natural en un teatro como el Colón, una verdadera casa de ópera.

—Durante mucho tiempo, la interpretación históricamente informada estuvo muy ligada a la búsqueda de la autenticidad: los instrumentos originales, las afinaciones, las fuentes. ¿Estamos entrando en una etapa en la que importa menos demostrar esa autenticidad y más comunicar la música al público?

Es una pregunta interesante. Creo que la generación anterior tenía una gran tarea por delante: convencer al público del valor de interpretar la música con instrumentos originales, de la importancia de las afinaciones históricas y de toda la investigación musicológica que eso implicaba. Hoy, buena parte de ese trabajo ya está hecho. Las nuevas generaciones están más enfocadas en desarrollar sus propias interpretaciones. Ya no alcanza con presentarse como un intérprete históricamente auténtico, porque nunca podemos saber con exactitud cómo se interpretaba esta música en el momento en que fue escrita.

Händel consideraba que uno de los coros de Theodora podía superar incluso al célebre “Aleluya” de El Mesías. Para Rousset, la riqueza de la obra está en su capacidad para recorrer sentimientos tan diversos como la alegría, la desesperación, el amor y la fe. Foto: Brescia e Amisano.

—Hoy se alcanzó un nivel muy alto de intérpretes y cantantes, ¿no?

Sí y también mejoró muchísimo el nivel de las orquestas a lo largo de estos últimos cincuenta años. Hay cantantes muy reconocidos del mundo de la ópera que, cuando tienen la flexibilidad vocal necesaria, también interpretan ópera barroca. Ya no es necesario ser un especialista en música antigua para abordar este repertorio. Pero sigo creyendo que el sonido de un conjunto de instrumentos de época es importante, porque aporta el color adecuado a esta música. A veces dirijo orquestas modernas para interpretar este repertorio, pero no me gusta demasiado. Especialmente en las flautas y los oboes, con los instrumentos de viento modernos se pierden algunos colores sonoros muy particulares, propios de los instrumentos de época.

—Theodora no tuvo una recepción favorable en su estreno. ¿Cómo se explica que una obra que hoy consideramos una de las grandes creaciones de Händel no haya sido comprendida por sus contemporáneos?

Händel estaba muy adelantado a su tiempo. Tenía una manera muy creativa de concebirse como compositor, una mirada innovadora. Con sus primeros oratorios en inglés comenzó a trabajar con textos en ese idioma y buscó darles un espacio mucho mayor a los coros. Eso es maravilloso, porque le permitió recuperar sus raíces alemanas a través del contrapunto y de las magníficas fugas que aparecen en sus oratorios. Quizás el público de entonces prefería inclinarse por la música napolitana, que estaba más de moda y representaba el futuro.

—¿Por qué cree que Händel decidió introducir un cambio en su escritura para Theodora?

Es una obra muy oscura. También me recuerda a una de sus óperas, Tamerlano, allí hay un coro final muy sombrío, profundamente triste. Toda Theodora está atravesada por ese color, que responde a la naturaleza del drama. La historia es terrible: termina de una manera espantosa, es profundamente trágica.

—Sin embargo, hoy nos conmueve precisamente por esa intensidad. ¿Qué aspectos de Theodora pueden resonar especialmente en el público actual?

En realidad, todos. La obra habla de religiones: del enfrentamiento entre la religión romana y el cristianismo. También habla de guerra, de tortura… Es exactamente lo que vemos hoy en el mundo. Por eso Theodora tiene una resonancia muy fuerte con nuestro tiempo. Lamentablemente, seguimos siempre en el mismo punto. El ser humano parece incapaz de encontrar la paz.

—Händel habría considerado que el coro “He saw the lovely youth” de Theodora era incluso superior al “Aleluya” de El Mesías. ¿Qué tiene esta música que pueda explicar un juicio tan extraordinario?

