Agosto 2026

Violeta Kreimer, la última argentina que ganó el Oscar por un filme en el que los besos se castigan con la muerte, y las cosas se pagan recibiendo cachetadas

Muchos creerán que los últimos argentinos en ganar un Oscar fueron Nicolás Giacobone y Armando Bo, coguionistas de Birdman, en la ceremonia de 2015. Pero no. Este año, el domingo 15 de marzo, así como Una batalla tras otra se llevó los Oscar más importantes, Violeta Kreimer se fue de la ceremonia en el Dolby Theatre en Hollywood con su propia estatuilla. Y es la única mujer argentina que tiene un Oscar en su casa.

Violeta, que nació en Vicente López y estudió en el Liceo Francés, produjo el cortometraje Deux personnes échangeant de la salive (Dos personas intercambiando saliva), que ganó ex aequo el Oscar en su rubro con The Singers, un corto que había adquirido… Netflix.

Violeta viajó desde Francia, donde está radicada, para estar en Buenos Aires, donde este jueves a las 18, y en el marco de una nueva edición del Festival La mujer y el cine, exhibirá el corto que tiene el récord de haber ganado en todos los certámenes o festivales allí donde compitió. Tiene 17 premios, y salvo en los premios César, que entrega la Academia de cine de Francia, allí donde estuvo en competencia, ganó.

Un beso lleva a la muerte

Dos personas intercambiando saliva transcurre en un futuro distópico, donde impera la violencia, al extremo que las personas pagan sus compras recibiendo cachetadas. No puede haber gestos de afecto, que están prohibidos y son castigados hasta con la muerte. ¿Qué pasará cuando una clienta de una tienda de lujo se enamore de una vendedora…?

Violeta Kreimer, con su estatuilla en marzo de este año. Fotos Archivo Clarín.

Los directores son una pareja de la vida real, Natalie Musteata, nacida en Rumania, y Alexandre Singh, afincados en Brooklyn.

Violeta habló en exclusiva con Clarín y adelantó que el cortometraje se transformará en un largometraje.

-¿Te sorprendió mucho ganar el Oscar? Cuando fuiste al Dolby Theatre, ¿estabas convencida que a lo mejor sí se podía ganar?

-El Oscar fue, primero, un laburo de seis meses, de redes sociales, de contactos y de networking. Es un laburo, la verdad que es un viaje. Para mí fue un proyecto en sí toda esa campaña, porque aparte había que buscar ideas, y teníamos enfrente en medio de la shortlist a The Singers, que son los que ganaron con nosotros, que lo compró Netflix. Un Oscar es un Oscar, ya sea para un cortometraje o un documental, entonces le ponen la misma garra económica que a cualquiera. Con lo cual cuando llegamos a Los Ángeles, había billboards de la película, todos conocían la otra película. Pero nosotros teníamos muy buena prensa. The New Yorker nos compró la peli, al principio de la campaña, lo cual nos dio mucha prensa intelectual.

-¿Qué aportaba “The New Yorker”?

-No es que aportaban dinero, pero aportaban mucha comunicación. Variety enseguida apoyó muchísimo la peli. Es que la película transmitía también mucho tema político y actual, tuvimos muchas maneras de hablar sobre la película.

El corto cuenta una historia de amor -prohibido en un futuro distópico-, y fue rodado en blanco y negro.

El apoyo de Isabelle Huppert, Julianne Moore y Jodie Foster

-¿Y cómo llega Isabelle Huppert a apoyarlos tan abiertamente?

-Mostramos mucho el corto, y a Isabelle le encanta la película cuando la ve en París, y medio de manera un poco salvaje, le propusimos que apoyara la película siendo productora ejecutiva, que en realidad es como una especie de label, una suerte de madrinazgo. Dijo que sí, y al mismo tiempo, Julianne Moore también ve la película, y pide a los directores de conocernos, y entonces tuvimos como sostén a estas madrinas de ensueño.

