Como si en cada detalle ordinario encontrara una pieza digna de fascinación, Danilo Amerise Díaz, mejor conocido como Dano, se frena entre los escritorios de la redacción de Clarín para desviar su atención en un ejemplar impreso del diario. Lo toca, pasa las páginas con cuidado, casi con devoción. Una bufanda Burberry le cae sobre el icónico Polo Bear que lleva en su remera, acompañado por anteojos redondos oscuros y una gorra que reza “USA”. Su estética de rapero neoyorquino combina con una cadencia particular al hablar, casi rítmica. Como si llevara el rap en la sangre. De hecho, lleva mucho más.
«Soy muy afortunado de ser hijo y nieto de músicos. De pertenecer a una especie de legado«, confiesa con un tono híbrido, semi argentino, semi madrileño. Su abuelo materno fue Hugo Díaz, considerado como uno de los mejores armonicistas de la historia en la Argentina.
Aunque Dano no lo conoció en vida, sí creció bajo el ala de quien cumplió esa función de patriarca en la familia: Domingo Cura, histórico bombista de folclore, casado con la hermana de Hugo. «Si escuchás un tema de Mercedes Sosa y suena un bombo, hay un ninety nine (99) por ciento de probabilidades de que sea él», define.
Y así como Domingo Cura murió sobre un reconocido escenario de la calle Corrientes a los 75 años, Dano fantasea en entrevistas con la idea de hacer música hasta el último suspiro: «Mi abuelo murió tocando. Hizo plof y se cayó«. La pasión familiar por el arte también la heredó de su abuela Victoria, a quien la define como una «verdadera leyenda que aportó mucho en las peñas de Buenos Aires».
Pero el linaje no termina en el folclore. Su madre es Mavi Díaz, vocalista fundadora de Viuda e Hijas de Roque Enroll, banda que revolucionó los ’80. «Fueron uno de los primeros grupos de mujeres en el país. Tenían letras muy heavys para la época. En la línea de Los Twist, buscaban la sátira dentro de la situación horrible que vivía el país, con un mensaje fuertísimo», reflexiona.
Por la rama paterna, Roberto Amerise, su papá, es un destacado bajista e investigador de la salsa. Y la frutilla del postre de su crianza musical fue su padrastro, Gonzalo «Gonzo» Palacios, saxofonista que grabó con Soda Stereo y tocó con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. «Ahora, con lo del Indio, que descanse en paz, escucho sonar a mi viejo (así le dice) en casi cualquier contexto», dice.
«Supongo que el rap fue la música de mi generación», responde ante la pregunta de cómo toda esa historia desembocó en un rapero. A días de volver a su hogar en Madrid, Dano reafirmó su peso para la escena en Argentina con un show agotado en el Complejo Art Media con invitados como Duki, Bhavi, Mir Nicolás, Ergo Pro y CeroUnno. Sin embargo, en la intimidad de la charla, admite que probablemente el 80% de la gente que lo endiosa en ese ambiente, no tiene ni idea de quiénes son sus familiares.

El Hip-Hop a través de EE.UU.
Su camino estuvo marcado por el desarraigo. Nació en Buenos Aires, cruzó a las islas Canarias, en España, en el 9’5, emigró a Inglaterra hasta el ’97, volvió a Canarias y aterrizó definitivamente en Madrid en los albores del 2000. Fue justamente en una escuela británica donde le hicieron la pregunta que forjaría su identidad: «‘¿Eres raver o rapper?’ Yo no sabía lo que era una rave (fiesta de música electrónica), así que dije: ‘supongo que soy rapero'», recuerda.

Si bien su familia es recordada por el folclore, en su casa sonaba «mucha música negra«. Su abuela era «una loca del jazz» y su madre lo educó escuchando gospel y grupos como Take 6 desde temprana edad. Información que derivó rápidamente al hip hop de Nueva York, donde considera que están todas sus influencias en la materia. Ante la obligación de armar un top 3 histórico, no duda: Biggie, Nas y Jay-Z.
Dano tiene una visión «casi científica» sobre la lírica del rap. «Es un trabajo de arquitectura, de construir una catedral con el idioma, pero nunca se cuenta eso afuera del rapeo. Tiene que haber un equilibrio entre la técnica y el contenido. Los mejores de la historia, los Biggie, los Redman, siempre tienen ambas cosas. Yo no te voy a decir si lo logré, eso lo dirá el público, pero trabajo todos los días para eso«.

