Max Gazzè llegó por primera vez a la Argentina para participar de los festejos por el 80° aniversario de la República Italiana. El reconocido cantautor romano se presentará este viernes a las 18.30 en el Teatro Coliseo junto al Ensamble Sin Fin, en un espectáculo que propone un encuentro entre las tradiciones musicales de Italia y la Argentina.
Con una carrera de casi tres décadas, Gazzè es una de las figuras más singulares de la escena italiana. Es compositor, cantante y ocasionalmente actor. Construyó una obra que combina canciones populares con búsquedas experimentales y proyectos que cruzan el pop, el rock y la música sinfónica.
En los últimos años, además, desarrolló Musicae Loci, una iniciativa que busca rescatar las identidades sonoras de distintos territorios a través de la colaboración con músicos locales y el uso de instrumentos tradicionales.
En una charla con Clarín, habló de su debut en el país, de su defensa de la música interpretada en vivo por sobre las producciones generadas por computadora y del impacto que la inteligencia artificial está teniendo en la industria musical.

-¿Es tu primera vez en la Argentina?
-Sí, es mi primera vez en Argentina y estoy muy feliz. No veía la hora de llegar y de vivir esta experiencia en una tierra donde la música tiene una identidad muy fuerte. En Italia se vive el reflejo de toda la cultura musical argentina. No sólo del tango, sino también de sus influencias. En la Argentina, hay músicos increíbles, extraordinarios. De excelencia.
-¿Cómo nació la idea de venir?
-Fue una propuesta que me hizo mi manager, que ya lo había hecho con Carmen Consoli. Me propuso lo mismo y me gustó la idea de festejar la Fiesta de la República acá en Argentina junto al Ensamble Sin Fin.

-De hecho el evento se presenta como «De Italia a Buenos Aires, una música que viaja entre territorios».
-Exactamente. Es algo que comencé a hacer hace tres años como experimento, con el fin de proteger, salvaguardar y promover la identidad de la tradición musical italiana. Me gustaba la idea de combatir el aquietamiento de la música relacionada con todos los softwares, que hacen que la música tenga toda el mismo ritmo. Quiero, de cualquier modo, llevar al escenario algo totalmente auténtico. Esto significa no utilizar secuencias previas generadas con la computadora y hacer todo con músicos. Los músicos merecen una atención, no pueden ser anulados. No tengo nada en contra de la música electrónica, pero para que pueda haber una coexistencia de las distintas expresiones, hay que promover lo que es la identidad de los lugares.
El desembarco en la Argentina
-¿Por qué decidiste sumarte al Ensamble Sin Fin?
-Yo en realidad les agradezco que me hayan permitido compartir el escenario con ellos. Son músicos extraordinarios. Apenas nos encontramos en los primeros ensayos, nos reconocimos y entendimos que somos de la misma pasta. Somos del mismo origen. Cuando empezamos a ensayar pensábamos dedicarle más tiempo, pero no fue necesario por lo bien que funcionó. Ya hicimos un ensayo general y quedó perfecto. La música es un lenguaje universal y te das cuenta en circunstancias como estas.

-¿Qué puede ofrecerle al público este encuentro musical ítalo- argentino?
-El escenario existe porque existe un público y, a su vez, el público existe porque hay un escenario. Para mí, no hay separaciones entre el escenario y el público, es un hecho único. Son una sola cosa. Lo que nosotros estamos haciendo en el escenario es llevar algo para dar alegría, emociones, encanto. Nuestra responsabilidad es la de generar, a través de la música un lenguaje que le indique a las células que vayan más allá de la capacidad analítica del cerebro. Transmitiremos a través de las canciones lo que está sucediendo en el platò.
-¿Cómo estás viviendo tu presente artístico?
-Acabo de hacer un álbum que se llama L`ornamento delle cose secondarie (El ornamento de las cosas secundarias, en español). Es un álbum que grabé, como dije antes, haciendo conciertos totalmente analógicos, sin el auxilio de instrumentos falsos. También usamos sintetizadores viejos de los ’70 y una frecuencia de referencia de entonación antigua. La que se usaba en Italia al comienzo del siglo pasado, de Giuseppe Verdi. Todos los instrumentos son afinados a 432 Hz (en vez del 440 habitual). Los hice construir para tocar en esa frecuencia. Es un disco muy suave, muy cálido. En este momento no quiero hacer música que vaya bien en la radio para tener éxito. Nunca fui forzado a hacer cosas que no quería hacer.
-En breve vas a arrancar la gira por Italia, que esta vez será por teatros…
-Sí. Cada teatro donde estaré lo convertiré en mi casa, por lo que cada persona que entre se sentirá especial. Decidí elegir teatros chicos, con 800, 900 lugares. En los lugares grandes se pierde la atmósfera de la oscuridad total, del silencio, de la música que va in crescendo. Las dinámicas cambian según el espacio. Serán teatros antiguos maravillosos.

-¿Qué esperas de nuestro público?
-Yo siempre soy muy escéptico con respecto a calificar al público. A veces, te dicen «si vas a Nápoles, el público será fervoroso» y, por el contrario, se dice que en el norte de Italia el público es frío. Yo creo que no es verdad. El público depende mucho del lugar, pero sobre todo de cómo está el artista en el escenario. Una vez toqué en medio de la montaña para gente que había caminado dos horas para llegar y el concierto tuvo una alegría increíble. Depende de la aceptación y de la cultura musical. Sé que acá, en la Argentina, hay una cultura musical muy fuerte, por eso estoy listo para todo. Si al público le gusta lo que hago, actuará en consecuencia.
-¿Hay algún artista argentino que conozcas, que lo consideres un referente?
-No conozco a ninguno, honestamente. No sé cuál es el panorama de los músicos argentinos hoy. En Italia, hay un reflejo de la música argentina, sin dudas. No puedo dejar de mencionar el valor universal de Astor Piazzolla.
-¿Cómo ves a la música italiana actual?
-Yo también me lo pregunto. No sé si estamos en la cima o en el fondo. No es solamente, en Italia, es a nivel mundial. La música está cambiando mucho. La intervención de la inteligencia artificial está moviendo las piezas. Estamos en un periodo de transformaciones. Hay personas que utilizando los nuevos softwares hacen cosas extraordinarias. Eso también me hace pensar por qué la gente necesita escuchar música auténtica, porque no confía en su procedencia. Pasa lo mismo en las redes sociales. Uno se pregunta si lo que ve es real o falso. Pienso que las naciones tienen que cuidar su cultura más allá de los partidos políticos para proteger la propia identidad cultural. Es el pueblo el encargado de cuidar y proteger el patrimonio cultural identitario.