Y Jodie Foster ve la película en la plataforma de la Academia. Justo había rodado una película con Luàna Bajrami (Retrato de una mujer en llamas), que es la actriz que hace de Malaise en nuestro corto, Luàna le escribe, hacen un Zoom en el cual Jodie declara su amor a la película. Ahí nosotros decimos, si ganamos el Oscar, es la cereza del postre, pero con todo lo que teníamos ya estábamos contentas.

Violeta Kreimer, de vuelta en Buenos Aires. Se fue a Francia a los 20. Foto Malu Boru

-¿Y cuando fueron a la ceremonia…?

-Cuando fuimos, la verdad que por un lado sabíamos que teníamos mucha prensa a nuestro favor, pero que era muy difícil contra Singers. Uno no sabe quién vota para los cortometrajes. Mucha gente no vota, y Netflix tiene un alcance que nosotros no teníamos. Eso fue súper emocionante también, al haber ganado. Incluso para la idea de la votación en sí, el hecho de poder ganar, cada voto cuenta, para nosotros fue como una lección política de democracia.

-Tendrían que haber ido al ballotage, ya que fue un empate…

-Bueno, por suerte no hay, por suerte no hay…

-¿Por qué por suerte no hay? A lo mejor ganabas.

-A mí me pareció increíble que existiera esa posibilidad que se produzca un empate. Bueno, estaba buenísimo el ballotage, porque hubiese sido por otros temas, pero a los cortos no les dan mucha publicidad, y el hecho que haya habido un premio compartido, le dio una promoción a la peli increíble. Todo el mundo escuchó hablar de la peli.

Violeta cuenta que rodaron tanto que daba para un largometraje. Y ahora sí lo filmarán, desde octubre de 2027.

-Pero los cortos pasan un poco desapercibidos.

-Sí, sí, pasan desapercibidos. Además, no se sabe exactamente cuánta gente votó.

-Claro, no sabés si la votación fue 20 a 20, 500 a 500, porque los miembros de la Academia se tienen que anotar para ver los cortos previamente.

-Y para la preselección también, o sea, están obligado a ver 40 cortos, y después ver los 15 que pasan el primer corte de selección, y luego ver los 5 que quedan nominados.

El Oscar y un empate técnico

-¿Y cuando anunciaron que era un empate?

-Y, estás ahí, en directo, el tipo que te está hablando es un cómico (por Kumail Nanjiani), dice que es un empate. No, un empate no puede ser, pienso, entonces como que no entendí, entré en una especie de burbuja. ¿Es verdad? ¿No es verdad? Y yo mirando a los directores, que ellos habían entendido que era verdad, pero yo no. No fuimos a la ceremonia pensando que íbamos a ganar, sabíamos que estaba entre Singers y nosotros, pero sabíamos que era súper difícil.

Violeta Kreimer (a la izquierda) con las actrices y los directores recibiendo el Oscar, el 15 de marzo.

-Vamos a disfrutar, dijeron…

-Pase lo que pase, esta noche la disfrutamos, quizás esto sea una vez en la vida, y de pronto encima irte con la estatuilla, es increíble, es increíble.

Nada de estudiar cine

-¿Vos cuánto hace que te fuiste de la Argentina?

-Hace 23 años, a los 20. Y me fui para terminar mis estudios.

-¿Estudios de qué? ¿De cine, de producción?

-No, yo estudié Ciencias Políticas en la Universidad Di Tella, y Di Tella me propuso hacer un doble diploma con la Universidad de Sciences Po, en París, que es como una súper universidad a la cual siempre había soñado ir en algún intercambio o algo así. Yo podía seguir a distancia la Di Tella y terminar en Sciences Po, haciendo una propuesta de máster en Management de la Cultura y de los Medios. Tengo esa formación, que venía más de Ciencias Políticas, y terminé con ese máster.

Violeta no estudió cine, sino Ciencias políticas...

-¿Y cuándo empezaste a trabajar en cine, propiamente dicho?