Cuando llegó a Madrid en los 2000 conoció a quienes después formarían el colectivo Ziontifik. Antes de que existiera el freestyle de estadio, él y sus amigos rapeaban en los parques y entrenaban. Por eso, cuando Red Bull organizó la primera Batalla de los Gallos de la historia en España en 2005, lo llamaron para participar.
«Yo en mi mente decía ‘los voy a matar a todos’, porque creía que nosotros éramos los únicos que hacíamos eso. Fuimos con nuestra ganga, como maleantes, a hacer ruido pero no los dejaron pasar».
El alienígena que vio nacer el trap argentino

A pesar de vivir a miles de kilómetros, Dano funcionó como «una especie de alienígena que descendía a la Tierra para atestiguar momentos históricos del trap argentino». La culpa de su primer desembarco la tuvo Alejo, un adolescente que en ese entonces tenía 15 años y todavía no era reconocido internacionalmente como Ysy A.
Fascinado por «ese gallego que rapeaba sobre Buenos Aires», Alejo, que organizaba eventos de rap antes de crear el fenómeno de El Quinto Escalón, le quemó el cerebro a sus conocidos para traer a Dano por primera vez al país. La cita fue en el bar Gier, con apenas 200 personas. «Él había descubierto mi música y la quería compartir. Obligó a esa gente a estar ahí. Por eso estoy eternamente agradecido a Alejo. La gente no es consciente de la importancia que tiene en todo lo que generó culturalmente siendo menor de edad», afirma.
En el público de esa noche se encontraba un joven Duki, quien en poco tiempo se convertiría en un verdadero amigo para Dano. Años después, arriba del escenario del Art Media, la estrella de trap recordó ese show con emoción: «Vino este alienígena, sacó al sonidista, se acomodó todo solo y cuando lo vi rapear American Hustle con los brazos abierto decidí que tenía que dejar las batallas y hacer música. Ese día me cambiaste la vida. Te debo eso», dijo Duki desde el escenario.

Dano fue invitado como telonero para la primera gira de Duki en España, donde compartió comidas con Guillermo, el padre del artista, que todavía hoy recuerda esos viajes porque «podían caminar por la calle sin que nadie los reconociera».
Esa hermandad personal decantó en el estudio. Tienen dos canciones juntos. Una es Santo Grial, donde Dano se dio el lujo de grabar en Almagro -barrio que comparten- y cruzar a la «estrella máxima del movimiento» con Mir Nicolás, «un emblema del underground». La otra es Notorio, un tema originado en España durante las sesiones de Ameri. Como el track quedó afuera del disco de Duki, Dano lo rescató para él.

Hay una postal que Dano guarda con especial cariño. Cuando viajó a Buenos Aires para editar a distancia un videoclip que había filmado para C. Tangana, paró varios días en un departamento de Caballito, a pocas cuadras de la mítica «Mansión» donde se gestaba la primera camada del trap argentino. Ahí vio «todos chiquitos» a quienes después serían estrellas y referentes.
De producir a Lali a grabar con BoriRock

Dano es beatmaker, productor, director audiovisual y, quizás su faceta más exclusiva, un vocal coach y arreglista de élite. Su talento lo llevó a trabajar en videoclips de C. Tangana, el «disco R&B» de Cazzu y, en uno de sus cruces más inesperados, con Lali Espósito. Dano fue una pieza clave en la arquitectura de Disciplina y Diva.
«Me hablaron de que Lali estaba en una transición sonora y dije ‘esta es la mía'», cuenta. En el estudio, aportó la estética house de los 90, los guiños a la cultura ballroom y aplicó la rigurosidad matemática de su escuela hip hop. «Le dije: ‘Yo quiero que rimen todas las sílabas‘. Que el día de mañana alguien diga ‘mirá la hija de puta, hace rimar todo'».

Esa obsesión por la métrica multisilábica que le imprimió a Lali es la misma forma en la que él respira sus propias barras. Para Dano, «con el rap se han hecho cosas que jamás se habían logrado en la historia del idioma castellano«. Por eso, se codea con los número uno de la industria mainstream, pero también con artistas under que lo representan líricamente como CeroUnno, Mir Nicolás o H de Perra, con quienes lanzó el EP Tierras Raras.
Mientras adelanta detalles de su próximo trabajo como productor junto al rapero estadounidense BoriRock -con quien también rapea en algunas canciones- Dano se para como un veterano frente a la escena del género urbano en Argentina. Si bien la masividad la alcanzó a partir de su álbum Istmo, hace unos siete años, su carrera acaricia las dos décadas de existencia. «Me acuerdo del primer show. De todo. Para mí esto es, no sé, Mirtha Legrand, ¿entendés? Largo».
