Enero 2026

La ópera que no se pudo estrenar en plena Guerra de Malvinas por transcurrir en un barco inglés, y que ahora llega por primera vez

Desde Homero hasta Melville, el mar ha sido una metáfora inagotable: espacio de aventura, exploración, libertad y también de castigo, extravío y redención. En la literatura, el género náutico ha dado lugar a epopeyas (La Odisea), relatos de iniciación (La isla del tesoro), crónicas existencialistas (Moby Dick) y dramas morales en espacios cerrados como barcos de guerra o navíos condenados (Lord Jim, Billy Budd).

La ópera Billy Budd, del compositor británico Benjamin Britten, subirá el martes en la sala del Teatro Colón, con dirección escénica de Marcelo Lombardero.

La puesta en el Colón de la cubierta del barco Indomitable, donde transcurre la ópera La puesta en el Colón de la cubierta del barco Indomitable, donde transcurre la ópera «Billy Budd». Foto de prensa gentileza Juanjo Bruzza

Basada en la novela póstuma Billy Budd, Sailor (escrita por Herman Melville entre 1888 y 1891, pero publicada recién en 1924), la ópera cuenta con la adaptación al libreto de E. M. Forster (1879–1970), autor de la novela Pasaje a la India, entre muchas otras, con su exitosa versión cinematográfica.

La ópera fue terminada y estrenada en el Royal Opera House en diciembre de 1951. Originalmente tenía cuatro actos, luego fue revisada por Britten y reducida a dos actos con Prólogo y Epílogo, donde Vere es narrador retrospectivo.

Intentos fallidos

Billy Budd está ambientada a fines del siglo XVIII, durante las guerras napoleónicas, narra la historia de un joven y carismático marinero reclutado en el navío británico Indomitable. Su inocencia y belleza despiertan la admiración del capitán Vere, pero también la envidia y el deseo reprimido del maestro de armas Claggart, quien lo acusa falsamente de motín. Incapaz de defenderse con palabras, Billy reacciona con un golpe que mata a Claggart y es condenado a muerte. El libreto se enfoca en el triángulo dramático Billy–Claggart–Vere.

Marcelo Lombardero tiene a su cargo la dirección escénica de Marcelo Lombardero tiene a su cargo la dirección escénica de «Billy Budd», que llega al Colón. Foto: Constanza Niscovolos

“Me parecía que había que dejar la historia en 1797, a pocos años de la Revolución Francesa, con la idea de los motines dando vueltas”, cuenta a Clarín Lombardero con entusiasmo, recién llegado de México donde se desempeña desde el año pasado como director artístico de la Compañía Nacional de Ópera.

“Hay que entender que esa gente era reclutada a la fuerza, a subirse a una cascarita de nuez y partir a matarse con otros. Por otro lado, hay sutilezas que son interesantes, esa misma tripulación maltratada por los suboficiales y mandadas a la muerte por los oficiales, defienden un orden político y social que los sojuzga a ellos mismos contra los tipos que supuestamente, en este caso los franceses, estaban liberando de ese yugo. Obviamente, toda esa información cuando hacemos teatro no la podemos dar porque no es una clase de historia”.

Es la primera vez que la ópera se hace en Argentina. Hay toda una historia de idas y vueltas hasta que pudo concretarse la actual producción, originada en 2012, a partir de una idea de Andrés Rodríguez, actual responsable de la ópera en el Colón. En 2012 se celebraba el centenario de Benjamin Britten y la Fundación Britten Pears proporcionaba subsidios y sesiones de derechos para la representación de obras que se coprodujera entre dos teatros.

Lombardero se asoció con Rodríguez, ganaron el subsidio y armaron la coproducción entre el Municipal de Santiago y el Teatro Argentino de La Plata, dirigido en aquel entonces por el director argentino. Pero con los vaivenes de la política local, el Teatro de La Plata quedó desfinanciado en 2013, Lombardero se fue y comenzaron a buscar otros espacios para concretar el proyecto.

Una imagen de los ensayos de la ópera Una imagen de los ensayos de la ópera «Billy Budd» en el Teatro Colón. Foto de prensa gentileza Juanjo Bruzza

“Salimos a buscar rápidamente otro coproductor, porque si no se perdía el subsidio”, cuenta Lombardero. “Y apareció el Teatro Municipal de Río de Janeiro. Finalmente, estrenamos en Santiago de Chile y después, el mismo año, lo hicimos en Río de Janeiro. La producción quedó ahí y es la que vamos a presentar ahora”.