-No hace mucho. Empecé trabajando en arte y en foto, estuve 11 años trabajando en producción de exposiciones y en espacio público, de esculturas, y sobre todo dirigí durante bastante tiempo el taller de un artista contemporáneo en Francia, un artista pluridisciplinario, que se llama Xavier Veilhan. Era un taller en el que que éramos unos 5 fijos, pero trabajábamos con un grupo de entre 20 y 50 personas en función de los proyectos, e hicimos videos, exposiciones, instalaciones en espacio público, y terminamos haciendo el pabellón francés en la Bienal de Venecia.

Ese fue como el momento cúlmine de nuestra colaboración, y a partir de ahí yo ya sabía que tenía ganas de cambiar, de armar mi propio proyecto, y un tiempo antes conocí, por la escuela de mis hijas, a la que es hoy mi socia (la italiana Valentina Merli), que trabajaba en una distribuidora de cine muy conocida en Francia. Yo estaba siempre muy cinéfila y muy ligada al cine -mi marido es cineasta-, pero sin trabajar en el cine. Así que hace seis años montamos esta empresa, Misia Films, llamada así en homenaje a la polaca Misia Sert, que fue mecenas y que generaba contactos, que entonces mezclaba a Cocteau con Chanel. Y nos lanzamos.

Las actrices Vicky Krieps y Luàna Bajrami, los directores Alexandre Singh y Natalie Musteata y las productoras Valentina Merli y Violeta Kreimer.

Su marido es el francés Edouard Deluc, cuyo corto más conocido ¿Dónde está Kim Basinger? es una coproducción con la Argentina, y que vino aquí a rodar el largo Mariage a Mendoza (Casamiento en Mendoza) «que en realidad se filmó en Salta», cuenta divertida.

La repercusión tras el Oscar

-Estás viviendo en Francia. ¿Qué repercusión tuvo el corto después del Oscar?

-Es como que llegamos a un momento cúlmine con el Oscar, y tuvimos mucha repercusión de prensa con los directores, pero después tratamos de dejar la difusión masiva, porque estamos preparando el largometraje. El corto se vendió también en aviones, que para un cortometraje… Y sigue viajando a festivales. Estoy feliz de la vida que la peli pueda estar en Buenos Aires.

-Muchos cortometrajes a veces terminan de una forma, y decís “Uy, terminó acá”, y es porque es el germen de un largometraje… ¿Va a continuar lo que yo vi como final, o ése es el final y vamos a ver más cosas entremedio?

-Lo que vamos a desarrollar más es el universo del corto, en el sentido de este mundo tiránico, absurdo, que también sabemos que no es tan absurdo respecto a la realidad, pero en el cual el consumo está ligado a la violencia, y la ternura y el deseo están prohibidos. Se van a desarrollar muchos más personajes secundarios, pero va a seguir siendo una historia de amor. La idea es que sea un cuento y una tragedia que es bastante simple, pero desarrollando mucho este universo.

Isabelle Huppert vio el corto, le encantó y le propusieron que lo apoyara como productora ejecutiva.

-¿Lo van a rodar en blanco y negro también, o van a saltar al color?

-Por ahora en blanco y negro. En realidad, el blanco y negro se impuso bastante por un tema del espacio principal del rodaje, es un lugar que está sobre cargado de colores, y la idea es volver a la parte más arquitectónica del espacio, y estar más concentrados en los personajes, en las caras de las actrices. Como que había mucha polución visual.

Y también nos permite, creo, dar un paso al costado y decir, bueno, no sé en qué momento pasa, no sé quiénes son éstas, no sé si es en mi mundo o en otro. Me parece que el blanco y negro sigue funcionando bien con lo que queremos transmitir.

-En las plataformas por lo general no están muy de acuerdo en adquirir películas en blanco y negro, ¿o la van a producir ustedes por su cuenta y va a tener una salida en salas de cine?

-Va a ir los cines, tenemos un coproductor francés, muy instalado. Necesitábamos una fuerza, una potencia que nos acompañe para que las cosas fuesen más rápidas y estar más respaldadas económicamente. Y hay mucho interés también en productoras americanas, pero bueno, coproducir con los Estados Unidos es muy particular, Inglaterra también quiere subirse… Vamos a ver cuál será el mejor, y quizá plataformas se sumen al proyecto.

