Febrero 2026

Filtraciones, calor y humedad: las últimas tecnologías para proteger la casa y evitar daños estructurales

Las lluvias intensas, las olas de calor y el paso del tiempo son algunos de los factores recurrentes que ponen a prueba a las viviendas, independientemente de su antigüedad. Por eso, la aparición de filtraciones, humedad y hasta sobrecalentamiento interior dejaron de ser problemas aislados para un fenómeno más amplio: casas diseñadas para un clima que ya no existe en Argentina.

Frente a este escenario, la tecnología vuelve a decir presente en el rubro de la construcción. Desde sistemas de impermeabilización hasta soluciones térmicas y materiales de sellado avanzado, hoy existen alternativas pensadas para prevenir daños estructurales antes de que se conviertan en reparaciones costosas o, en el peor de los casos, en situaciones de colapso.

Impermeabilización: el primer escudo contra el deterioro

Humedad en las paredes, un

El agua sigue siendo el principal enemigo de una vivienda. No solo por las filtraciones visibles, sino por aquellas que avanzan de forma silenciosa a través de microfisuras en techos, muros y cimientos, afectando armaduras internas y acelerando el desgaste de los materiales.

En la actualidad, las soluciones de impermeabilización evolucionaron más allá de la membrana asfáltica tradicional. Existen recubrimientos elastoméricos, impermeabilizantes líquidos y selladores flexibles capaces de acompañar la dilatación de los materiales sin cuartearse ni perder adherencia.

“Las lluvias son cada vez más intensas y frecuentes. Si no se protege la vivienda de forma preventiva, el deterioro se acelera año a año”, explicó Germán Rodríguez, gerente de comercialización y marketing de Sinteplast. “Una impermeabilización correcta evita filtraciones, humedad estructural y daños que después son mucho más difíciles —y caros— de reparar”.

La ventaja de estas nuevas tecnologías es que permiten cubrir superficies complejas, juntas y puntos críticos sin necesidad de obras invasivas, algo clave para viviendas ya habitadas.

Aislación térmica: menor temperatura, menor consumo

Aislante térmico reflectivo de aluminio, una de las soluciones para bajar la temperatura de los ambientes.

El aumento sostenido de las temperaturas, con la seguidilla de olas de calor, convirtió al confort térmico en una cuestión estructural. Una casa que acumula altas temperaturas no solo es incómoda: obliga a un uso intensivo del aire acondicionado, genera mayor consumo energético y somete a la construcción a ciclos constantes de dilatación y contracción.

Las soluciones térmicas actuales incluyen pinturas atérmicas, paneles aislantes y espumas proyectadas que reducen la transmisión del calor desde techos y paredes hacia el interior.

“El beneficio principal de una solución térmica es la reducción de la temperatura interior, que puede ser de entre 10 y 15 grados”, señalan especialistas. “Eso impacta directamente en el confort, el consumo energético y hasta en la salud de quienes habitan la vivienda”.

Una prueba de la efectividad de esta clase de productos se vio durante los últimos veranos, cuando la marca Sinteplast pintó varias casillas de guardavidas de la Costa Atlántica. “Antes no podían permanecer mucho tiempo dentro por el calor. Después, el cambio fue rotundo: al menos 10 grados menos y un ambiente mucho más habitable”, relatan desde la experiencia de campo.

Estudios recientes también vinculan la reducción de temperatura interior con menor estrés térmico, mejor concentración y menor desgaste físico, algo que aplica tanto a espacios laborales como domésticos.

Grietas, fisuras y juntas: cómo atacarlas

Foto: Freepik

Muchas fallas estructurales no se manifiestan de forma repentina. Comienzan con una fisura mínima, una junta mal sellada, un punto donde el agua encuentra camino o una mancha de humedad que aparece y desaparece. Ignorarlas suele ser el error más común

Las nuevas soluciones de sellado permiten intervenir estos puntos críticos sin conocimientos técnicos avanzados. Espumas expansivas, masillas flexibles y compuestos de alta adherencia refuerzan sectores puntuales y evitan que el daño se propague.

La clave, coinciden los especialistas, está en la detección temprana: actuar cuando el problema aún es pequeño puede evitar reparaciones mayores en el futuro.

“Las fisuras, los hongos, las rajaduras y los desprendimientos de pintura son las patologías más frecuentes en viviendas con años de antigüedad o sometidas a estrés estructural”, advierten especialistas.

En la región del AMBA, además, la humedad de cimientos y la humedad ascendente se volvieron cada vez más comunes por el aumento del nivel freático. «El agua aparece a menor profundidad. Esto provoca humedad ascendente, que termina ingresando en las paredes y generando daños más severos», agrega.

Humedad: soluciones pensadas para usuarios sin experiencia

Humedad y deterioro en los ambientes.

Uno de los grandes cambios del mercado es que muchas soluciones ya no están pensadas solo para profesionales. Existen líneas específicas diseñadas para que cualquier usuario pueda atacar problemas de humedad de forma correcta.

Estas soluciones permiten tratar humedad ascendente, filtraciones y manchas, evitando que el problema continúe avanzando dentro de la estructura y protegiendo la vivienda a largo plazo. Pueden actuar desde los cimientos hasta las paredes, y aplicarse sin conocimientos técnicos avanzados

No obstante, los especialistas en el rubro concuerdan en un punto clave: el enfoque preventivo. Aunque no se lo tenga en cuenta, invertir en impermeabilización, aislación térmica y sellado estructural no solo mejora el confort diario, sino que reduce riesgos futuros y costos de reparación.

“Una vez que la casa está construida, proteger techos y paredes con productos adecuados brinda tranquilidad a largo plazo”, explican. En ese sentido, recomiendan sistemas elastoméricos que acompañen los movimientos de la estructura y mantengan sus propiedades durante años.

Muchos de estos productos cuentan con garantías de hasta 10 años, aunque se recomienda un mantenimiento preventivo cada 4 o 5 años para extender aún más su vida útil.

Se trata de materiales más livianos, flexibles y durables, pensados para adaptarse a movimientos estructurales, cambios de temperatura y condiciones climáticas extremas. En muchos casos, su aplicación no requiere obra pesada, lo que los vuelve accesibles incluso para el mantenimiento doméstico y así evitar daños por millones de pesos que afectan directamente en la calidad de vida.

SL