Existieron dos intentos anteriores de llevar a escena Billy Budd pero fracasaron. En 1983 estaba programada en el Teatro Colón, pero la cercanía de la Guerra de Malvinas volvió inviable una ópera que transcurre en un barco inglés y de guerra. Sergio Renán durante su gestión también quiso hacerla en el contexto del Abono Siglo XX, pero quedó trunco.

Es una obra de gran envergadura. El elenco es íntegramente masculino, con más de 90 personas en escena, más de veinte roles solistas y hasta la participación de niños. En los barcos de guerra solía haber lo que se llamaba “monitos de pólvora”, los niños se usaban por su tamaño para llegar a lugares recónditos del barco y sacar la pólvora.

Entre el mar y el drama moral

Billy Budd es una ópera que se sitúa en el cruce entre el género marítimo y el drama moral existencial. Toma la iconografía del mar —barcos, jerarquía, disciplina, aislamiento— no para contar una historia de aventuras, sino para explorar las zonas grises de la conciencia, la ley, el deseo y el sacrificio.

Marcelo Lombardero en pleno ensayo de Marcelo Lombardero en pleno ensayo de «Billy Budd» en el Teatro Colón. Foto de prensa gentileza Juanjo Bruzza

La asociación del mar con el heroísmo, la aventura o la libertad, se transforma radicalmente en la ópera. No es sólo paisaje sino espejo y abismo: lo que está fuera de escena —el mar abierto, la libertad, lo innombrable— se vuelve más inquietante que cualquier enemigo exterior. En el mar convertido en un espacio cerrado, casi claustrofóbico, se juega el drama de la ley, la culpa y el deseo reprimido.

Lejos de las tempestades románticas de Wagner o de los códigos épicos del cine náutico, el buque de guerra Indomitable se convierte en una prisión flotante, un microcosmos jerárquico donde el orden social prevalece sobre la justicia y la inocencia es sacrificada en nombre del deber.

“Podés elegir construir un lugar opresivo, como hay otras puestas famosas de esta obra. Pero nosotros quisimos dar otra mirada, sobre todo una mirada más cinematográfica”, explica Lombardero.

Y agrega: “Por mi generación, crecí con una serie de películas –en cine o en la televisión a la tarde– que sucedían en el mar, como Motín a bordo, o la versión fílmica maravillosa de Billy Budd, con Peter Ustinov y dirigida por él, Terry Stewart y Robert Ryan; y también todas las películas de piratas. Uno viene de donde viene, y de alguna manera, esta producción tiene ese sesgo un poco cinematográfico”.

Uno de los grandes desafíos de la puesta es desarrollar una obra que transcurre todo el tiempo arriba de un barco. Lombardero lo enfrenta con una puesta hiperrealista. “Estamos haciendo teatro, no estamos arriba de un barco de verdad. Es muy difícil de hacer reconstrucción histórica, siempre se falla en algunas cosas. Pero la idea es brindarle al público un gran espectáculo y la posibilidad de que la escena se mueva. Lo que planteamos es que en cada escena vemos el barco de una perspectiva distinta. Y esas distintas perspectivas nos sirven para las distintas escenas, desde el arribo de Billy a la cubierta del barco, el camarote del capitán, la escena de la batalla”.

Video

Llega «Billy Budd» al Colón

Britten, que inscribe su ópera en la estela de Melville, también lo hace en la suya propia: una poética del mar como metáfora existencial, cargada de tensiones homoeróticas, dilemas morales y resonancias sacrificiales.

El compositor fue abiertamente homosexual, estuvo en pareja toda su vida con Peter Pears, en un contexto social y legal represivo. Se especuló y escribió mucho sobre la dimensión biográfica y la elección de una historia que, de alguna manera, le permitía al músico explorar de forma cifrada los dilemas del deseo homosexual, el poder, la inocencia corrompida y la culpa moral.

En palabras del musicólogo Philip Brett, Billy Budd no solo refleja el mundo interior de Britten, sino que dramatiza las tensiones entre sexualidad, represión y justicia en un entorno que no permite hablar del deseo.

“Obviamente esa idea de que haya una tensión homoerótica es evidente, la violencia sádica también como la representación masculina de poder, de sometimiento, no de deseo erótico. Hay otras producciones que buscan ese sesgo y está bien, cada uno elige. Pero me parece que no pasa por ahí. No pasa por ahí en la obra de Melville tampoco; y tampoco creo que estuviera en el espíritu de Foster y de Britten. Billy Budd no es Querelle de Brest de Jean Genet”, reflexiona Lombardero.

