Febrero 2025

«La pucha que vale la pena estar vivo»: por qué el mundo vivió equivocado sobre la frase que inmortalizó Héctor Alterio

Héctor Alterio, que murió este sábado a los 96 años, dejó atrás una extensa carrera que lo convirtió en un ícono del teatro y del cine argentinos. Pero su presencia también se hace sentir en la calle, con una de sus frases más icónicas. Salió de Caballos salvajes, la película de Marcelo Piñeyro de 1995 en la que Alterio hilvanó ocho palabras y luego pasaron a la cultura popular: «La pucha que vale la pena estar vivo».

Se convirtió en un grito de celebración de la vida, a pesar de todos los problemas, y luego se popularizó. José, el personaje interpretado por él, la pronuncia en medio de la persecución que sufría.

En la película Leonardo Sbaraglia interpretó a un joven empresario y Alterio a un viejo jubilado que ingresó a una financiera pidiendo que le devuelvan el dinero que había invertido, argumentando que si no se suicidaría. El resultado es que ambos terminan huyendo juntos del lugar en auto, emprendiendo un viaje por la Ruta Nacional 3 de la Patagonia.

En una de las paradas del viaje ambos protagonistas bajan en un paraje alejado con vistas al Mar Argentino y allí se rodó la memorable escena en la que Héctor Alterio empieza a bailar dando círculos y pronuncia la inolvidable frase.

En realidad no es de su autoría ni le pertenece al director. Salió de la cabeza de Aída Bortnik, periodista e histórica guionista del cine argentino que murió en 2013. Coincidió en el exilio con Alterio y trabajó con él en La tregua, de 1984, y La historia oficial, de 1985. Una década más tarde sacó de la galera ese hit popular.

Alterio en una escena de Alterio en una escena de «Caballos salvajes».

Hace algunos años, en el programa «Modo Sábado», el ciclo de radio Nacional, Alterio contó que el equipo estaba atrapado en un vacío creativo y detalló cómo salieron de ese laberinto: “Piñeyro llamó a Bortnik porque le faltaba cerrar una secuencia. En esa conversación, le contó dónde estábamos filmando. Estamos sobre un monte en el medio de un campo y el personaje de Héctor está solo. Y así, le fue contando casi detalladamente lo que pasaba en cada escena».

El relato la inspiró a Bortnik, que le pidió a Piñeyro: «Decile a Héctor que su personaje diga ‘la puta que vale la pena estar vivo'». Le sacó la frase, en realidad, a su marido, que le tenía como latiguillo en sus escapadas a los montes de Córdoba.

El director incluyó esa línea en el guión. «Sin dudarlo, él lo agregó y yo después lo dije con todas mis ganas», rememoró Alterio, a cuyos dones para la improvisación solía atribuirse la invención.

La guionista Aída Bortnik, autora de la ocurrencia que Alterio inmortalizó.La guionista Aída Bortnik, autora de la ocurrencia que Alterio inmortalizó.

En la escena se lo ve a Alterio girar y bailar en Playa Cerro Avanzando, a 16 kilómetros de Puerto Madryn. Ahí, con vistas a Península Valdés y el Golfo Nuevo, el actor -con un abrigo marrón claro- se entrega al entusiasmo mientras suena el vals «Cuentos de los Bosques de Viena», de Strauss.

Con los brazos en alto pronuncia las ocho palabras: las dos primeras y, luego de una breve pausa, completa la frase en un gran plano general de colores azules y arena que lo empequeñece al borde del mar.

“No me imaginé que iba a pegar así, han pasado muchísimos años y siempre que voy a Buenos Aires me grita en la calle y, aunque yo no lo veo, los escucho», se maravilló sobre cómo la calle se apropió de su grito.

«Pero se equivocan», objetó Alterio. «Dicen ‘La pucha que vale la pena estar vivo’… dicen cualquier cosa…«, dijo, divertido, en esa entrevista con radio Nacional.

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