Abril 2026

Un sentido homenaje a Luis Brandoni en la sala donde actuó por última vez

Todo esto se le ocurrió al empresario teatral Carlos Rottemberg, quien días atrás había escrito una carta abierta por el fallecimiento de su amigo Luis Brandoni. Casi medio siglo de relación, a partir del estreno de un espectáculo, decía. Desde entonces -agregó- compartieron un camino que nunca se interrumpió, incluidos esos últimos días en los que pudo visitarlo en el sanatorio.

Rottemberg te cuenta cosas desopilantes de Brandoni. Sus manías, eso que tenía de vestirse completo para desayunar, aún estando solo en su casa. No se permitía el pijama y era de leer el diario solamente en papel. Le enojaban mucho las redes sociales y se ponía chinchudo con facilidad.

Murió el 20 de abril a los 86 años Brandoni. El encargado de comunicar la noticia fue el propio Rottemberg: «Con Beto se va el último primer actor de una generación inolvidable. Impulsor del teatro nacional. Seguiremos aplaudiendo su compromiso permanente, que excedió el ámbito del escenario. Hoy es un día muy triste para la cultura«.

A dos semanas del fallecimiento, el gran actor nacional tuvo su primer homenaje público. La convocatoria se anunció a través de la cuenta oficial en X del Teatro Multitabaris, la sala donde Brandoni trabajó -junto a Soledad Silveyra– hasta pocos días antes de morir. Ambos encabezaban la temporada teatral con ¿Quién es quién?.

Soledad Silveyra estaba visiblemente emocionada.

“Desde el primer instante de su muerte, sentí que debía realizarle este primer homenaje en el lugar que siempre eligió y defendió tanto: el teatro”, dijo el empresario teatral.

Quiénes estuvieron

Estuvieron familiares, amigos, colegas y periodistas. La ceremonia, para nada solemne, empezó a las seis de la tarde y se hizo en la planta baja. Y de parado. En el hall se descubrió una placa recordatoria. Los escalones oficiaban de pequeño escenario.

Carlos Rottemberg contó que está escribiendo un libro sobre sus 50 años con el teatro y que, enterado, Beto le informó -«Beto daba ordenes»- que él iba a escribir el prólogo. Eso hizo y se lo mandó el 3 de abril, a días de su muerte.

Amigos y familiares, junto a la placa en honor a Beto Brandoni.

Gerardo Romano, uno de los protagonistas junto a Ana María Picchio de la obra El secreto, que en un gesto de solidaridad, se había trasladado este verano a la temporada marplatense, con el objetivo de permitir que Brandoni y Silveyra contaran con un escenario en la ciudad de Buenos Aires (el del Multitabarís), para que Beto no debiera trasladarse, recordó largamente esa anécdota.

Solita subió las escaleras visiblemente conmovida. Agarró el micrófono y contó sus últimos momentos con quien considera «un verdadero maestro». Dijo que su muerte fue «la piña más grande que me pegó mi trayectoria. Cayó Beto y empezamos a caernos».

La Picchio, pelo blanco muy Sex and the City, espléndida, aprovechó su momento para decir que ha llegado a ver obras de Brandoni «12 veces». Romano, con look de camping, contó que lo había conocido cuando Beto lo llamó para un proyecto en 1978. «En esa época la gente era chupada por Falcons verdes y él tuvo la valentía de ayudar a salir del país, eso lo recuerdo yo, a Tato Pavlovsky y a Susana Torres Molina, que habían sido amenazados»

Ana María Picchio y Gerardo Romano habían tenido el gesto solidario de otorgar la sala donde iban a actuar para que Beto no viajara a hacer temporada en Mar del Plata.

Con toda la voz en el micrófono, gritó: «¡¡Luis Brandoni presente!! ¡¡Viva la Patria!!»

Después subieron Saula Benavente, su última pareja, y algunos familiares. Circularon anécdotas graciosas y más obsesiones de un hombre hecho de rituales. «La función teatral no terminaba con la obra. Sí o sí había que ir a cenar», cerró la mujer con una sonrisa

Duró media hora. Se descubrió la placa donde se lee que este teatro fue el «último escenario de una carrera excepcional».

Roberto Antier y Héctor Cavallero, presentes, los mismo que Nora Cárpena, entre muchos..

Un adiós repentino

Lo de Brandoni sonó repentino. Un día estaba actuando y a los pocos días estaba internado en terapia intensiva por una caída doméstica que le provocó un hematoma cerebral. Nunca pudo recuperarse.

«Con Brandoni -dijo Diego Peretti– se fue el último representante de una generación de actores brillantes. El último de los mohicanos de una generación dorada. Tuve la suerte enorme de trabajar con él, era un actor impresionante y muy buen compañero en escena».

Brandoni funcionaba como ejemplo de algo que uno no sabría muy bien cómo explicar. Podía ser ejemplo de permanencia: trabajó activamente de su profesión durante más de 60 años. Además tenía opinión propia, ideas, convicciones. Nada poco para una sola persona.

Luis Brandoni y Betiana Blum en

Lo curioso era su manera de mantener la vigencia en un país acostumbrado a tratar mal a sus viejos. La vida era eso que le iba pasando entre una película y otra. Su insistente producción de contenido para las cámaras, más que un actor, lo volvieron un símbolo de la actuación.

Tuvo un recorrido que se vio interrumpió cuando estuvo prohibido y amenazado por la Triple A. Dirigió la otra triple A (Asociación Argentina de Actores). “El actor no tiene seguridad, ni siquiera tiene un trabajo estable”, decía este hombre repleto de interpretación.

“La peor época mía fue durante la dictadura, donde no podíamos hacer esto que estamos haciendo ahora: no se podían hacer reportajes, no se nos podía nombrar en los diarios, salvo en las críticas; no podíamos salir por radio, no podíamos hacer televisión (…) Creían que era comunista. Yo participaba activamente del gremio de Actores”.

La idea del homenaje era que hablara Soledad Silveyra, porque ella fue la última actriz con la que compartió escenario. También Saula Benavente, su pareja de los último años. En ese contexto de calidez y palabras que fluían se destapó la placa tributo.

La convocatoria se había participado por redes sociales: «Primer homenaje a Luis Brandoni. Invitamos a un encuentro de familia, amigos, colegas y periodismo, a realizarse en el lugar que siempre eligió, el teatro, último escenario de una carrera excepcional».

El paso de Luis Brandoni por el cine argentino estuvo plagado de éxitos. La Tregua, de Sergio Renán, fue la primera candidata al Oscar por nuestro país a la mejor película extranjera. En La Patagonia rebelde, de Héctor Olivera, interpretó a un empleado rural y gremialista. Tras el exilio, su regreso fue nada menos que con Darse cuenta, de Alejandro Doria.

El tiempo le dio una popularidad definitiva con Esperando la carroza, interpretando a uno de los hijos de Mamá Cora, el personaje de Antonio Gasalla. Otros títulos: Hay unos tipos abajo, Seré cualquier cosa pero te quiero y Made in Argentina, con su esposa Marta Bianchi. También Cien veces no debo, donde hacía del padre que gritaba a los cuatro vientos “le inflaron el bombo”, cuando se enteraba que su hija (Andrea del Boca) había quedado embarazada.

Había nacido el 18 de abril de 1940 en Dock Sud como Adalberto Luis Brandoni. Por siempre Beto.

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