La obra de Genet narra la historia de Querelle, un marinero criminal y sensual que, en un puerto cargado de violencia y deseo, se sumerge en un mundo de traición, asesinato y erotismo homosexual. “No pasa por ahí –subraya el régisseur–. Melville describe a Billy Budd como parábola bíblica, la lucha del bien contra el mal. Hay elementos claros que referencian a la Biblia: está el chivo expiatorio, es decir, el cordero que es sacrificado para expiar los pecados de ese mundo, de ese barco. Está el Pilatos que se lava las manos frente a una injusticia y defiende un orden legal preestablecido. Y está el Judas que vende a su líder espiritual, o lo que sea. Y está la lucha del bien contra el mal, como eje central”.

La ópera La ópera «Billy Budd» se estrena por primera vez en la Argentina, después de muchos intentos durante las últimas cuatro décadas. Foto de prensa gentileza Juanjo Bruzza

En Billy Budd, el capitán Vere debe sacrificar a Billy para mantener el orden, aunque sabe que es injusto. Esta tensión entre ley y moral, entre lo correcto y lo legal, es tratada con una densidad que recuerda a los dilemas de Shakespeare o Sófocles, más que al relato de aventuras.

“Me parece que lo más importante de esta obra –destaca Lombardero- es cómo un ser humano mediocre, en este caso es el capitán, tiene que discernir entre el orden legal (imperfecto, creado por hombres imperfectos) y la justicia. Y generalmente no es lo mismo. Él sabe que aplicando la ley comete un acto de injusticia porque tiene que preservar el orden establecido. Para eso él tiene un poder, de policía interno, que reprime la base social de este barco. Este barco es el mundo”.

La música de Britten

Desde los primeros compases del prólogo, ya se advierte el tono meditativo de la obra: acordes suspendidos, una atmósfera de recuerdo. El mar, aunque casi nunca se vea ni se nombre, está siempre presente: en los metales que imitan toques de clarín navales, en los lamentos de las cuerdas, en los interludios que flotan como niebla sobre la cubierta.

Es particularmente interesante el uso del silencio, y en interludio que precede la escena de la ejecución. El Juicio a Billy, la burocracia del castigo, está musicalizado casi sin emoción.

«Billy Budd» fue compuesta por Benjamin Britten y aquí tendrá dirección escénica de Marcelo Lombardero. Foto de prensa gentileza Juanjo Bruzza

Uno de los mayores logros de Britten es su forma de caracterizar musicalmente a los personajes. Capitán Vere —quizá el verdadero protagonista de esta tragedia— es acompañado por una música introspectiva, siempre al borde de la duda. Billy Budd, el joven puro y valeroso, canta con una línea vocal amplia, luminosa, casi mozartiana. Su canto parece abrirse como un horizonte. Claggart, en cambio, el maestro de armas lleno de odio reprimido, canta con intervalos tensos, oscuros, casi venenosamente líricos, como “O beauty, O handsomeness!”.

“Britten fue un estudioso del género—explica Lombardero– cuando ves y escuchas sus resoluciones dramático-musicales, escuchás la tradición operística, desde Monteverdi hasta Alban Berg, pasando por Mozart, Verdi y Puccini. En Billy Budd están todas las formas operísticas: arias, dúos, recitativos. Por ejemplo, la gran aria de Claggart es una especie de aria de amor pero en negativo. Tiene una estructura casi de aria verdiana, con un recitativo, una parte lenta cantable, un tempo di mezzo, y la parte final rápida, con la bravura y los agudos”.

El director asegura que Britten reconstruyó y construyó la cultura musical de un país, el inglés no era el idioma de la ópera. Ni Edgar ni Vaughan Williams lograron proyectarse como Britten.

“Billy Budd es la gran obra de Britten, más allá de que su gran éxito haya sido Peter Grimes, todavía muy espejada en Wozzeck y Lady Macbeth de Shotakovich. Billy Budd tiene una construcción totalmente propia, de madurez, de estudio, de complejidad”.

Ficha

Billy Budd, producción del Teatro Colón. Ópera en dos actos de Benjamin Britten con libreto en inglés de Edward Morgan Forster y Eric Crozier, basado en la novela homónima de Herman Melville.

Orquesta Estable del Teatro Colón. Orquesta y Coro Estable y Coro de niños del Teatro Colón.

Dirección musical: Erik Nielsen.

Dirección de escena: Marcelo Lombardero.

Dirección del Coro Estable: Miguel Martínez.

Reparto: Toby Spence (Capitán Edward Vere), John Chest (Billy Budd), Hernán Iturralde (John Claggart) y elenco.

Escenografía: Diego Siliano.

Vestuario: Luciana Gutman.

Iluminación: José Luis Fiorruccio.

Estreno: martes 1º de julio. Próximas funciones: 2, 3, 5, 6, 8, 10, 12 de julio.

Sala: Teatro Colón, Libertad 621.

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