Tampoco la pavada, pero las manos de Rolo Sartorio, tatuadas y enormes como para un mi menor en la guitarra, se parecen a las de un luchador de UFC. Encima, de entrada, cuenta que la otra vuelta quiso ir a buscar a un periodista que se aventuró a titular una nota suya con algo que él no había dicho.
Antes de ser Rolo, El Sartorio fue la primera película porno de la historia. Se filmó en la Argentina, dura cuatro minutos y está fechada en 1907. Se la tenemos prometida al cantante de La Beriso. Sí Rolo, todas las categorías del porno que conocemos empezaron a orillas de una playa de Quilmes. Tres mujeres desnudas se acarician (lesbianismo) y un hombre con máscara (fetichismo) va y secuestra a una de ellas.
Sartorio Segundo tuvo un año rutilante hace exactamente una década. En 2016, La Beriso llevó 55 mil personas a la cancha de River y además fue telonera de los Rolling Stones. Cuesta decir “la banda”. Sólo parece haber ojos para este colorado que ahora se nos antoja un estibador arrancado de un cuadro de Quinquela Martin. En la oficina donde nos reciben con sánguches de miga y gaseosas está también alguien que se presenta como el baterista de la Beriso, Javier Pandolfi, ah, hola, mucho gusto.
El momento bisagra llegó con su quinto álbum, Historias (2014), donde había canciones como No me olvides y Traicionero. Ahí arrancó una seguidilla de reconocimientos: primer Disco de Oro y shows cada vez más multitudinarios en estadios cada vez más grandes. Luna Park, Malvinas Argentinas, el Único de La Plata, Ferro, Vélez y River.
“Tengo un carácter que a los demás les molesta un poco. Es como si contestara mal, pero yo en realidad no me veo así. Me veo más… más simpático. A veces me comparan con Vicentico. Dicen que él es difícil para las entrevistas. A mi me joden las fotos. Que me pidan que me ría. Detesto que me den esa clase de indicaciones”.
La consagración

En 2017 había títulos que hablaban de La Beriso como si fueran Los Redonditos de Ricota. «El dueño del nuevo rock argentino». Rolo Sartorio se trasformaba en la cara de la banda más convocante del país junto a La Renga. No tenían competencia. Los medios tradicionales llegaban un poco tarde a un fenómeno que había empezado 20 años antes.
Se descubría al Sartorio futbolista que no fue, al del pasado de vendedor callejero. Para no quedar rezagados, de un solo sorbo nos enterábamos de su infancia en Dock Sud, del dolor por la muerte de sus hermanas y un olfato afinado para saber detectar a los amigos del campeón. La Beriso seguía siendo la banda nueva.
Ya habían llenado la cancha de River y el Estadio Unico de La Plata, pero debían aclarar que no eran de Berisso sino de Avellaneda. «Toqué en River, volví a cenar con mi señora y levanté los platos de la mesa como siempre”. Lo cuenta y te suena haberlo leído o escuchado antes. Debe ser la manera de explicar su llamativa falta de exotismo.
Hicieron una rueda de prensa para anunciar un show en el Teatro Vorterix. El Teatro Vorterix tiene capacidad para 1.500 personas. Uno que no conoce casi nada de La Beriso sólo puede sorprenderse.
-¿Pero que pasó con ustedes? ¿Es un tema de popularidad?
Sartorio señala con el mentón de acero al baterista, y Pandolfi sale al toro. “Hicimos tantos estadios que ahora quizás nos toque experimentar la cercanía de la gente, algo que se disfruta muchísimo”.

-Dale…
-Fue una locura -vuelve Rolo-, un verdadera locura, pero después supongo que viene la meseta de todas las bandas y uno tiene que saber buscar su lugar. Es algo normal.
-¿En serio es normal?
-En el mejor momento me agarró la manager de uno de los más grandes artistas que tenemos en la Argentina y me dijo: “Prepárense porque después de los estadios viene la meseta o empieza a bajar”. Y tenía razón.
-¿Esto te enoja?
-¿Enojarme? ¿Por? -repregunta logrando que los sánguches de miga vayan hacia él-.
-Bueno, el año pasado le dijiste a este diario que no ibas a grabar más discos porque la gente solo quiere oír los temas viejos.
-Sigo pensando lo mismo, lo cual es un problema porque me la paso componiendo como un animal. Pero es así: la gente se enamora de un grupo por los primeros tres discos, después ya sacás discos porque te encanta sacar discos. El público quiere escuchar siempre las mismas canciones. Las bandas de estadio, fijate, tocan las que todos conocen.