Ahora la historia va a crecer, con más personajes, pero la historia se mantendrá igual.

-O sea, va a estar hablada en francés.

-Sí. La idea es empezar el rodaje en octubre de 2027.

-¿Va a haber hombres en la película?

-Ja, es el proyecto. Sí, sí, va a haber hombres, va a haber marido, va a haber otro personaje.

Filmando de noche en una galería

La génesis del corto es curiosa. Violeta fundó su productora y al mes estalló la pandemia del COVID. Se las ingeniaron para hacer una serie de cortos con las Galerías Lafayette, «que tienen como una larga historia de mecenazgo, habían financiado muchos proyectos en los que yo había producido en arte, y fue como un match increíble».

Así que pusieron a filmar en los espacios vacíos de gente. La serie de cortos se llama By Night «y tenemos 11 películas, pero son todas películas muy chicas, muy experimentales, con poco dinero, siempre con una atención en particular a la arquitectura, a la música, a la experimentación. Nada comercial, la idea no era difundir el lugar, sino más que nada prestar el lugar y abrir puertas y colaboraciones».

Hay productoras estadounidenses e inglesas interesadas en participar en el nuevo proyecto.

«Así que les propusimos a las Galerías Lafayette rodar en el antiguo Virgin, en los Campos Elíseos, que es un megastore, que las Galerías Lafayette recuperaron. Todo partió del lugar. Les dijimos a los directores ‘queremos que escriban algo para ese lugar’, y ahí enseguida respondieron que iban a testear un poco cómo funciona, ‘porque no queremos hacer algo comercial’. Y ahí, de movida, Alexander dijo ‘entonces me gustaría hacer algo en el cual para pagar, a uno le pegan cachetadas’, y a partir de ahí surgió todo. Y pensaron en que, bueno, si vamos a normalizar un poco la violencia, también vamos a normalizar la ternura y el amor, entonces entre estas dos reglas que se implantaron, empezaron a escribir, muy rápido».

«El tema es que teníamos una ventana de tiempo para filmar, de noche -continúa Violeta-, en el que en general en las galerías de noche pasan cosas todo el tiempo, cambian los stands, hacen trabajos».

Violeta también produce largometrajes, como la opera prima de Lucila Mariani, Los días libres, que tuvo su premiere en el Festival de Locarno.

-¿Y cortometrajes?

-Y, sigo produciendo cortometrajes, porque la verdad que para mí es un lugar donde experimentar. Y, sobre todo si quiero seguir trabajando también con artistas que pasan al cine, es una manera de conocernos, de saber si están dispuestos a escribir. A mí me interesan muchas películas que tienen una cosa formal muy fuerte, pero quiero que sean películas accesibles en el sentido de que puedan tocar a un público muy diverso.

-¿Qué es lo que más te emociona de “Dos personas intercambiando saliva”?

-Y, si bien la propuesta era fuerte, venía de gente que tiene como un mundo muy autorreferente, me parece que en el fondo -lo he visto, porque tuvimos premios del público en cantidad de festivales-, la película le toca a un montón de públicos. Es ese mix que sigo buscando, hice muchas películas que no lo tienen, y que me encantan, pero sigo buscando. En el cortometraje me permite ir, explorar, para ver si, para el paso al largo, tiene ese potencial. Pero los cortometrajes te cuestan el mismo tiempo que un largo, sobre todo éste.

Violeta está feliz de participar en el Festival La mujer y el cine. «Me emociona mucho estar aquí, por la historia, pero más allá de eso, es una película que tiene mucho que ver con la mujer y con lo femenino».

-Explayate.

-Primero, porque éramos muchísimas mujeres en el proyecto, técnicamente, producción, actrices, la codirectora: hay mucha presencia femenina en todo el equipo. No creo que fuera adrede, se dio, y fue algo muy fuerte. Y por otro lado, bueno, claramente es una historia de amor entre dos mujeres que va más allá de la sexualidad, porque es una cuestión de deseo, y me parece que la película transmite algo que no tiene que ver con el género, pero sí, como mi madre más psicoanalista me diría.

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