Una vez más, creo que tiene que ver con la profundidad de la emoción que esta música logra transmitir. Es algo verdaderamente mágico. Estamos ensayando estos días y todos los integrantes del conjunto están muy compenetrados con la obra, porque tiene una fuerza enorme. A lo largo de Theodora atravesamos una gama muy amplia de sentimientos: por momentos hay alegría, amor, en otros fe, desesperación… El abanico de emociones es muy grande y genera contrastes fuertes. A veces, cuando los romanos disfrutan con la idea de torturar a Teodora, la música expresa algo cruel, pero al mismo tiempo es hermosa, incluso alegre. Esa contradicción produce una riqueza muy particular.

—El coro tiene un papel decisivo en la obra y hoy no es tan habitual escuchar grandes conjuntos corales, ni siquiera en las iglesias. ¿Esta obra le ofrece una experiencia especial al público actual…?

Creo que puede ofrecer una experiencia diferente. A mí me recuerda un poco a la experiencia del teatro griego antiguo: hay un drama con personajes, cada uno con su propia historia, y el coro interviene para comentarlo. Convoca al público a participar de la acción, lo involucra en lo que está sucediendo. Creo que es un recurso muy eficaz. Y el personaje de Irene cumple, de alguna manera, el papel del corifeo: es quien guía al coro en esa dirección.

—¿Habrá una puesta en escena o será una versión de concierto?

Habrá algunos elementos escénicos, quizás iluminación o algo por el estilo. Será una puesta muy sutil. Estamos ensayando también con un director de escena para incorporar algunos movimientos y evitar que sea simplemente una versión de concierto. Hoy creo que necesitamos ofrecer algo más desde lo visual. Es una respuesta a una época dominada por las imágenes, estamos en la era de Instagram y de lo visual. La gente ya no quiere simplemente sentarse a escuchar: necesita que la experiencia esté acompañada por imágenes. Por eso vamos a proponer una puesta en escena muy sutil, pero que estará presente.

—¿Qué aspecto de la música y de la cultura del Barroco le resulta más fascinante?

Creo que lo más fascinante es la confianza en Dios y en la religión que existía antes de la Revolución francesa. La Revolución provocó el cierre de iglesias y la muerte de sacerdotes y monjas. Antes de ese momento, la gente confiaba en Dios y en la religión en todos los aspectos de la vida. Y eso generaba, de alguna manera, una gran alegría, porque se tenía la certeza de que existía una vida después de la muerte. Eso hace que toda la filosofía del período barroco sea muy luminosa y esté llena de esperanza. Creo que eso es lo que vuelve tan particular su estética: incluso en Stabat Mater, siempre está presente la esperanza de una vida después de la muerte.

Christophe Rousset encabezará una versión de Theodora junto al Monteverdi Choir y los English Baroque Soloists, en el cierre de temporada del Mozarteum Argentino.

—Lo mismo ocurre en el Réquiem…

Sí, esa esperanza está siempre presente y es algo muy profundo, verdaderamente importante para la estética de ese período. Está en Bach, en Händel, en Pergolesi, en Rameau… en todas partes. En todos los géneros musicales hay esa luz. Aunque la vida sea difícil, siempre está presente la esperanza. Por supuesto, después de la Revolución francesa las cosas cambiaron. Aparece algo de desesperación y, con el Romanticismo, llega también la angustia ante la posibilidad de que Dios no exista y de que estemos solos, quizás solos en la Tierra. Es un cambio enorme.

—Otro aspecto de la luminosidad que señala en el Barroco está en las concepciones sobre el sonido.

Sí, y la sensualidad está presente en todas las formas del arte. Si uno observa una pieza de mármol de Bernini, encuentra eso: la alegría, pero también la fe. Creo que eso es lo que vuelve tan inspirador a ese período. Había una especie de alegría

—Creo que esa alegría todavía podemos percibirla cuando escuchamos esta música…

Sí, nos permite experimentar, aunque sea un poco, ese mismo sentimiento. Incluso en los momentos más sombríos de Theodora.

FICHA

Mozarteum 74°Temporada

Monteverdi choir

English baroque soloists

Marie Lys, soprano

Lestyn Davies, contratenor

Alice Coote, mezzosoprano

Guy Cutting, tenor

John Chest, bajo

Christophe Rousset, director

Programa Theodora, de Georg Friedrich Händel

Función lunes 2 de noviembre a las 20hs.

Lugar Teatro Colón.

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