-Y vos no podés parar de componer…
-Me apasiona, estoy sacando mi segundo disco solista. Tengo que ponerme un límite porque no puede ser que siga acumulando canciones.
-¿De dónde viene tanta inspiración?
-Hace un año y medio me hice un mini estudio en casa y puedo estar ocho horas. Me levanto siete y media, ocho de la mañana, me preparo el mate y voy al estudio. Salgo al mediodía para comer, duermo la siesta y vuelvo al estudio. Asomo la cabeza cada tanto, me tomo unos mates con la familia, y vuelvo al estudio.
Cómo funciona La Beriso
-¿La Beriso es una cooperativa?
-Los temas son míos. Derecho de autor. Después es una banda. No está fácil vivir de la música -«música» lo adivinamos porque sigue con hambre-. Hay que hacer shows. Spotify y YouTube te hacen llegar al mundo, pero te hacen llegar pobres. Nosotros tenemos millones de visitas y eso sólo es una ilusión.
-¿Ya sos un Youtuber?
-Jajaja, parecemos unos viejos hablando de cosas que no entendemos. Yo del streaming, nada. Lo único que sé es que tenés que tocar en estadios para ganar más o menos bien.
-¿El hecho de haber empezado una carrera solista es un signo de preocupación para tus compañeros de La Beriso?
–Yo soy casi un solista con banda. Es así. El que figura soy yo, pero algunas de mis canciones no irían para La Beriso. Igual les muestro el material y si alguno considera que tal tema estaría bueno para La Beriso, va a La Beriso. Compongo sin parar porque uno tiene mucho tiempo libre, no estoy todo el tiempo de gira, me levanto temprano y soy de llevar una vida normal.

-Javier Milei utilizó canciones tuyas para musicalizar hasta sus reuniones de gabinete.
-¿Y?
-¿Tenés contacto con los músicos clásicos tipo Fito Páez o Andrés Calamaro?
-Sí, tengo.
-¿Cómo se dio?
-Al principio, el más grande es quien se contacta con uno. A mí me mandó un mensaje un amigo y me dijo que Calamaro había posteado una foto mía. Cuando él tocó en el Cosquín, nosotros también estábamos ahí y en su camarín entró un solo músico: yo.
-A vos solo te invitó.
-No me invitó, me mandé porque soy fan. Me abrazó: “Un placer conocerte”. Además me dedicó una canción en el escenario. Un genio. Y conocí a Juanse, a Vicentico. A Charly no. Y de mi edad, yo tengo 53, me llevo bien con la gente de Las Pastillas y con los Guasones.
Sartorio parece hablar de la fama como si eso fuera algo que le sucede a los demás. Se lo comentamos con tierna curiosidad. “Es que yo no pertenezco. No hago bardo. Somos aburridos. No tenemos anécdotas para contar”.

-Entonces no podés ir a los streamings.
-Exactamente. Soy un embole.
-¿Tienen groupies?
-No, y si no te gusta, te vas. Las reglas nuestras son muy claras en la banda y el respeto vale más que la capacidad musical de cada uno.
-En las redes dicen que sos el reverso de Pato Fontanet.
-Tampoco tendría nada de malo, pero lo mío es Calamaro, Los Ratones. A mí me gusta mucho el ska, grupos como The Specials, Los Intocables, Los Cadillacs del comienzo. Por eso en mis discos solistas me permito hacer lo que se me canta. Todavía me falta hacer un ska, es una deuda pendiente. Yo siempre era de escribir historias, personales o no, pero historias. Ahora me está funcionando escribir cosas sueltas. Andrés Calamaro me lo recomendó: “Andá anotando frases, después las juntás y la historia se arma sola”.
Rolo Sartorio se presenta en formato solista el 1 de agosto en The Roxy Live. Allí mostrará su nuevo single Fuiste y algunas canciones de su próximo álbum Antifaz. Las entradas pueden conseguirse a través de AllAccess.