Abril 2025

Laura Pausini cantó con Fito Páez en el show más ambicioso de su carrera: tres horas de música y una decena de vestidos

No tiene contrincante. La poca «importación» de voces italianas femeninas en la Argentina, le permite a Laura Pausini un reinado exclusivo. En otra era, cuando nuestro mercado estaba saturado de cantantes provenientes de la «bota de Europa», la competencia era feroz: Rita Pavone, Mina, Ornella Vanoni, Gigliola Cinquetti, Iva Zanicchi, Milva, Raffaella Carrá, Donatella Rettore…

Laura Pausini hace honor a todas ella sin nombrarlas. Es como si llevara en alto la herencia. Pisa el escenario con la contundencia y la elegancia de cada una, mantiene viva la esencia de la canzone italiana y hace culto de la dicción y el canto en varios idiomas.

A 33 años de haber ganado el Festival San Remo, está en su punto máximo, como en un estado de gracia, de confianza extrema. Por eso puede darse el lujo de que Fito Páez se le aparezca en el Movistar Arena para cantar a dúo Mariposa tecknicolor.

En un comienzo «La mezzo-soprano pop» imantaba con su austeridad. Ahora se vale de una maquinaria cautivadora, que incluye recursos visuales abrumadores, pantallas que nunca descansan en un racconto paralelo, unos diez cambios de vestuario -varios diseños de Armani-, fuego en escena y la lógica de un musical de Broadway. Sin embargo, detrás de toda esa parafernalia, el centro sigue siendo su voz, su interpretación honda, sus pasos de comedia.

Tal vez la gran deuda de Laura en la Argentina es no cantar en italiano. Apenas algún verso que se le escapa en su lengua madre, pero el repertorio en este «Yo Canto World Tour» es esencialmente en español y reivindicatorio de lo latinoamericano. Intenta no olvidarse de ningún país y va hilando la poesía de Violeta Parra (Gracias a la vida), con himnos popularizados por Juan Luis Guerra (Batacha rosa), Ricky Martin (Livin’ la vida loca), Gloria Estefan (Oye mi canto), Alejandro Sanz (Cuando nadie me ve) y Celia Cruz (La vida es un carnaval), entre otros.

Laura Pausini lo dio todo en el Movistar Arena. Un show de tres horas, con invitados y muchos cambios de vestuario. Foto: Ake Music @DeeFiora

En tres horas de un show esencialmente teatral, ametralla con más de 40 canciones, sin descanso, con un caudal vocal que nunca se debilita. Su hoja de ruta parece interminable y comprende varios setlists que siguen la lógica de los dos últimos discos, Yo canto y Yo canto 2. Lleva la aguja a los extremos con versiones ajenas y propias que van desde La isla bonita de Madonna a su hit vitalicio La soledad.

Vértigo y desmesura

Cuando el espectáculo parece alcanzar la cúspide, cambia de tono, de colores, de vestuario, muta, desafía en despliegue al minuto anterior. Laura vestida de novia, Laura en tules, en seda, en chifón, con incrustaciones de piedras… Va de una evocación a la moda de los setenta, a un homenaje a las mujeres víctimas de violencia de género. Es como si quisiera adaptar la Semana de la Moda de Milán a un miniestadio porteño.

En uno de los tramos más conmovedores del recital sale vestida como una Virgen con un niño en brazos (para la canción Hijo de la luna, que popularizó Mecano) y nos hace pensar que estamos en una puesta onírica de Pepe Cibrián, al estilo Drácula.

Fito Páez y Laura Pausini, en un momento de emoción en el Movistar Arena. Foto: Ake Music @DeeFiora

Gran conversadora, más allá de su canto impecable, tiene la capacidad de cambiarse en velocidad, ofrecer atuendos de gala y no dejar baches escénicos. Da una Masterclass de arenga y entretenimiento, pide que le sigan enseñando «puteadas» argentinas, juega con las palabras que no conoce, y propone subirse a «la Aerolínea Pausini» para teletransportarse por Sudamérica con un «salmo» musical autóctono de cada rincón.

Mariposas en la panza

A dos años de su último Movistar Arena, Laura sube la apuesta y habla de mariposas en la panza y del hombre al que escuchaba cuando recién comenzaba su carrera, Fito Páez. Entonces el rosarino irrumpe, le habla de su gran relación sanguínea con Italia y pautan nuevos duetos.

Sobre el final la segunda invitada es Yami Safdie, ya un comodín de artistas internacionales (Camilo y Alejandro Sanz fueron dos de los últimos anfitriones de la cantante de Haedo).

Yami Safdie y Laura Pausini, juntas en el Movistar Arena. Foto: Ake Music @DeeFiora.

Entre tanta desmesura de producción, de escenografías virtuales, de proyecciones vertiginosas y de energía de la propia artista, cuesta procesar toda la información con que la italiana nacida en el pueblo de Solarolo quiere agasajar. Sobreestímulo permanente. Tal vez sea este el espectáculo más ambicioso de su historia, aunque ella no necesite de toda esa pompa. Su seguidor sabe que bastaría con lo que pasa en carne y hueso, in situ, con su sonido y su entraña.

«No quiero acostumbrarme a esto», llora en la despedida, como si no estuviera acostumbrada a las ovaciones desde aquel día de 1993 que el aplauso en San Remo fundó una marca italiana. Ahí mismo donde Mina, Rita, Ornella y tantas más pasaron a ser un nombre de pila, Laura presentó su empresa y supo administrarla tan bien que ahora es una corporación.

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